De la misma manera que el gobierno destina 50 millones de euros a un estudio piloto sobre la jornada laboral de cuatro días, ocurrencia hueca de un perfecto indocumentado como Íñigo Errejón, el mismo que adoctrinaba a su hueste a crear rendijas de piojos en asociaciones y peñas en las que refugiarse cuando llegaran tiempos electorales malos, digo yo que podrían destinarlos a un estudio parecido pero para que sobrara el trabajo a manta y tuviésemos que incentivar los natalicios y, en su caso, dar entrada a muchos inmigrantes legales.
Pero no, qué va, qué cosas se me ocurren… 50 millones es el 10% de lo que Alemania destina a crear una vacuna propia que le ahorre gastos, alcance para vacunar a su población y además genere riqueza. Pero aquí no se trata de avanzar y mejorar la vida de la gente, sino de adaptarse a la que se nos viene encima, que no tiene ni comparación con lo que ya tenemos en lo alto.
Será mucho peor y Errejón lo que propone es repartirse el hambre (entre nosotros, por supuesto, no entre ellos), de modo que si estás jodido como pensionista, espérate que te adapto y repartimos lo que te toca con los tíos de los coches de choque, que no montan sus cacharritos desde hace un año. Y a vosotros, peluqueros, os reducimos la jornada, que el empresario contrate a cuatro más y además lo crujimos a impuestos para cubrirle el lomo a los que llegan en patera.
Los hoteleros y los hosteleros están pagando a escote lo que por decreto les prohíben, que es el trabajo. Y digo yo que si te obligan a cerrar, va de suyo que el autónomo o el empresario no están obligados a pagar como si ejercieran, igual que si te mueres no estás obligado a pagar IRPF y si lo imponen por las bravas les pueden dar por saco y enviar inspectores de Hacienda al purgatorio o al infierno como diteros.
Dirán lo que les dé la gana, pero lo más demoledor y revolucionario de lo que llevamos visto de lo actuado por esta baraja de desalmados es la putrefacción entera del Derecho, no sólo del Derecho positivo, las leyes, sino de los principios y las mismas fuentes que permiten una interpretación ordenada y sistemática del ordenamiento, reventadas por entero las costuras de la seguridad jurídica.
Es una osadía y un revuelo que un vicepresidente segundo se permita el lujo de amagar con expropiaciones delincuentes (ya lo ha hecho siete veces y no cejará en su empeño) sin que el presidente del gobierno reaccione y lo mande al palo del gallinero a poner sus huevos en otra parte.
Cualquier estudiante de primero de carrera sabe que en nuestro país las fuentes formales del ordenamiento jurídico son la Ley, la costumbre y los principios generales del Derecho (Art 1.1 del Código Civil), por ese orden. Añádanle por detrás la jurisprudencia, la doctrina y todo aquello que derive de esto mismo, pero nada cabe si entre las fuentes que informan nuestro sistema admitimos «cualquier divagación que se le ocurra en su meninge a un nacionalista o a un revolucionario que colecciona posters de Quilapayún, por delirante o estúpida que sea y siempre y cuando Pedro Sánchez necesite su anuencia o sus votos para seguir usando el Falcon y los helicópteros que le vengan en gana».
Esto no es una fuente del Derecho, sino del despotismo bananero y del totalitarismo caribeño más perverso y endomingado. La discrecionalidad más absoluta, la arbitrariedad más caprichosa, el interés más particular y deleznable.
¿Y se extrañan de que El Rubius se marche a Andorra? Tengo dicho que no hay mejor remedio contra el comunismo que un premio gordo de La Primitiva o del Euromillón que le toque a uno de esta tropa.
Con semejantes credenciales puede gobernarse, aunque malamente, una patera caminito de Fuerteventura o de las costas de Chiclana, pero no un país embarrancado en la miseria y en una gestión nefasta que nos tiene con un plan anunciado en septiembre con 13.000 punto de vacunación, según declaró el Narciso por antonomasia en su día en el «Aló, presidente», pero sin vacunas y a menudo sin personal y hasta sin jeringuillas. Jeringados vamos.
Vivimos una pesadilla inexplicable en un país en el que hay gente que en las elecciones catalanas votará a un tipo como el ex ministro de Sanidad, al que timaban tanto en los mercados internacionales cuando buscaba test y mascarillas como nos timaba a todos (incluidos sus potenciales partidarios) adjudicando contratos de cientos de de millones de euros a empresas ilocalizables o directamente inexistentes de sus amigotes. O anunciando que las mascarillas no eran necesarias o la creación de un comité de expertos que luego reconoció que no existió nunca, etc. Y esto, ustedes me perdonarán, es como votar a un caníbal para que elija el menú de nuestro almuerzo.
Acabaremos a dentelladas, no lo olviden, a no ser que tanta peleíta entre los dos principales partidos de la oposición en realidad oculten un improbable giro de última hora del gobierno de Sánchez poco antes de las lejanas elecciones generales para establecer pactos de Estado con el PP y desprenderse de la garrapatosa necesidad de negociar con los rufianes que ahora le acompañan.
Es que si no, no me explico el interés de Casado y Abascal por enfundarse los guantes y liarse a tortas entre sí en mitad del ring, mientras los ominosos deliran con sus propias ocurrencias y vacían por completo la despensa.
He dicho.





