«Los indultos no cuestionan ni revocan la sentencia», obviamente, porque de lo contrario hoy les bastaría con seguir aplicando las leyes de desconexión aprobadas en contra de la Constitución y del criterio de los tribunales y sólo habrían estado en suspenso, a la espera de «la mano de nieve» que las vuelva a poner en marcha.
El ridículo de Sánchez no es el suyo, sino el de toda España, que ve arrastrada toda la solidez del Estado y de sus instituciones democráticas por la sucia charca de los sediciosos y los traidores en función de los intereses particulares de este gobierno. Es inimaginable una situación ni siquiera parecida en Francia, en Italia o en Alemania.
No hay ninguna explicación plausible para esta situación infame, máxime cuando el Gobierno ni el Estado han logrado pactar una salida digna a ninguna de las partes. No se trata ni siquiera de un acuerdo, que ya de por sí olería a chamuscado porque sólo busca perpetuarse en la insolvencia en la que vive, sino que el indulto consiste en un regalo caprichoso, un entreguismo sin condiciones, una rendición, una afrenta para las instituciones, una invasión napoleónica de camino a Portugal…; en definitiva, una traición a las leyes.
Sánchez tendrá que indultarse a sí mismo, porque ayer lo cosieron a puñaladas verbales a la entrada, a la salida y en el entreacto del Liceu, con esa alta burguesía catalana, sedicente desde tiempo inmemorial y sólo fiel a sus intereses económicos particulares, enconada en el latrocinio del pujolismo y en los asesinatos de Companys que proclama cada cierto tiempo la república independiente de sus mangancias y luego aplaude a Franco o al primer dictadorzuelo que le afloje las castañas.
Los provechos de esa alta burguesía catalufa en tiempos de la Regencia de María Cristina y con Alfonso XIII en la nevera de la edad exacerbaron los delirios del nacionalismo, pero en realidad la sedición ya estuvo presente en todos los procesos independentistas del criollaje hispanoamericano y por eso prefieren representar a España como un imperio opresor que les roba un diezmo inexistente.
Los diezmos catalufos duermen ahora en Andorra y los gestiona una tropa de delincuentes amamantados a los pechos de España, la madre nutricia de todas las iniquidades cometidas en su nombre bajo la falsa bandera de la estelada.
Una vez perdimos Cuba y Puerto Rico porque nos pillaban a trasmano y el naciente imperio norteamericano quiso desmontar en piezas los restos de aquella tiara obtenida con las hazañas de héroes legendarios, para lo cual fue necesaria la participación imprescindible de los industriales catalanes deseosos de administrar por su cuenta y riesgo los poderes del Estado.
El victimismo barato con el que trabajan y se atribuyen es arcaico, igual en todo al que patrocinan siempre las izquierdas revolucionarias, que identifican al opresor externo y se reservan el papel de oprimido para representar un teatro como de «lucha de clases», pero cuyas élites se reúnen en Liceu y devoran los ‘raons’ en familia con el cava más caro y reservado para esa pequeña aristocracia que en realidad adora comer calçots con los dedos porque no ha salido aún de la masía pueblerina en la que ejercen como ‘botiguers’ salvapatrias.
Sánchez no aspira a integrarse en esa tropa de caimanes para desmontar el mecanismo desde dentro, que sería una manera o una intentona desesperada de salvar la honra de España aunque fracasara en su ensayo delirante, sino que es apenas un mero artefacto dispuesto a entregar las alas o el motor en pleno vuelo, aunque olvida que sin alas ni motor el vuelo no es posible y caerá a plomo sobre nuestras cabezas.
Esto sólo puede acabar mal.
He dicho.






1 Comment
Gracias. Para llorar. De hecho, lloro.
Gracias, cada artículo es una lección de la historia de España que nunca me enseñaron, aunque algo conocía por otras lecturas y tertulias familiares.
Gracias, también aprendo castellano, riqueza semántica en vivo y a granel, con generosidad.