El 28 de febrero, EEUU -junto con Israel- bombardeó Irán de forma inesperada -aunque no tanto-, cuando estaban manteniendo negociaciones y parecía esbozarse un acuerdo sobre la política nuclear iraní. El ataque causó la muerte del líder supremo, Ali Jamenei, y de la cúpula del régimen militar: ministro de Defensa -Aziz Zadeh-, jefe del Estado Mayor -Abdulrahim Musavi-, jefe de la Guardia Revolucionaria -Mohamed Pakpur- y presidente del Consejo de Seguridad -Ali Shmmjani-. El Gobierno iraní reaccionó dos horas más tarde y envió misiles y drones contra Israel y los países del Golfo Arábico-Pérsico. Irán había ejercido hasta entonces la “paciencia estratégica” para no tener un enfrentamiento militar directo con EEUU e Israel, y atacaba a éste a través de terceros -sus tentáculos de Hizbollah en Líbano, Hamas en Palestina, y los Hutíes en Yemen-, y ahora ha de enfrentarse a un riesgo que califica de “existencial”, la supervivencia del régimen teocrático creado en 1979 por el ayatolá Rudollah Jomeini.
Antecedentes
Como consecuencia del asalto de la Embajada de EEUU en Teherán por esbirros iraníes en 1979, se rompieron las relaciones diplomáticas y de todo tipo entre este país e Irán, que fue sometido a un cerco político y económico. Tras su elección como presidente, Hasan Rohani trató de sacar a Irán de su aislamiento y abrió negociaciones con los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad y Alemania para tratar de resolver el candente problema de la política nuclear iraní. El 14 de julio de 2015 se firmó el Plan de Acción Integral Conjunto, por el que Irán aceptó disminuir sus reservas de uranio enriquecido y someterlas a la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica, a cambio de que se levantaran las sanciones económicas que pesaban sobre el país. El Acuerdo funcionó razonablemente bien hasta que, en 2018, Donald Trump lo denunció y EEUU restableció las sanciones, lo que indujo a Irán a incumplirlo, pese que los demás signatarios pretendían mantenerlo.
Trump acusó a su predecesor, Barak Obama, durante la campaña electoral, de su intención de atacar a Irán para cubrir su incapacidad negociadora. Ganó las elecciones al frente del movimiento “Make America Great Again” y se presentó como un presidente anti guerras y anti intervenciones, y EEUU dejaría de ser el policía del mundo. “Vamos a dejar de correr para derrocar regímenes extranjeros de los que no sabemos nada y con los que no deberíamos involucrarnos”. Una vez elegido, afirmó en 2016 que “No buscamos un cambio de régimen en Irán. Quiero dejarlo claro”.
Tras su reelección, Trump llegó al poder con el mismo mantra pacifista y dijo que expulsaría del Gobierno a los belicistas. “No voy a iniciar guerras, sino que voy a terminarlas”. En abril de 2025, se reiniciaron -a propuesta de Trump- negociaciones en Omán entre EEUU e Irán. Se celebró una segunda ronda en Italia en mayo y una tercera en Omán en junio, pero el 13 de ese mes, Israel bombardeó Irán y, días después, EEUU se sumó al ataque, en la “guerra de los 12 días”. Trump se jactó de haber destruido la capacidad nuclear iraní, aunque sus servicios secretos estimaron que tal no había sido el caso. El presidente iraní, Masud Pezeshkian, defendió ante la Asamblea General de la ONU el derecho de su país a desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos y criticó a los países que pedían la reanudación de las negociaciones sin haber condenado los ataques de junio. En octubre, EEUU se declaró dispuesto a lograr un acuerdo y el vicepresidente J.D. Vance señaló que su país prefería la opción diplomática, pero que todo dependía de lo que dijera e hiciera Irán. Las negociaciones se reanudaron en Omán en febrero de 2026, bajo la mediación de su ministro de Asuntos Exteriores, Badr al-Busaidi. La delegación estadounidense -presidida por el representante personal de Trump, Steve Witkoff- propuso el regreso a la tasa de enriquecimiento del 3.6% y la entrega de los 441 kgs de uranio enriquecido al 60% a un tercer país -como Turquía-, la reducción de producción de misiles balísticos, y la supresión del apoyo político y financiero a Hizbollah, Hamas y los Hutíes, pero Irán rechazó la propuesta. Según el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, se acercaron las posiciones y se lograron avances significativos en el expediente nuclear y en el alivio de las sanciones. Tal no era la opinión de Marco Rubio, que comentó que no estaba seguro de que se pudiera llegar a un acuerdo con aquellos tipos. Mientras Witkoff parecía ser partidario de la negociación, Rubio propugnaba la línea dura. El 17 de febrero Jamenei rechazó definitivamente la propuesta norteamericana, el 20 Trump dio un ultimátum de 10 días para que la aceptara, y el 28 se produjo el ataque, incluso antes de que venciera el plazo.
