A las 5 horas de la madrugada del 11 de octubre de 2025, una llamada telefónica trasatlántica despertó a María Corina Machado en algún lugar ignoto de Venezuela, donde la líder de la oposición se resguarda de las ansias homicidas del narcodictador Nicolás Maduro. Christian Berg Harpviken le comunicó que el Comité Noruego del Nobel le había concedido el Premio de la Paz, “por su lucha para lograr una transición justa y pacífica a la democracia en Venezuela” y “por su incansable trabajo de promoción de los derechos democráticos para el pueblo venezolano”. El fallo no podía ser más contundente y oportuno: “Venezuela ha evolucionado de ser un país relativamente democrático y próspero a un Estado brutal y autoritario, que ahora sufre una crisis humanitaria y económica” y “la democracia depende de las personas que se niegan a permanecer en silencio y se atreven a dar un paso adelante a pesar de lo riesgos”. Corina es “una valiente y comprometida defensora de la paz, una mujer que mantiene viva la llama de la democracia en medio de una creciente oscuridad”, y constituye uno de los ejemplos más extraordinarios de coraje en América Latina en los últimos tiempos. “Machado ha sido una figura clave unificadora de una oposición política que alguna vez estuvo profundamente dividida, una oposición que encontró un terreno común en la demanda de elecciones libres y un Gobierno representativo”.
Antecedentes
Maduro fue fraudulentamente reelegido en 2019, pero no fue reconocido por la ONU, la OEA y más de 50 Estados, que consideraron presidente electo al candidato de la oposición Juan Guaidó. Cometieron, sin embargo, el error de no romper con el Gobierno de Maduro, que mantuvo todos los elementos del poder y practicó una represión feroz. Los Estados miembros de la UE, EEUU y otros países impusieron sanciones económicas a Venezuela, que afectaron muy adversamente a su economía y, para paliar esta situación, Maduro llegó en 2023 en Barbados a un acuerdo con la opositora Plataforma Unida para celebrar elecciones homologables a cambio del levantamiento de las sanciones. Logrado su propósito, el presidente venezolano incumplió sus promesas de liberalización. El Tribunal Supremo inhabilitó a Machado, que había logrado una aplastante victoria en las primarias, y a su sustituta Corina Yoris, por lo que la Plataforma recurrió a última hora al diplomático Edmundo González.
El régimen manipuló los registros electorales, restringió la participación de electores, dificultó la actuación de la oposición -muchos de cuyos líderes fueron encarcelados o tuvieron que exiliarse-, e impidió la presencia de observadores neutrales,
pero los venezolanos acudieron en masa a las urnas y ocho millones de ellos votaron a González frente a los tres millones que lo hicieron por Maduro. Pese a ello, el Consejo Nacional Electoral decidió que éste había ganado las elecciones con el 51.2% de los votos frente al 44.2% de su opositor, sin presentar prueba alguna de ello y sin publicar las actas de las elecciones, mientras que la oposición publicó el 83.5% de las mismas, que demostraban su arrolladora victoria, y el Grupo de Expertos de la ONU avaló la verosimilitud de dichas actas. No obstante, el TS refrendó la victoria de Maduro, pese a carecer de competencias electorales. El fiscal general, Tarik Saab, ordenó la detención de González por “usurpación de funciones” y éste tuvo que refugiarse en la Embajada española, donde fue sometido a una increíble operación de chantaje, realizada -bajo la sombra siniestra de José Luis Rodríguez Zapatero (ZP), – por los todopoderosos hermanos Rodríguez -Delcy, vicepresidenta del Gobierno, y Jorge, presidente de la Asamblea Nacional-, que obligaron bajo amenazas a González a reconocer el triunfo de Maduro y a exiliarse en Madrid, en la presencia y con la anuencia del embajador.
