El personaje sobre el que os hablo esta semana fue muy importante en su momento para la Sevilla del siglo XVI, ciudad en auge, muy poblada y cosmopolita, que monopolizaba el comercio con las Indias (nombre con que se denominaba entonces a América), ya que, como asistente de dicha ciudad, realizó una serie de reformas urbanas por lo quedó inmortalizado en el recuerdo de la urbe rotulándose en el siglo XVIII la calle Ancha de San Lorenzo con su título nobiliario.
Francisco Zapata de Cisneros y Osorio, primer conde de Barajas, fue un noble y hombre de estado al servicio del rey Felipe II, insigne y preclaro, de gran lealtad, valor y prudencia, por lo que era apreciado y estimado por el monarca, que lo ocupó en varios cargos u oficios. Al parecer nació en Madrid hacia 1520, y era hijo de Juan Zapata Osorio, señor de Barajas, y de María Cisneros (sobrina del cardenal Cisneros). Pertenecía a una familia muy influyente de Madrid, poseedor de un importante mayorazgo, caballero de la orden de Santiago. Hacia 1548 y a lo largo de su vida política y cortesana desempeñó varios cargos relevantes. En sus posesiones de la villa de Barajas amplió y reformó su castillo transformándolo en un gran palacio rural, confortable y elegante, convirtiendo el foso en un espléndido y magnífico jardín, con fuentes y albercas, pero como finca de recreo, pues Zapata prefería residir en Madrid cerca de la corte ( allí habitó en otro palacio también de su propiedad que estaba situado en la actual plaza del conde de Barajas), sirviendo también de cárcel de la Corona para cortesanos caídos en desgracia ( en 1580 estuvo allí preso el duque de Alba, por unas desavenencias con el rey ). Además mandó construir el convento franciscano de Nuestra Señora de la Concepción, así como la iglesia parroquial de San Pedro. No se conocen los comienzos de su carrera cortesana aunque durante un tiempo regidor del cabildo municipal de Madrid, ya que Felipe II necesitaba personas afectas que apoyaran las decisiones regias. Comendador de la villa de Guadalcanal, medió en el conflicto de la Corona con el administrador de las minas de plata de dicha villa. A partir de entonces tuvo una carrera imparable al servicio del rey Felipe II, con una intensa dedicación, y siempre mantuvo una leal entrega a la Corona, por lo en todo momento gozó del favor regio, ya que Felipe II veía en él a un colaborador de total confianza. De 1567 a 1573 fue corregidor de Córdoba; allí, en 1568, al tener noticias del brote de peste bubónica existente en Sevilla, Zapata, como medida preventiva, mandó tapiar todas las puertas de Córdoba, excepto la puerta del Puente y la del Rincón, puestas bajo vigilancia con la orden de cerrarlas durante la noche e impedir que entrara alguien que pudiera parecer enfermo. En 1570, se celebraron Cortes Generales en la ciudad andaluza, asistiendo personalmente el rey Felipe II con motivo de la guerra de las Alpujarras ( rebelión morisca ), para llevar los asuntos de guerra más cerca del conflicto granadino, siendo el monarca recibido suntuosamente por Zapata, que había mandado construir la puerta del Puente para conmemorar la visita del monarca; embelleció la ciudad con magnificas fuentes jaspeadas ( la del Vizconde de Mendoza, la de la plaza del Salvador, la del Potro ), además ordenó realizar la alameda del Corregidor entre 1567 y 1571. Zapata, además, intervino de alguna manera en el escenario bélico de las Alpujarras, participando con un ejército en la pacificación del territorio y en la deportación de la población morisca al interior de Castilla. Al heredar el estado nobiliario de su padre en 1572, por sus méritos, recibió de Felipe II el título de conde, aparejado con la Grandeza de España. Además fue miembro del Consejo de Estado desde 1573, que también presidió.
