Aquí me tenéis de nuevo, dispuesto a escribir mi diario desde el invernadero.
Ayer, si os digo la verdad, no solté una carcajada porque me jugaba los garbanzos, pero… juzguen ustedes mismos.
Ayer sobre las seis de la tarde, la señora anunció la visita de dos amigas personales de ella: Manoli “La Gastaporras” y Paqui “la Limpiasables”.
A servidor le sorprendieron tales nombres pero en cuanto aparecieron lo entendí todo.
Según me contó Antonio, el pinche de cocina, muy dado él a visitar locales de alterne, ambas eran Madame en dos casas de niñas de lujo: Le Papillon Chaud y el Tanguita Rosa.
Ambas se presentaron a tomar un aperitivo sobre las siete de la tarde y fueron recibidas por la señora con bastante seriedad, todo hay que decirlo…
Tras tomar asiento en el jardín y pedir sendos Tía María, que según ellas es muy bueno para la resaca, la señora les preguntó:
«A ver: ¿Por qué me habéis pedido una cita con tanta urgencia?…»
A lo que respondió Manoli Gastaporras:
«Pues mira, niña, sin rodeos: nos ha llegado una noticia que nos tiene muy preocupadas a ésta y a mí, de que vas a dirigir una orden a las comunidades autónomas para cerrar los puticlubs, por no sé qué coño de prevenir la extensión de la pandemia… ¿Es eso cierto?»
La señora, muy digna en su papel de ministra, contestó:
«Aunque no tengo por costumbre hablar de trabajo fuera del ministerio… así es…»
Paqui Limpiasables intervino entonces muy airada:
«¡Cómo se nota que tú eeeeres una pu- pu- pu.. .udiente!»
La señora entonces, transformada en una auténtica corralera y perdidos ya del todo sus impostados modales, se arrancó por un griterío:
«OYEEEE… ¿TÚ QUÉ COÑO HAS QUERIDO DECIR, PUTA TARTAJA…?
RECUERDA QUE ESTÁS HABLANDO CON UNA EXCELENTÍSIMA SEÑORA MINISTRA, SO GOLFA»
Manoli Gastaporras se puso entonces en pie con los brazos en jarras y le dijo a la señora:
«OYE TÚ, BONITA, QUE AQUÍ NOS CONOCEMOS TODAS Y A LO QUE VENIMOS ES A PROPONERTE CONSTITUIR UNA COOPERATIVA…»
La señora, que para entonces ya estaba totalmente fuera de sí y con un ataque de prurito genital que le impedía dejar de rascarse, gritó:
“¡FUERA DE MI CASA, PINDONGAS, ORDINARIAAAASSS…!”
“Sí (dijo Manoli) nos vamos… ya no molestamos más… excelente señora… al menos por ahora… pero ya te puedes preparar para la que te vamos a montar todas juntas como tires p’alante con esa idea tuya de cerrar nuestros negocios.”
Y en esas estamos. Ya os contaré cualquier novedad… o lo que surja.
Hasta otro momento.