En enero de 2025, Corina fue detenida y torturada por el Gobierno. Tras su liberación, y “a pesar de las graves amenazas contra su vida –según el presidente del Comité Noruego, Jorgen Frydnes- ha permanecido en el país, una decisión que ha inspirado a millones de personas”. Para evitar una nueva detención pasó en agosto a la clandestinidad, desde donde ha liderado la oposición a la narco-dictadura de Maduro, que la ha calificado de “salvaje demonia”. Según Marisa Cruz, se convirtió en una luchadora por la democracia en Venezuela con todo lo que ello conllevaba: “jugarse el pellejo por los derechos humanos, por el fin de la arbitrariedad y el latrocinio del poder, por las urnas y por la libertad frente a un régimen corrupto, despiadado e ilegítimo”. La concesión del premio es un reconocimiento de la legitimidad de la oposición venezolana encabezada por Corina, pero al mismo tiempo supone -a juicio del profesor de la Academia Naval de EEUU, John Polga-Hecimovich- el reconocimiento de la ilegitimidad del Gobierno de Maduro.
Reacción de Corina
La primera reacción de Corina fue de sorpresa e incredulidad “!Dios mío, no me lo puedo creer!”. Como confesó a González, estaba en ”shock” y necesitaba a alguien que le diera un abrazo. Al instante reaccionó y, con humildad, aseveró que “no me lo gané, nos lo ganamos”, y reconoció que consideraba injusto que se personificara el premio alrededor de su figura, cuando había tantos presos políticos, 9 millones de exiliados y miles de asesinados. Esto es un logro para toda la sociedad y yo solo soy una persona, por lo que no lo merezco. “Aquí hay un país que ha dado la vida por la libertad. Es un reconocimiento a los venezolanos en el momento más importante de nuestra vida republicana”. Aceptó el premio en nombre del pueblo venezolano, que había luchado por su libertad con admirable coraje, dignidad, inteligencia y amor.
“Los venezolanos hemos sufrido 26 años de violencia y humillación a manos de una tiranía obsesionada con someter a los ciudadanos y quebrar el alma de la nación. La maquinaria de la opresión ha sido brutal y sistemática, caracterizada por detenciones, torturas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, que constituyen un crimen de lesa humanidad y terrorismo de Estado. Sin embargo, la respuesta del pueblo ha sido firme e indoblegable. Hemos forjado un movimiento cívico formidable, superando las barreras que el régimen construyó para dividirnos, y hemos unido a la nación en un anhelo poderoso: Paz y libertad”. Definió el premio como un impulso único que inyectaba energía y confianza a los venezolanos. Hizo un llamamiento para que la transición a la democracia se concretara de inmediato y expresó su convicción de que la libertad del país estaba muy cerca . “Venezuela será libre y ese logro propagará coraje y esperanza por todas las Américas”.
Corina expuso sus puntos de vista en sendas declaraciones a Joaquín Manso en “El Mundo” y a Javier Lafuente en ”El País”. Manifestó que era un día muy importante para los venezolanos. “Sentimos que efectivamente el mundo reconoce la gesta heroica de una sociedad que se ha enfrentado a un régimen criminal, perverso y sin escrúpulos, que ha destruido durante 26 años todas las instituciones y las familias venezolanas. Pero ha habido un pueblo valiente, organizado, que con enorme coraje y amor ha resistido. Estamos en el umbral de la libertad y esto es una inyección de energía, de respaldo y de apoyo en el momento más importante”. La esencia de este movimiento histórico inédito es la confianza en, y el amor a, la libertad, a la tierra y a la familia. “Yo siento que los pueblos de América Latina y de Europa están con nosotros. El pueblo español por encima de todos, con el que nos unen tantos lazos culturales e históricos, el idioma, la religión, tantos valores…”.