De 1573 a 1579 Zapata fue nombrado capitán general y asistente de Sevilla, ciudad en la tuvo un mandato eficaz. A pesar de las muchas dificultades económicas existentes en el cabildo o ayuntamiento sevillano, consiguió los recursos necesarios para llevar a cabo una serie de reformas urbanas en Sevilla, y , tan pronto como tomó posesión del cargo, emprendió gran cantidad de mejoras y una acertada labor de obras públicas acorde con la importancia que tenía Sevilla en aquellos momentos, capital económica y marítima del imperio español, y la ciudad más rica del orbe (posiblemente recibiera instrucciones al respecto del rey Felipe II cuando éste visitó Sevilla en 1570, antes de la llegada a la ciudad de Zapata ), quedando en el reconocimiento y en la memoria del pueblo sevillano. Primeramente, liberó a la ciudad de la llamada Laguna de la Feria o de la Cañavería, que existía durante siglos, formada, al desviarse el curso del Guadalquivir, por un brazo del río que quedó sobre el antiguo cauce sin salida, y que se convirtió en un terreno u hondonada por debajo del nivel del agua que nunca acababa de cerrarse, ya que se llenaba bien como consecuencia de las lluvias, por las inundaciones del río Guadalquivir cuando crecía o por aguas residuales de las casas, porque los husillos drenaban mal, acumulándose el agua y quedando el estancada frecuentemente, siendo un sitio pantanoso, una charca de aguas muertas, lugar inhóspito, insalubre y pestilente, foco de muchas enfermedades infecciosas, ( peste, tifus, cólera,…) extendiéndose los malos olores y los insectos por toda Sevilla. Había quejas del vecindario ante el ayuntamiento y denuncias de médicos sobre las nefastas condiciones higiénicas que soportaban los sevillanos, por lo que las autoridades municipales se fueron concienciando y trataron de resolver el problema (como ocurrió con el conde de Barajas). Para acabar con las incomodidades que representaba la laguna para la salud pública, Francisco Zapata, conde de Barajas, decidió sanearla -ya tenía cierta experiencia, pues había llevado a cabo obras hidráulicas en Córdoba durante su mandato de corregidor allí- por lo que primero, realizó expropiaciones (entre las que estaban la parte del corral y del aposento bajo de la casa de Juan de Mal Lara, que fueron comprados a su viuda María Ojeda), ordenó hacer acequias en sus lodos por las que se fue achicando el agua y fue desaguando vertiéndose el agua en el río Guadalquivir a través de otra acequia que hacía de colector, y, una vez desecado totalmente el terreno, fue allanado y macizado, rellenándose de tierra y de escombros, recubriéndose de albero y embelleciéndolo formándose tres amplias calles y plantándose gran cantidad de especies vegetales, (olmos, cipreses, naranjos, etc.) y sobre todo numerosos álamos, ( de ahí el nombre de Alameda ), ya que el álamo es un árbol que crece rápido en zonas pantanosas, formando ocho hileras y dando lugar a un frondoso paseo o jardín. También ordenó Zapata colocar, a lo largo del paseo, tres fuentes labradas con jaspe y mármoles proyectadas por Asensio de Maeda, al principio, en el centro y al final, a las que llegaba el agua del manantial del Arzobispo y que servía para regar y para el consumo humano, agua que, al parecer, tenía propiedades medicinales. (Fuentes de Baco, de Neptuno y de las Ninfas, y una tercera de la que no se tienen noticias). Concluido este trabajo, Zapata nombró un alguacil de vigilancia y encomendó el riego y limpieza del lugar a los aguadores que recogían el agua de las fuentes para venderlas por la ciudad. Zapata mandó llevar allí, tras limpiarlas y restaurados los capiteles por Asensio de Maeda, dos grandes columnas romanas descubiertas en una calle próxima al Alcázar donde estaban abandonadas (columnas gemelas de las tres que se conservan en la actual calle Mármoles), procedentes quizás de un templo romano, que fueron colocadas al principio de la Alameda, asentándolas sobre dos pedestales de piedra. Se hicieron también dos pedestales para las estatuas que representaban a Hércules (legendario fundador de Sevilla) y a Julio César (benefactor de Sevilla, que la rodeó de murallas y le concedió el estatuto de colonia romana) que encargó al escultor Diego de Pesquera; además, dichas esculturas también representaban a los dos monarcas de la casa reinante entonces en España (Hércules representaba al rey Carlos I y Julio César a Felipe II). Esta obra duró aproximadamente desde 1574 hasta 1578, y la Alameda se convirtió en un hermoso paraje, el paseo más bello de la Europa de entonces, y en