Según Gustavo Arístegui, Trump se dejó convencer para lanzar el ataque por Benjamin Netanyahu y el príncipe saudita Mohamed bin-Salman, quienes le advirtieron de que Irán les estaba engañándolo y tratando de prolongar las negociaciones con triquiñuelas, porque ya poseía uranio enriquecido al 83.7% y no tenía la menor intención de reducir su programa de misiles, ni de dejar de apoyar a sus ahijados terroristas en Líbano, Irak, Palestina o Yemen. No es que hiciera falta mucha presión, ya que -según el “Washington Post- ”EEUU tenía preparado el ataque con antelación de meses, como probaba la gran concentración de fuerzas aeronavales en la región.
Violación del Derecho Internacional y del Derecho interno
Los ataques de EEUU -y por supuesto de Israel- constituyen una flagrante infracción del Derecho Internacional, porque han violado la soberanía de un Estado sin estar amparados por el derecho a la legítima defensa individual o colectiva, ni contar con el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU. La última ocurrencia de Trump ha sido alegar la necesidad de atacar cautelarmente a Irán antes de que éste atacara a EEUU. Curiosamente, es el mismo falso argumento esgrimido por Vladímir Putin para invadir Ucrania. Aparte de que no fuera verdad que Irán fuera a atacar a EEUU -como que Ucrania fuera a atacar a Rusia-, no hay en la panoplia del Derecho Internacional ningún arma legal que permita una agresión armada a un país so pretexto de prevenir un supuesto ataque. En el caso paralelo que se cita al efecto -el ataque en 2003 de EEUU y varias naciones aliadas a Irak, ordenado por Georges Bush Jr. y el “trío de las Azores”, Durao Barroso incluido-, se contaba con el respaldo de una resolución del Consejo de Seguridad y la participación de 48 Estados.
Trump ha violado asimismo la Constitución de EEUU y sus normas de Derecho interno, porque ha iniciado una guerra sin contar con la preceptiva autorización del Congreso. No le valdrá recurrir al argumento de su cuate Putin -al fin y al cabo almas gemelas- de que se trataba de una simple “operación técnica”, de un ejercicio más en unas inofensivas maniobras, o un entrenamiento para un desfile militar. Volviendo al ataque de EEUU y Cia contra Irak, el denostado Bush recabó y obtuvo la requerida autorización del Congreso, aunque mintiera sobre el motivo del ataque: impedir que Sadam Husein pudiera utilizar unas armas de destrucción masiva que no poseía.
Es de destacar que ningún país -ni siquiera sus aliados más cercanos- ha justificado el ataque, pero aquí cabe hacer una distinción entre los bombardeos de EEUU e Israel y los ataques iraníes de represalia, no solo contra los atacantes, sino también contra terceros Estados que no habían intervenido en la operación, incluidos algunos países miembros de la Unión Europea -como Chipre- o de la OTAN -como Turquía-. La ilegalidad de los bombardeos del “dúo dinámico” Trump-Netanyahu, no justifica en modo alguno los ataques de Irán contra terceros Estados, y aquí es cuando desempeñan un adecuado papel los socios de EEUU en la OTAN, salvo España.
Un ejemplo de esta correcta actuación ha sido la Declaración Conjunta de Alemania, Francia y Gran Bretaña: “Tomaremos medidas para defender nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región, potencialmente con acciones defensivas, necesarias y proporcionadas, para destruir la capacidad de Irán de disparar misiles y drones desde su origen. Hemos acordado trabajar junto con Estados Unidos y los aliados en la región en esta materia”. Tras el ataque a la base británica de Akrotiri, varios países miembros de la UE -Alemania, Francia, Grecia, Bélgica, Países Bajos, Italia y, a regañadientes, España- han enviado buques y aeronaves a Chipre para ayudarle a hacer frente a otro posible ataque iraní. La UE ha hecho un inane llamamiento a la moderación, a la protección de los civiles y al pleno respeto del Derecho Internacional. La situación “no debe conducir a una escalada que pueda amenazar a Oriente Próximo, a Europa y a otras regiones, con consecuencias impredecibles también en el orden económico”. La Unión no ha estimado oportuno invocar el artículo 42-7 del Tratado de la Unión Europea, que establece el compromiso de los Estados miembros de acudir en ayuda de cualquier miembro que sea atacado -cláusula de defensa mutua-, entre otras razones porque la base atacada no pertenece a un Estado miembro. Por otra parte, Gran Bretaña y la inmensa mayoría de los Estados comunitarios -pero no España- han puesto sus bases al servicio de los buques y aeronaves estadounidenses, siempre que no se dediquen a actividades ofensivas contra Irán.