La líder de la oposición se ha mostrado esperanzada. “Nunca hemos estado tan cerca de la libertad como en este momento. Hemos intentado todo lo que está en nuestra Constitución para poder preservar las libertades y después recuperar la democracia, una vez que el régimen acabó con todas las instituciones y los derechos. Hemos protestado y nos han atropellado, atacado y agredido; hemos ido a elecciones, derrotamos al régimen y se robaron la elección. Hemos estado en múltiples procesos de negociación y el régimen ha incumplido su palabra. De modo que estamos en un momento en el que hemos entendido que la coordinación de fuerzas internas y externas frente a una estructura criminal permitirá que Venezuela pueda avanzar en la transición democrática, y estamos en el umbral de ello”. Reiteró que la libertad había que conquistarla y, frente a una tiranía como la de Maduro, se requería fuerza moral, espiritual y física. “Estamos frente a la posibilidad real de que Venezuela se libere y avance a una transición que va a ser ordenada, porque el 90% de la población así lo quiere”. Se mostró dispuesta a la negociación y señaló que Maduro deberá decidir si la toma o la deja, pero, en cualquier caso, va a salir con o sin negociación. Se le ha ofrecido una negociación para favorecer una transición con garantías, y ha optado por la violencia, pero ya no hay vuelta atrás. “Esto se acabó”.
El despliegue militar norteamericano en el Caribe ha puesto a Maduro entre la espada y la pared, y está aterrado ante posibilidad de que EEUU traslade su intervención armada en el Caribe a la tierra firme, tras conocerse la autorización de Trump a la CIA para que intervenga en territorio venezolano. Tan apurado se ha visto, que ha llegado a ofrecer -a través del enviado especial, Ric Grenell- los negocios del petróleo y del oro, así como el recorte de los contratos energéticos y mineros con Rusia y China, a cambio de mantenerle en el poder, como ha publicado “The New York Times”. Según Daniel Lozano, tanto en Washington como en Caracas se considera inminente el paso a la fase dos -como adelantó el propio Trump-, que incluirá acciones militares contra los narcotraficantes del Cártel de los Soles en el territorio de Venezuela. Un portavoz norteamericano ha declarado que, “aunque los ataques han sido de alcance limitado, las fuerzas de EEUU están listas para realizar actividades militares según sean necesarias”. El embajador venezolano, Samuel Moncada, ha advertido que “es racional pensar que a muy corto plazo se va a ejercer un ataque armado contra Venezuela, pues hay un asesino rondando por el Caribe”. De conformidad con una encuesta de la consultora Datos y Noticias, el 64% de los venezolanos de dentro y de fuera del país mantienen la esperanza de que la presión estadounidense provoque el derrocamiento del usurpador Maduro, y el 40% están a favor de una intervención armada estadounidense.
Reacciones en todo el mundo
La concesión del premio ha sido acogida con general satisfacción por todos los Gobiernos, salvo por los de Venezuela, EEUU y…España. Ha sido un bofetón a Maduro y a su narco-equipo, y los medios de comunicación, públicos o privados, no han podido hacerse eco de la noticia a causa de la feroz censura. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa ha denunciado la censura de cualquier información sobre la concesión del premio y la adopción de represalias contra los periodistas que han publicado la noticia, con presiones y sanciones, y directivas para impedir la cobertura del evento. Pero no se pueden poner puertas al campo y la noticia se ha expandido a hurtadillas por todo el país y ha sido recibida con enorme pero silente alborozo por la sociedad civil, aunque no haya podido exteriorizarlo por razones obvias. Como ha expresado Julio Borges, fundador de Primero Justicia, “para los venezolanos, este Nobel no es un premio, sino una reflexión moral. Después de años de represión, exilio y pobreza, el mundo ha reconocido que, detrás del caos, hay un pueblo que no se rindió. No solo se premia a una dirigente, sino a la dignidad colectiva de millones de personas que eligieron la vía pacífica, cuando la violencia parecía el único camino posible”.
