Todo el mes de agosto me he estado aguantando las ganas de escribir sobre la salvajada que el alcalde de Sevilla ha ejecutado contra el ficus macrophylia del jardincillo frontero a la parroquia de San Jacinto del sevillano barrio de Triana. Recalco lo de sevillano porque al señor párroco no le parece que Triana sea de Sevilla y dijo que los que queríamos que el ficus no se arrancara éramos sevillanos, no trianeros y que los trianeros querían que el ficus desapareciera. Chovinismo parroquial trianero a parte el señor párroco no miente ya que las asociaciones vecinales trianeras llevan más de veinte años queriendo arrancar el ficus y el resto de los árboles del barrio.
Dejando el ficus de San Jacinto en manos del juez y en espera de que este lea el informe del radar de Tecnigral, S.L para indultar al árbol, la vida sigue y los destrozos de la memoria urbana de Sevilla también y en un alarde más de incultura este mes de agosto se han cargado el local de la Joyería Ruiz con una licencia para pintar y sanear el interior y el exterior del local diseñado por el arquitecto Ricardo Espiau y Suarez de la Viesca. La fachada del local, tras la denuncia del pintor Ricardo Suarez la han devuelto a su estado original pero del interior, que ha desaparecido, no se ha ocupado nadie y así, por dejadez, casi como en un abrir y cerrar de ojos, han ido desapareciendo del centro de la ciudad los pocos locales anteriores a esta era de mal gusto que nos invade. Otro día hablaré largo y tendido del imperante mal gusto que ahora llegan los barcos de Magallanes y Elcano y viene el Rey a recibirlos y a abrir la XXII Bienal de Flamenco entregándole el premio Giraldillo a Eva la Yerbabuena una bailaora que baila sin subterfugios, sin trampa ni cartón. La Bienal dura hasta el uno de octubre y ya veremos lo que trae en el saco de los cartones, de momento este año su cartel anunciador no da lugar a la crítica, más allá de tacharlo de tristón. Siempre es mejor una foto que un mal garabato de cualquier artista de ¨vanguardia¨.
Siguiendo con el flamenco y lo que agostó se llevó, no me puedo olvidar de la muerte de Manolo Sanlúcar, el genial guitarrista y compositor sanluqueño y también gran aficionado a la pintura.
Mientras escribo esto me llega la noticia de la muerte de la reina de Inglaterra, suceso que va a dar paso a su hijo Carlos, un personaje muy preocupado por la conservación de las ciudades antiguas. Ya veremos lo que da de sí el reinado de Carlos III de Inglaterra. Mientras tanto, necrológicas aparte, vuelvo a Sevilla y dejo pendiente para próximos artículos el hablar de la memoria perdida de la ciudad.


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