Hubo un tiempo en el que apareció por el lugar un pastorcillo con un rebaño de ovejas famélicas que hablaba de ellas como ovejas hermosas y con abundante lana. El pastorcillo tenía buena planta y fama de atrevido. Hablaba con todos los del pueblo y decía cosas interesantes. Hasta los viejos del lugar estaban entusiasmados con él. Se levantaba temprano y salía con su ganado hasta la pradera que pegaba al monte. Nadie sabía exactamente de dónde venía porque no era del pueblo, sin embargo, congenió con los lugareños. Un día llegó alguien de un pueblo cercano y al verle por allí avisó a los caporales de aquella tranquila villa de que el pastorcillo había estado antes en su pueblo y que no era muy de fiar porque decía mentiras. La gente del pueblo no le dio crédito, aunque hablaron con el pastorcillo para que pudiera explicarse, dado que las acusaciones eran graves. Un día por la mañana, los vecinos encontraron el pueblo lleno de cartelitos donde el pastorcillo anunciaba un discurso desde el balcón del ayuntamiento donde daría explicaciones a las acusaciones insolentes de las que había sido objeto. Aquello creó expectación y el domingo anunciado, la gente se fue agolpando en la plaza del pueblo para escucharle. Cada cual se llevó una silla de su casa por si el discurso se alargaba, ya que también decían que al muchacho le gustaba hablar y hablar y hablar. Desde luego esto sí había sido comprobado por muchos de los allí presentes.
Aquel día las ovejas se quedaron solas en la orilla del monte. Una temeridad. Alguno sospechó que le gustaba más el balcón del ayuntamiento que cuidar del rebaño.
El pastorcillo apareció en el balcón del ayuntamiento dos horas después de lo anunciado. Desde luego, cumplir con lo dicho no era su fuerte. Iba bien vestido y mejor peinado. Algunos no pudieron reconocerle. “Este no es el pastorcillo” -decían. “Sí que lo es. Lo que pasa es que se ha cambiado de camisa y de chaqueta. Normal” -aclaraban otros. Le había pedido al alcalde que pusiera en el balcón una mesita. Cuando llegó, dejó sobre la misma una enorme tripa de salchichón, un pan y una bota de vino. El público tuvo sentimientos divididos. Unos, porque pensaron que el discurso sería largo -como los del barbudo caribeño, que duraban hasta seis y siete horas; otros, contentos, porque pensaron que habría salchichón, pan y vino para todos. El pastorcillo, sonriente, altanero, comenzó.
“Ciudadanos de este pueblo y de los pueblos de al lado, en primer lugar, pido perdón de antemano por si hago guiños raros, pero, como veis, estoy de cara al sol y me molesta. Podía haberos convocado por la tarde, pero tuve miedo de que se nos echara la noche encima. (Varios ¡ofús! se escucharon entre la gente)
Mucho se ha dicho de mí y de mi rebaño y no todo han sido cosas buenas. Hoy estoy ante vosotros para aclarar las cosas. Quiero seguir por estos lares muchos años apacentando mi ganado”.
– ¿Dónde habrá aprendido a hablar así este pastorcillo? Tiene buen pico.
– Cuando llevas mucho tiempo con borregos, los discursos salen solos, no tienen mucho mérito.
“Ciudadanos de este pueblo y de los pueblos de al lado” -repitió.
– ¿Por qué no ha dicho ciudadanos y ciudadanas?
– Porque todavía no ha llegado la pastora lexicógrafa.
“Voy a referirme a todas mis acusaciones para dejar claras las cosas de una vez.