En EEUU, la concesión ha hecho sangrar el ego herido de su presidente, que se consideraba merecedor indiscutible del premio. Según Trump, quizás se encuentre alguna razón para no dárselo pese a haber acabado con 8 guerras, pues -como ha afirmado con su habitual modestia- “no creo que nadie en la Historia haya resuelto tantas”. No buscaba el premio para sí mismo, sino para EEUU y no concedérselo era un gran insulto para su país. Y lo más curioso es que el “culpable” ha sido uno de sus más estrechos colaboradores, Marco Rubio, quien envió en agosto de 2024 al Comité del Nobel una carta en apoyo de Corina, en la que afirmaba que, “en nuestra labor como formuladores de políticas, que luchamos por la democracia y los derechos humanos frente a regímenes dictatoriales en el hemisferio occidental y más allá, rara vez hemos presenciado tanto coraje, altruismo y firme comprensión de la moralidad como en María Corina. Creemos que su liderazgo valiente y altruista, así como su inquebrantable dedicación a la búsqueda de la paz y de los ideales democráticos, la convierten en una candidata sumamente merecedora de este prestigioso premio. Sus esfuerzos no solo resaltan la urgente necesidad de solidaridad internacional frente al autoritarismo agresivo y expansivo, sino que también sirven como recordatorio del poder de la valentía individual en la búsqueda de la justicia. Su inquebrantable brújula moral y su compromiso con la paz democrática para su país y la región son un ejemplo para el mundo”. Trump nunca le perdonará que dijera eso sobre Corina y no sobre Donald. El responsable de Comunicación en la Casa Blanca, Steven Cheung, afirmó que el Comité del Nobel había demostrado que anteponía la política a la paz.
Según Pablo Suanzes, Corina era consciente de la presión del ego de Trump y de las negativas consecuencias de rivalizar con él o de eclipsarlo, y acudió a aliviar el orgullo herido del jerarca, al declarar que dedicaba el premio “al pueblo sufriente de Venezuela y al presidente Trump, por su apoyo decisivo a nuestra causa” , y añadió que ”hoy más que nunca, contamos con el presidente Trump y el pueblo de los EEUU”.
La noticia fue también acogida con alegría en Europa -Mertz ha celebrado la valentía de Machado en su lucha incansable por la libertad y el Estado de Derecho, y Macron ha afirmado que encarnaba la esperanza de todo un pueblo-, y en Iberoamérica, salvo en el entorno del Grupo de Puebla, como ha revelado el “sin comentarios” de la presidenta mejicana Claudia Sheinbaum, si bien algunos de sus miembros -como el colombiano Gustavo Petro- la han felicitado y expresado su esperanza de que la concesión del premio consiga el diálogo necesario para lograr la paz.
En el rechazo a la concesión han coincidido la extrema derecha y la extrema izquierda. Así, la Mesa Ecuménica -una plataforma de las iglesias evangélicas y metodistas- expresó su profunda perplejidad y descontento, porque, lejos de ser Machado una hacedora de paz, su figura estaba intrínsecamente vinculada a la confrontación. Su elección no era un reconocimiento a la paz, sino a una politización del premio, un insulto al pueblo venezolano -que anhelaba la paz verdadera-, y una traición a la memoria de los gigantes que habían portado con honor el Nobel de la Paz.
En la extrema izquierda española, Pablo Iglesias ha afirmado que para darle el Nobel de la Paz a Machado, que llevaba años intentando dar un golpe de Estado en su país, “se lo podían haber dado discretamente a Donald Trump o incluso a Adolf Hitler a título póstumo”. El comentario no puede ser más ruin y delata al personaje. Comparar a Machado con Hitler va -para Marisa Cruz- más allá de lo soportable. Y lo peor es que Sánchez parece emitir en la misma longitud de onda que su antiguo vicepresidente.
