Aquí me tenéis de nuevo en el invernadero, llorando mis cuitas de jardinero…
Voy a comenzar a escribir en el diario y eso que aún me asalta la pena cuando evoco lo acontecido ayer tarde en el casoplón.
A eso del mediodía, la señora anunció la inminente llegada de un importante Ayatoláh del Irán, que llegaría a primera hora de la tarde para una reunión de negocios con el señor.
A partir de ese momento todo fue una locura.
A las cuatro y media de la tarde el jardín estaba convertido en un elegante y austero jardín de oriente con toda clase de té moruno y envuelto en un tenue olor a jazmín.
A las cinco de la tarde, hora taurina, asomó por la entrada Mahmud Al Morlakah, secretario particular del Ayatoláh y mano derecha de éste, que entró a continuación acompañado de un séquito de ayudantes que venían cargados con unas enormes maletas de piel de color negro.
Tomaron asiento en una elegante mesa de cedro junto al señor, mientras la señora dirigía todo el agasajo gastronómico desde la cocina, pues cuando vienen estos señores del turbante, las mujeres desaparecen como por arte de la magia de muchas miles de noches.
Al principio fue servido por el mayordomo un té de azahar que los invitados aceptaron encantados y la reunión transcurrió con toda la seriedad requerida por el evento.
La conversación transcurrió en inglés por exigencia del Ayatolá, así que el señor, que anda muy sobrado de cultura y saber hacer, abrió la conversación con un: » How, how, how…»
A lo que el Ayatoláh respondió: “Oh, Alláh!!! … What’s the matter with you…?”
Al parecer, el señor se había puesto un traductor simultáneo pero no terminaba de pillar la onda con el aparato, y de lo que quería decir a lo que decía, había algo más que un trecho.
Al final todo se arregló y el señor recuperó una buena conexión, con lo que la reunión transcurrió desde entonces en un ambiente distendido aunque con pocas risas, que esta gente se ríe muy poco.
Cuando ya estaban las conversaciones avanzadas y el asunto a punto de cerrarse, a todos los reunidos les comenzó a salir una especie de risa tonta que poco a poco fue dando paso a unas sonoras carcajadas cuando el Ayatolá se tiró a la fuente del jardín con turbante y todo…
Los demás miembros de la reunión le siguieron y la señora que presenció el inesperado espectáculo desde la ventana de la cocina, miró a tío Nike y le preguntó:
“¿TÚ NO HABRÁS TENIDO NADA QUE VER EN TODO ESTO, VERDAD…?”
Tío Nike entonces, con una sonrisa maléfica le espetó en su jerga:
“Yo solo ‘use en el té algo é mari·huana pá dar un oquito de alegria…»
Cuando la señora volvió a mirar a la fuente, divisó un espectáculo dantesco.
Mientras sonaba «El lago de los cisnes», el Ayatoláh, con tan sólo el turbante como única prenda, estaba saliendo de la fuente con una pose que parecía la Paulova .
Ya con la brisa de la tarde el Ayatoláh acabó volviendo en sí. Se vistió en silencio y tras ser consciente del gran espectáculo que había dado, abandonó el casoplón mientras gritaba en perfecto sevillano:
«JOROBAOOOO, ME VIÁ CAGÁ EN LA LESHE CÁS, MAMÁO…»
Y es que resulta que su bisabuelo había nacido en Triana… (¡Ahí es ná!)
Respecto a las maletas que trajeron y no se llevaron, hemos podido saber que una contenía una manta eléctrica y media docena de calzoncillos, mientras que en otra había un pijama de franela y unas babuchas de lunares…
(Eso nos han dicho los señores, aunque no sé yo qué pensar con lo mentirosos que son.)
En fin… Hasta otro momento de desahogo…