Avena loca. No soy hombre que pacte con el populismo. Ya sabéis, el populismo son los pueblos de al lado. El final del populismo es la pobreza, las cartillas de racionamiento, la falta de plática y, sobre todo, el que no haya salchichón, pan y vino para todos. Brezo. Diré no a quienes formen rebaños de ovejas negras para pagar menos perras. Ya sabéis lo que hice con mi Huerta. Y no porque uno se crea Duque se lo voy a permitir. Garbanzuelo. Que os quede muy claro, y cuando digo claro, quiero decir claro, que cuando crezca mi rebaño pondré en la puerta del ayuntamiento la lista de los amnistiados fiscales, vamos, los que no pagaron las perras que tenían que pagar. Bellota. La gente que me siga no podrá tener una offshore. (¿Eso qué es? -se preguntan en la plaza. Yo qué sé) Es, desde luego, un tema Espinosa, pero será así. Garrote. Con el porquero Otegui no iré ni a la vuelta de la esquina. Lumbre. Aquí digo públicamente que pongo las manos en el fuego por Chavesygriñán porque son honestos. Bueno, quería decir la mano, no las manos. Jaramago. Escuchadme bien, a Iglesias, ni la caseta del perro. No voy a vender mi alma a Loquemos con tal de ser el pastor de toda la pradera. Y, además, es que con la Iglesias hemos topado porque no podría conciliar el sueño con él. Hierbabuena. Lo ocurrido con los pastores de la pradera de ahí al lado el 1 de octubre es un acto muy grave de rebeldía y serán juzgados y castigados según las costumbres del lugar. Para que quede claro este asunto, se incorporarán a nuestros usos de reprimenda la figura de los referéndum a lo loco, que, por supuesto, son ilegales. Estamos hartos de pastores indeseables que quieren meter sus ovejas en todas las praderas, comerse lo que no es suyo y que le regalen la leche en polvo para las crías. Y añado, que aquellos que sean juzgados por el pueblo y condenados tendrán que cumplir las penas en el cuartillo de las ratas que hay en los bajos de este ayuntamiento y devolver el heno y la leche en polvo. Tomillo. Podéis creerme, amigos, esta es mi tesis: no me gusta decir que tengo méritos que son inexistentes, ni exhibir títulos que no me corresponden. Almoraduj. Lo estáis pensando. Pues sí, voy a traer atado de pies y manos al pastor prófugo que incendió la pradera con grave riesgo para todos nuestros campos y rebaños. Cantueso. Ha habido otros pastores, anteriores a mí, que decidieron cosas de la pradera común mediante leyes en secreto, para entendernos, decretos ley. Estoy decidido a que esto se acabe rotundamente. Conmigo, la ley será la ley, nada de secretos. Trébol. También pasó, antes que yo, un pastor que hizo una reforma sobre la manera de trabajar en la pradera. Esa reforma la barreré del mapa. ¿Está claro? Flor de jara pringosa. Amigos, yo no soy lo que han insinuado por ahí. No es no, nunca es nunca, falso es falso. Pero tened cuidado con la orilla del monte porque sigue habiendo lobos con piel de cordero que se comerán vuestro ganado”.
Y así estuvo toda la tarde, hablándole a los vecinos concentrados en la plaza del pueblo mientras trinchaba salchichón, pan y le daba un trinque, de vez en cuando, a la bota de vino. Detrás de él, en la sombra del interior se veían otras personas que disimuladamente asomaban la mano y cogían salchichón. “Bueno, digo yo, aquí el único que está comiendo es el pastorcillo charlatán ese” -se quejó un vecino. “Seguro que ahora bajará y nos dará algo” -añadió otro.
Margarita. Empezó a hacerse de noche. No se veía bien. Las cosas no quedaron del todo claras pero el pastorcillo no bajaba del balcón del ayuntamiento. Parecía que le había cogido el gustillo. Un vecino bromista, mal encarado, un rufián, no se le ocurrió otra cosa que aullar: “¡Auuuuuuuuu!”. La gente, confundida y asustada, salió corriendo para sus casas dejando las sillas tiradas en la plaza como si de verdad hubieran visto al lobo.
Cuando sí parece no y no, sí, es que ni se quiso decir sí ni no. Son los fundamentos del pastorcillo mentiroso: enredar por sistema, negar si conviene, mentir si lo necesita. “¡Auuuuuuuuuu!”.






1 Comment
Es la mejor caricatura del nefasto pastorcillo que hoy pastorea en Moncloa-ca. La alusión al Cenicero Fidel me es cercana. Genial artículo. Saludos.