Las turbias relaciones del Gobierno de Sánchez con el de Maduro
Sánchez no acaba de encontrar su sitio en la farsa fraudulenta de Venezuela, pese a -o más bien por- seguir las directrices de su mentor ZP, el gran valedor de la tiranía bolivariana. Tras el fraude electoral de 2019, el Gobierno español reconoció a Juan Guaidó como presidente electo, pero Sánchez no lo recibió cuando visitó Madrid y lo dejó caer, mientras mantenía relaciones diplomáticas normales con el Gobierno de Maduro. Pese al monumental fraude de las elecciones de 2024, el Gobierno español no solo mantuvo sus relaciones con un Gobierno ilegal, sino que ofreció la sede de su embajada en Caracas, para que los hermanos Malasombra -Carlos Herrera dixit-chantajearan al vencedor de los comicios y le forzaron a que se exilara en España, y puso a su disposición una aeronave militar para quitarlo cuanto antes en medio.
Sánchez pretendió mantener una postura equidistante que favorecía a Maduro, cuando no era de recibo adoptar semejante actitud entre la democracia y la dictadura. Hizo caso omiso a la resolución del Congreso que instaba al reconocimiento de González y pidió a la cámara que reconociera la gran labor de mediación que estaba realizando ZP para tender puentes entre el Gobierno -ilegal- y la oposición vencedora en las elecciones, pero condenada a la cárcel, la clandestinidad o el exilio.
Se produjo luego el vergonzoso episodio -aún por explicar- del ejercicio de la levitación de Delcy Rodríguez sobre el territorio español, al atravesarlo -como un rayo de sol por el cristal-, sin pisarlo ni mancharlo, y respetando de esta sobrenatural manera la prohibición de la Unión Europea de entrar en el espacio comunitario. Así transitaron Delcy y sus maletas por un espacio ignoto, con la desinteresada colaboración de José Luis Ábalos, Fernando Grande-Marlaska, Víctor de Aldama, Koldo García y, en último término, el presidente del Gobierno, que dio su venia a la operación fantasma. Sánchez elogió en el Congreso la patriótica intervención de Ábalos, que -respetando la legalidad internacional- había evitado un incidente diplomático con Venezuela. A partir de ese momento, se debilitaron los contactos con la oposición y mejoraron de forma sensible las relaciones con el Gobierno venezolano bajo los auspicios de ZP, el embajador de Maduro en la sombra. Josep Borrell se quejaba cuando era ministro de que Sánchez hacía más caso a ZP que a él en la cuestión de Venezuela.
En esta coyuntura, se ha producido la concesión del Nobel de la Paz a Corina y Sánchez -a diferencia de los dirigentes democráticos del mundo occidental- ha mantenido un estruendoso silencio. Ante las insistentes preguntas de los periodistas sobre el motivo de su silencio, Sánchez recurrió como es habitual en él a la mentira, al decir que nunca se pronunciaba sobre el otorgamiento de estos premios. Solo minutos después, los medios de comunicación pusieron de manifiesto su embuste, al revelar que en ocasiones anteriores había felicitado a 6 premios Nobel de la Paz. Como le preguntó Carlos Alsina en una entrevista en Onda Cero, “¿Por qué nos mientes tanto, presidente?
Acto seguido, salieron en tromba a la palestra los incontables ministros para repetir como papagayos el débil argumentario de Moncloa, y solo uno de ellos se atrevió a felicitar públicamente a la ganadora del premio. Félix Bolaños aseguró que no le correspondía opinar sobre el fallo del Comité del Premio Nobel y recordó el intenso trabajo realizado por el Gobierno español para que Machado fuera liberada cuando estuvo en prisión. Margarita Robles -que, junto con Albares, envió un mensaje de felicitación a Corina de carácter privado a través de González- declaró que el premio iba más allá de las personas y que teníamos una importante apuesta por la paz en Gaza. –“¿Qué hora es?, manzanas traigo”-. Resulta curioso que el único ministro que ha expresado en publico en una entrevista con Alsina su satisfacción por el logro de Corina y calificado de dictadura al régimen de Maduro, haya sido el bulldog del PSOE Óscar Puente. Algo similar hizo Robles tiempo ha y tuvo que retractarse para evitar un incidente diplomático. Lo peor del caso es que, con su silencio, Sánchez ha arrastrado a Felipe VI a hacer lo mismo, probablemente contra su voluntad. Lo que no tiene sentido es que la Casa Real haya justificado ese silencio con el falaz argumento de que el Rey solo felicitaba a los premiados que fueran españoles, cuando lo hizo con el colombiano Juan Manuel Santos y el estadounidense Barack Obama.
