Hubo una excepcional deportista madrileña, muy popular en los años 80 y 90, campeona europea y mundial en la especialidad de Taekwondo, que me relataba en cierta ocasión cómo un día que se encontraba sacando dinero en un cajero automático se le acercaron dos muchachos por detrás con una navaja y la conminaron a entregarles todo el dinero.
La grandona y bella atleta, muy conocida en aquellos días por sus frecuentes apariciones televisivas, se giró en ese momento y los dos tipos, al reconocerla, se quedaron petrificados, con cara de asombro y el labio descolgado maldiciendo su mala suerte: «¡Ostras, tía, no jodas! ¿Tú no serás Coral Bistuer, verdad?…»
Dudaron un momento si pedirle disculpas o un autógrafo…, pero antes maldijeron su destino, su puñetero ojo clínico para el oficio de burlanga y salieron huyendo como almas perseguidas por un fantasma. La atractiva y simpática Coral se partía de la risa al recordarlo.
Y es que hay muchas maneras de cagarla. Una de ellas es meterte en política, por ejemplo en C’s, y acabar como ese concejal de Bormujos al que el alcalde, del PSOE, imputado por corrupto desde antes de las últimas elecciones, le colocó a su mujer en un despacho, como si el Ayuntamiento fuera su mandarinato.
Ahora, a punto de ser juzgado por prevaricación, el concejal de C’s, ni corto ni perezoso, trata de devolverle el beneficio oponiéndose en una moción de censura presentada por la oposición para salvarle el pellejo al prevaricador que privilegió a su señora.
Si la Justicia se impartiera con la suficiente rapidez, ya casi que podrían aprovechar el juicio oral al alcalde para juzgar también por prevaricación al concejal de C’s y apuntalar aún mejor los cargos contra él, enésimo en la lista de corruptos regidores andaluces socialistas, algunos de los cuales acumulan causas suficientes para internarse en Alcatraz una larga temporada.
Luego llegan unas elecciones y el corrupto socialismo nominal, que se derrumbó por eso mismo como fichas de dominó en Italia, Grecia, Francia y en casi todos los países de la UE, libera a conveniencia a los presos que les sirven a ellos para sus enjuagues, como es el caso de los Junqueras y demás golpistas, incluida la histérica cobarde Carmen Forcadell.
Está visto que el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente y el poder ejercido a tan largo plazo convierte el sistema en una papilla infecta, en un puchero de hongos apestoso y miserable que contagia a todo su entorno. El socialismo aquí es la otra epidemia.
No contentos con la obviedad de que la Generalidad de Cataluña ha excarcelado a una piara de sediciosos y golpistas de derechas y de izquierdas, la Fiscalía General, que no es del Estado, sino del Gobierno (confesión propia del narcisista Pedro Sánchez), la de Dolores Delgado, guarda el silencio cómplice que era de esperar, así que ya me dirán cuando esta gente logre al fin asaltar el CGPJ y el Tribunal Constitucional con sus hordas de sectarios.
No tardará demasiado en que nos tengamos que reír cuando mencionen la falta de algunos derechos y libertades durante la dictadura franquista, porque lo que tratan de imponernos llegará bastante más allá de una merma o una limitación, pues va camino de convertirse en una invasión y una extirpación completa de cerebros aprovechando el coronavirus y por la vía de la extorsión más completa: o te callas y proclamas lo guapos que son o no comes.
Con la vacuna ya no dejan elección y los principios del Derecho o de la simple legalidad se los pasan por el forro de sus sacrosantos intereses enunciados como universales: el cambio climático, el generismo, la agenda 2030, la «transición digital», el igualitarismo, la elección identitaria a capricho y por encima de la Ciencia, la memoria colectiva, que no existe, porque la memoria es individual o no es memoria sino propaganda, y tantas otras miserias, constituyen una biblia apócrifa de estupideces y ocurrencias sectarias convertidas en normas de obligado cumplimiento que dividen a todos en burbujas enfrentadas entre sí para tenernos distraídos y deconstruir hasta la Semana Santa.
Incluso C’s, el PP y VOX incurren con frecuencia en asumir parcial o íntegramente muchos de los discursos que son pura bazofia doctrinal indemostrada y fácilmente desmontables con sólo aplicar parámetros no emocionales ajenos a este comunismo líquido new age que hasta hace unos años disfrazaban de Era Acuario y que ahora aplican con todo el armamento del más puro realismo leninista para producir un escenario distópico orwelliano.
Lo dijera quien lo dijese (si es que alguien lo dijo), era cierto que los fascistas del futuro se llamarían a sí mismos antifascistas y la mera posibilidad de que la Academia Sueca de los Premios Nobel considere otorgar el de la Paz a los Black Lives Matter o a cualquier otra organización de delincuentes de este tipo, haría sonrojar de ingenuidad y bonhomía a Calígula en su tumba.
Aunque todo es posible, porque a uno de los presidentes más sanguinarios e inescrupulosos desde la guerra de Vietnam, como Barack Hussein Obama, le otorgaron ese galardón cuando ni siquiera había tomado posesión del cargo, algo de lo cual la Humanidad no ha podido aún recuperarse. Ciertamente asombroso el disparate.
Y todavía el tipo se atrevió, con la medalla en el cajón de su despacho, a incendiar el Mediterráneo, a generar varios Estados fallidos sin un propósito explicado en los que el caos y la masacre se han apoderado de la vida de millones de personas y a sustentar un plan diabólico de élites distantes que derroca democracias o las toma por asalto, incluso en su propio país. ¿En qué lugar del mundo generó paz alguna vez un plan de Obama? Es un gran misterio.
En el Foro de Davos, el casi octogenario Joe Biden, un don nadie aupado a la poltrona como un cristobita, que ya ha dado serias muestras de fallos cognitivos seniles, ha brillado por su ausencia y el presidente de la mayor industria del planeta, es decir, el Partido Comunista Chino, Xi Jinping, se ha enseñoreado como un señor feudal ante la gleba de Occidente para revelar al mundo el libro de instrucciones para el próximo futuro, que consiste en la implantación de un socialismo extremo que ya no distingue entre burgueses y proletarios, sino entre dirigentes y siervos, todo ello representado por el modelo de su propia maquinaria liberticida a la que todos los países tendrán que adaptarse para conformar un único perfil a imagen y semejanza del ejército de autómatas que se dejan esterilizar, vacunar, encarcelar, reeducar en campos de concentración o matar de hambre en nombre de un objetivo trazado por la élite dirigente.
Abróchense los cinturones porque estamos entrando en la Nueva Era Feudal: «¡Ostras, tío! ¿Tú no será Xi Jinping, verdad?…».
El comunismo es sólo una herramienta. Y no se cansa nunca. No huyas y enfréntate, la pelea será larga. ¡Quédate, burlanga!
He dicho.





