Sin duda, alguien ha debido avisarlo. Pues dicen que desde hace ya algún tiempo, un siniestro personaje –lo digo por su vestimenta toda de color negro, maletín en mano y un halo vaporoso que da canguelo- se encuentra inmóvil, casi como convertido en piedra, ante las mismísimas puertas del Palacio de la Moncloa.