Corina ha sido condescendiente con España al afirmar que fungía como interlocutor entre Europa y América Latina, pero que “lamentablemente, en estos últimos años, hemos visto cómo, mientras otros países europeos asumen posiciones muy firmes de defensa de esos valores, España, que sin lugar a duda habría podido tener un papel estelar, optó por no cumplir y por callar, y al final la historia juzgará”. Cuando Manso le preguntó cuánto había tenido que ver ZP en que España no hubiera estado en su sitio con Venezuela, Corina respondió: “En mi opinión mucho”. Y envió el siguiente mensaje: “La liberación de Venezuela va a traer la liberación de Cuba y de Nicaragua, […] pero también va a tener consecuencias en muchos otros países, incluida España”.
Julia Navarro se ha preguntado en ”Siglo XXI” cómo era posible que el Gobierno español no avalara la concesión del Nobel a Corina y se abstuviera de pronunciarse al respecto. Según David Mejía, cabe interpretar este silencio más como un gesto de resentimiento que de prudencia, y Sánchez tiene la obligación de explicar a los ciudadanos a qué se debía. No pronunciarse sobre el reconocimiento internacional a quien lidera la oposición al régimen dictatorial venezolano es fingir indiferencia ante una realidad que atraviesa nuestro debate político. Hay quien apunta que podría deberse a un escollo ideológico al ser Corina muy de derechas, pero este argumento no es válido. En una contienda binaria entre democracia y tiranía, la ideología es secundaria. “Mientras persista el silencio, persistirá la sospecha sobre la red de simpatías e intereses que vincula a la izquierda española con Maduro. Veinticuatro horas después, ya no nos preguntamos por qué el Gobierno guarda silencio sino, qué tiene que ocultar. Volvemos a pensar en Zapatero, en Ábalos, en Delcy y en las maletas de Barajas, e interpretamos que, si eligen este silencio tan incómodo, su posición ante Maduro es todavía más comprometida de lo que creíamos”.
Rafa Latorre se ha preguntado ¿qué le debe este Gobierno al régimen bolivariano? ¿Qué represalia teme por una mera cortesía? ¿Por qué este apaciguamiento vil se circunscribe únicamente a Venezuela? Las maniobras elusivas de los ministros cuando se les ha preguntado por la concesión del premio a Machado solo pueden responder a una orden directa y unívoca de Sánchez, pues son más estridentes que cualquier formalismo rápidamente despachado para felicitar a la ganadora. “Es verdad que nada, ni siquiera este silencio ominoso, será más grave que haber prestado la embajada española en Caracas para que los hermanos sacamantecas del régimen coaccionaran a un anciano para que firmara unas ruinosas capitulaciones”. La reacción del Gobierno ante el Nobel de la Paz ha sido deplorable, pero coherente.
Según “El País”, la concesión del premio a Machado es un gesto que reafirma la necesidad de respeto al Estado del Derecho, y la Comunidad internacional tiene ahora la responsabilidad de respaldar con hechos, y no solo con declaraciones, los mecanismos institucionales que permitan una salida democrática. Hay que confiar en que este merecido galardón se convierta en una oportunidad por reforzar la voz del pueblo venezolano, que reclama una salida institucional, pacífica y legítima”. Para Maite Rico, “no es cuestión de ideología, sino de humanidad. No puede haber un premio más merecido”.