Reacción de España
Sería más adecuado hablar de “reacción de Sánchez”, porque el presidente no ha tenido a bien tratar de la grave situación reinante en Irán con las Cortes, la oposición o la opinión pública. Tras el ataque a Irán, el presidente participó en la Gala de los Goya -donde recuperó la pancarta del “No a la guerra”- y, al día siguiente, acudió a la inauguración del “Mobile Congress”. No ha informado a las Cortes, ni requerido la opinión a la Cámara donde radica la soberanía del pueblo español. Se ha limitado a publicar algunos twits personales en las redes de los tecno oligarcas y, 4 días después del inicio de la guerra, a hacer en la Moncloa una declaración en plasma, supuestamente institucional, sin presencia de periodistas, en el que se ha presentado como la némesis de Trump y ha mostrado su posición a contracorriente de la mantenida por sus socios de la UE y de la OTAN. Ha afirmado que “se puede estar en contra de un régimen odioso como el de Irán, y al mismo tiempo, contra una intervención injustificada. Los ataques unilaterales vulneran el Derecho Internacional y amenazan con extender la inestabilidad a escala global. Siempre hay espacio para una solución negociada”. Dijo que la posición del Gobierno de España era la misma que había mantenido en Ucrania o en Gaza y se resumía en cuatro palabras: “NO a la guerra”. Los Gobiernos estamos para aportar soluciones a los problemas no para empeorar la vida de la gente. “Es absolutamente inaceptable que aquellos dirigentes que son incapaces de cumplir con ese cometido usen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos, los de siempre. Los únicos que ganan cuando el mundo deja de construir hospitales para construir misiles”. Puro populismo ¿A quiénes se refiere? “Vamos a trabajar con nuestros aliados europeos en una respuesta coordinada y que pueda ser definitivamente eficaz”. Y para ello, ha adoptado la actitud contraria a la que sigue la mayoría de los países europeos.
El Gobierno de España está con quienes tiene que estar, con muchos otros Gobiernos que piensan como nosotros -¿Cuáles?-. Puede jugar un papel de puente entre países alineados con EEUU y otros críticos con la intervención militar, y reforzar su perfil diplomático impulsando iniciativas de desescalada. Esto no significaba una neutralidad equidistante, sino la búsqueda activa de estabilidad. Coherencia y firmeza en nuestras alianzas, pero defensa clara de los marcos multilaterales. En definitiva, un no alineamiento equidistante entre dos males: EEUU y los ayatolas. Pues no, España no puede guardar esa equidistancia, porque el régimen criminal iraní no merece ningún respeto ni consideración, y EEUU -aunque se haya equivocado al violar la legalidad internacional- es un socio de la OTAN. No se puede poner en pie de igualdad un régimen que masacra a pacíficos manifestantes -30.000 según “Time”-, detiene a mansalva -unos 50.000- y tortura a los detenidos, ahorca a los homosexuales y esclaviza a las mujeres y las asesina por llevar el velo mal puesto, y un Estado de Derecho en el que -pese al omnímodo poder de su autocrático presidente- sus tribunales ponen coto a sus desmanes. El líder de un Gobierno que presume de feminista ha afirmado que “las mujeres nunca deben ser coartadas para lanzar guerras”, pero ¿no es motivo suficiente intervenir para salvarlas de una grave opresión como en Irán?