uno de los lugares públicos más significativos de Sevilla, sitio de reunión, de tertulias, de recreo, y para caminar frecuentado por la aristocracia y la burguesía del momento. A modo de curiosidad, parece ser que el rey Felipe II se interesó por este tema de la Laguna de la Feria, queriendo que se aplicasen de forma similar, debidamente adaptados, métodos de ingeniería para suelos inundados por aguas, ya fuesen de lluvia, mar o río, obras que ya había visto realizar durante su visita a los Países Bajos, y es posible que las trazas de urbanización de la Laguna se enviaran a Zapata desde Madrid para que las ejecutara (quizás el monarca pudo conocer in situ el terreno). Así mismo, respecto a las dos columnas que se trasladaron a la Alameda, debido a la estrechez de las calles sevillanas era complicado transportarlas desde su lugar de origen hasta la Alameda ya que no era posible llevar los fustes de las columnas tumbados, por lo que se ideó una técnica consistente en rodear cada columna por una torre de madera que arrastrada sobre rodillos por la fuerza de bueyes y de hombres se consiguió llevarlas intactas hasta la Alameda. Además de esta obra, gigantesca para aquel tiempo, Zapata también llevó a cabo otras reformas. Así, mandó restaurar y modificar las fachadas de algunas de las puertas de la ciudad de origen musulmán, algunas en estado ruinoso, eliminando los accesos en recodo y la barbacana : Osario, 1573,( de segundo orden, fue reconstruida por el deterioro que presentaba, no tenía ornamentación, y su nombre se debe, al parecer, a la existencia de un cementerio musulmán extramuros); Postigo del aceite, 1573( secundaria, reformada, y su nombre se debe a que por ella entraba en Sevilla el aceite, cobrándose un impuesto por ello, dando orden Zapata de colocar el escudo con las armas de la ciudad ); de la Carne, 1577,( puerta de las principales, de gran trasiego comercial, reformada totalmente, y por ella entraba en la ciudad la carne, cobrándose también un impuesto y colocándose en ella una lápida con inscripciones en latín en agradecimiento a Zapata por la reforma); Carmona, entre 1576 y 1578,( puerta también de las principales y de gran trasiego comercial, entraban por ella trigo, vino, y hortalizas sobre todo, cobrándose también un impuesto , de ella partía el antiguo camino que enlazaba Sevilla con Carmona y a ella llegaba el acueducto de los Caños de Carmona que transportaba el agua que desde allí se distribuía por la ciudad ; también se colocó una lápida con inscripciones en latín en agradecimiento por la reforma). De este modo les dio a las puertas más amplitud, carácter monumental y estético, sirviendo también de propaganda política. En 1573, Zapata, conde de Barajas, mandó colocar en el Postigo del Carbón un escudo con las armas reales, y, al parecer, en 1578 ordenó colocar encima de la puerta de Jerez una placa con una famosa inscripción sobre el origen de la ciudad y su muralla, que ahora se conserva colocada en el chaflán entre las calles de Maese Rodrigo y la Puerta de Jerez y que dice así: “ Hércules me edificó, Julio César me cercó de muros y torres altas, y el rey santo me ganó con Garci Pérez de Vargas “. También reparó las canalizaciones del manantial llamado Fuente del Arzobispo, que abastecía de agua potable a los vecinos de Sevilla, (junto con el acueducto de los Caños de Carmona) a los que llegaba a través de varias fuentes (que en aquella época no tenían carácter decorativo, sino funcional), reparó las murallas (que servían de muro de contención frente a las crecidas del río Guadalquivir para evitar inundaciones de la ciudad y barrera frente a posibles epidemias), y amplió sus rondas. En 1574 mandó sustituir el muelle de carga y descarga de mercancías que entraban en Sevilla por vía fluvial a través del río Guadalquivir, situado cerca de la puerta de San Juan, por otro de nueva construcción labrado junto a la Torre del Oro; ordenó hacer la fuente de Mercurio en 1576 (colocada en la plaza de San Francisco, enfrente del ayuntamiento, recién terminado de construir ); inició las obras de adaptación de tres naves de las Atarazanas para ubicar allí la Aduana en 1577, hubo un intento fallido de trasladar la Mancebía ( zona de la prostitución y de delincuencia ) del Arenal a otro lugar más alejado del centro, y un proyecto también fallido de construir un puente permanente sobre el Guadalquivir que uniera Sevilla con el arrabal de Triana, argumentando el coste anual de mantenimiento del puente de barcas de origen musulmán o el coste en vidas por las personas ahogadas.