Es ingenuo pensar que la solución es la violencia y que “practicar un seguidismo ciego y servil es una forma de liderar”. ¿Quiénes son estos pérfidos seguidistas y serviles? “No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y es contrario a nuestros valores e intereses, simplemente por el miedo a las represalias de alguno”. ¿Quién es ese innominado e innombrable “alguno”? ¿No será por un casual Trump? Y si lo es ¿por qué no lo nombra, él que es tan valiente y se ha erigido en su némesis? ¿Acaso le tiene miedo? Es para tenérselo, porque se ha despachado a gusto a su costa. Lo ha llamado “gorrón”, “insolidario”, “desleal” y aliado “terrible” y “hostil”, por ser el único miembro de la OTAN que se ha negado a elevar los gastos de defensa al 5% del PIB. Le ha indignado especialmente su negativa a autorizar a los buques y aeronaves de EEUU que participen en la guerra el uso de las bases de Rota y Morón, con el agravante de que lo permitió durante la “guerra de 12 días”, porque -según explicó en su día la ministra Margarita Robles- entraba dentro del ámbito del Convenio de Cooperación para la Defensa ¿Por qué entonces sí y ahora no? Varios aviones cisternas estacionados en las bases conjuntas han tenido que trasladarse a Gran Bretaña o Alemania, que -a diferencia de España- son serviles. Trump estima que esta decisión pone en riesgo la vida de los norteamericanos y ha pedido al secretario del Tesoro que rompa todos los lazos comerciales con España. Scott Bessent reiteró que cualquier cosa que ralentizara la capacidad para para gestionar la guerra de manera rápida y eficaz ponía en riesgo la vida de los estadounidenses y los españoles lo han hecho. Albares ha dicho que no había nada que temer, porque las relaciones comerciales se rigen por el Acuerdo entre la UE y EEUU, y su Gobierno contaba “con los recursos necesarios para contener posibles impactos, ayudar a los sectores que pudieran verse afectados y diversificar la cadena de suministros”, pero olvida que EEUU dispone de normas extraordinarias que aplicar cuando considere -como en este caso- que está en peligro la seguridad del país. Robles recibió al flamante embajador Benjamín León y, minutos después, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró que tenía entendido que el Gobierno español había acordado colaborar con el Ejército de EEUU. Respondió muy ofendido Albares que él era el ministro de Asuntos Exteriores y negaba de forma tajante que su Gobierno hubiera cambiado de opinión. Sin embargo, pese a que el Gobierno no había considerado necesario prestar ayuda a Chipre, Sánchez -tras una conversación telefónica con Emmanuel Macron- decidió mandar a la isla la fragata “Cristóbal Colón”, aunque no a la guerra, sino para escoltar al portaaviones “Charles De Gaulle” y hacer por el Mediterráneo un crucero de recreo. Sus domesticados socios de Sumar han aparcado por el momento el “No a la guerra” y apoyado el envío, mientras la izquierda a su izquierda sigue considerando a Sánchez como un “señor de la guerra” y Yone Belarra ha exigido a Sánchez la salida de la OTAN y el cierre de las bases de uso conjunto con EEUU. Pese a este pequeño paso adelante, Sánchez sigue con su actitud reticente con la colaboración europea, y no ha unido a España al Grupo constituido para materializar la propuesta de Macron de poner a disposición de sus socios de la UE su dispositivo nuclear, con el peregrino argumento de que nuestro país defiende el control y la reducción del arma nuclear ¿Al igual que Rusia?…
Reacciones ante la situación de la guerra
En EEUU la reacción ante los ataques a Irán ha sido negativa. Según los sondeos, solo el 27% de la población los aprueba, el 43% los rechazan y el 30% no tiene una posición decidida. Es curiosa la oposición del sector archi-trumpista del MAGA. Tucker Carlson los ha calificado de “absolutamente repugnantes y perversos”, la ex- congresista Marjorie Taylor-Greenha hablado de “traición”, y su sucesora Reagan Box ha afirmado que, “aunque los ayatolas sean atroces, cada vez que intentamos un cambio de régimen, especialmente en Oriente Próximo, lo que conseguimos es desestabilizarlo”. Trump ha actuado movido por motivos políticos ante las negativas perspectivas de las elecciones de medio mandato. Según Pol Morillas, las implicaciones del caso Epstein, los excesos de la policía de inmigración -Trump acaba de destituir a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem-, la inflación y la disminución de poder adquisitivo, y la pérdida de popularidad, han orientado el foco de Trump hacia el exterior en un intento de superar sus problemas internos y mejorar su posición electoral. “El América primero se ha convertido en antídoto al fracaso nacional”.