Durante su gobierno como asistente de Sevilla, también ocurrieron otros hechos que merece la pena mencionar: En 1574 se donó el hospital de Nuestra Señora de la Paz a la orden de San Juan de Dios. El 26 de mayo de 1575 llegó a Sevilla Santa Teresa, fundando el convento de carmelitas descalzas de San José en la antigua calle de las Armas (actual Alfonso XII), trasladándolo poco después a la antigua calle de la Pajarería (actual Zaragoza), y unos años después de su muerte, San Juan de la Cruz lo trasladó a su actual emplazamiento en el barrio de Santa Cruz (conocido hoy como el de las Teresas) Hay que hacer mención a que Teresa de Jesús tuvo que comparecer dos veces ante el tribunal de la Inquisición acusada falsamente por bulos y calumnias, quedando absuelta, pidiendo por carta al rey Felipe II amparo para su reforma carmelitana y marchándose de Sevilla el 4 de junio de 1576. En 1577 se formaron compañías de milicias para marchar a Flandes, y en 1578 se edificó el corral–teatro de las Atarazanas (donde luego se construiría la Casa de la Moneda).
En 1580 intervino en la guerra de sucesión al trono de la corona del reino de Portugal, que estaba vacante en ese momento, con un ejército a favor del rey Felipe II. Como recompensa por los servicios prestados en Sevilla el monarca nombró a Zapata Mayordomo Mayor de la familia real en palacio y le concedió la presidencia del Consejo de Órdenes, simultaneando ambos cargos, hasta 1583 que fue nombrado presidente del Consejo supremo de Castilla, órgano fundamental de gobierno de la Monarquía, (en ese cargo proponía a Felipe II candidatos para proveer puestos en Justicia y en otros ramos de la administración), y en 1585, presidente de los Reales Consejos de Estado y de Guerra. Sin embargo, al parecer, tenía cierta oposición en la corte -algunos enemigos-, creándose una campaña de desprestigio contra él, ya que fue acusado de corrupción, así como de ambicioso e intrigante, extendiéndose la creencia de que daba mal ejemplo al príncipe y los infantes, y se le responsabilizó del mal funcionamiento de la justicia, sembrando descontento en el pueblo madrileño con objeto de influir en el rey Felipe para que le retirara su apoyo y lo destituyera, hasta tal punto que fray Diego de Chaves, confesor regio, se negó a dar la absolución al monarca mientras mantuviera en sus cargos a Zapata, al conde de Barajas. Éste, cansado y tal vez, agotado, renunció a todos sus cargos en 1592, y abandonó discretamente la corte, retirándose a sus posesiones de Barajas, falleciendo dos años después, el 20 de septiembre de 1594. Fue enterrado en la capilla mayor del convento de franciscanos descalzos de Nuestra Señora de la Concepción, fundado por él mismo en 1586.
Francisco de Zapata y Cisneros fue uno de los más destacados y reconocidos gobernantes de la época de Felipe II, y el asistente que más años estuvo al frente de este cargo en la segunda mitad del siglo XVI.
Se casó dos veces, hacia 1548 con María de Mendoza, hija de Juan Hurtado de Mendoza, primer conde de Coruña, con la que tuvo once hijos, y, tras enviudar, se casó con María de Cárdenas y Zúñiga, con la que no tuvo hijos.
De su descendencia merece destacar a dos de sus hijos: Diego Zapata, su sucesor, segundo conde de Barajas y mayordomo de Felipe III y de Felipe IV, y Antonio Zapata, cardenal y virrey de Nápoles.
Recibió herencia de su tío Jerónimo, el arcediano – una pequeña fortuna- y aunque los edificios que encargó en su villa de Barajas le ocasionaron cierto endeudamiento, que le obligó a pedir préstamos avalados con rentas de su señorío, procuró llevar a cabo una política matrimonial para sus herederos mediante el entronque con linajes nobiliarios bien acomodados, o conseguir cargos públicos bien remunerados.






2 Comments
Gran artículo. Muchas gracias. ¿Dónde se encuentra el retrato? Gracias y un saludo.
Muchas gracias Javier.Se encuentra en la casa consistorial del ayuntamiento,en la Plaza Nueva.En la galería alta.Un saludo