En el ámbito de la OTAN -salvo el baboso secretario general Mark Rutte, totalmente entregado a Trump-, los países no han respaldado los ataques a Irán, aunque sí han mostrado su apoyo indirecto, al oponerse a los ataques de represalia iraníes contra sus Estados miembros. Irán ha entrado en una desesperada e inexplicable reacción y atacado hasta a 13 naciones que no han participado en la agresión de EEUU-Israel para aumentar al máximo el conflicto, en la esperanza de que los afectados presionen a Washington para que paralice la guerra, pero no parece que hayan tenido éxito. El Consejo de Cooperación del Golfo ha declarado que tomará las medidas necesarias para defender la seguridad y la estabilidad de sus territorios, y responder a la agresión iraní. Rusia ha condenado el ataque calificándolo de “acto de agresión armada premeditado y no provocado”, para lo que está bien situado pues es una réplica de su agresión a Ucrania, pero no ha ido más allá de declaraciones poco comprometidas. China tampoco quiere involucrarse en el conflicto y está preocupada porque, al ser el principal receptor del petróleo iraní, va a ser quien más sufra por el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Como ha comentado Gorka Maneiro, no va a verter una lágrima por la muerte de Jamenei y su camarilla teocrática, y si la inmensa mayoría de las mujeres iraníes corren el riesgo mortal de salir a las calles o a los balcones para expresar su alegría ¿por qué no lo vamos a hacer nosotros? EEUU ha violado flagrantemente cualquier Derecho, pero, si no cuenta con circunstancias eximentes, si tiene atenuantes. Sin estimar que el fin justifique los medios, el fin de la intervención de derrocar el dictatorial régimen iraní era justo y razonable, y que se haya recurrido a ella puede haberse debido a que no existieran otros medios. El régimen de los ayatolás ha violado de forma sistemática y permanente el ordenamiento jurídico internacional y el interno, y recurrido a la violencia extrema y a la represión contra el pueblo iraní, sin que la Comunidad internacional haya hecho nada para remediarlo. Según Marian Efekharian, lo que inicialmente comenzó el 28 de diciembre de 2025 como una protesta espontánea en el bazar de Teherán contra la insoportable inflación -42%- y la devaluación dramática del rial fue solo la punta del iceberg, y se extendió por todo el país como protesta política y ansia de libertad. La represión brutal e inhumana del Gobierno causó una masacre de 30.000 muertos y 50.000 detenciones arbitrarias entre el 9 y 10 de enero, ante el silencio cómplice de la Comunidad internacional. “Sorprende sobremanera la indiferencia del Gobierno español ante este genocidio y su incapacidad para situarse en el lado correcto de la Historia […] Ante esta flagrante realidad de grave violación de los derechos fundamentales ¿existe alguna justificación para este silencio culpable?”.
Trump se ha lanzado a la aventura sin contar con un plan para solucionar el conflicto. Según Araceli Mangas, ha improvisado y no ha medido las consecuencias de un conflicto regional con un desenlace incierto. “Si el régimen clerical sobrevive, tendrá el arma nuclear; si pierde, será un paritorio de terroristas”. Ha incitado a la población iraní a que se rebele contra el Gobierno y lo derribe desde dentro, pero no resulta viable en un país controlado mediante el terror por 250.000 guardianes de la Revolución y medio millón de fanáticos “basiji”. Recuerdo que, durante la guerra Irak-Irán, un general iraquí me contó en Bagdad que llegaba a sentir náuseas de la escabechina de “basiji” que se lanzaban en oleadas, a pecho descubierto, contra las potentes defensas iraquíes en su voluntad de martirio y de acceso al paraíso por la vía rápida. Una oposición desunida, sin líderes y desarmada no puede actuar como los “basiji”. Las alternativas son: a) empate y mantenimiento del régimen, pese a sus copiosas pérdidas; b) “venezualización” de la situación, para lo que haría falta encontrar -en palabras de Carlos Herrera- “una Delcy con turbante”, lo que no es nada fácil; y c) ”balkanización” de Irán, que provoque su conversión en Estado fallido, como Irak o Libia. No parece que Trump esté dispuesto a pagar el elevado precio de la instauración de un régimen democrático, que no se consigue a bombazo limpio, sino con la presencia de la fiel infantería ensuciándose las botas con el barro del terreno, a lo que no está dispuesto a pesar de sus balandronadas. Las perspectivas no son nada prometedoras y cabe preguntarse si merece la pena todo este maremágnum.
No suelo compartir las opiniones de Antonio Lucas, pero en este caso lo estoy cuando afirma que nadie le ha pedido a Trump que arregle el mundo. La guerra impulsada contra Irán es otra más de sus tropelías devastadoras. La Bestia no se propone democratizar Irán. Se comunica con el mundo mediante las invasiones. Las suyas no se ganan, ni se pierden, y quedan con el tiempo convertidas en llagas que recuerdan la mentira y la salvajada. Su ludópata violencia no es camino para llegar a ningún sitio. Ya se adelantó Fernando Pessoa con su verso: ¿Seré yo el único servil y equivocado en la tierra? No obstante, está determinado a ser premio Nobel de la Paz.





