Querría ser tan noble, tan sencillo e inocente como mi amigo. Pero reconozco que no puedo.
Me encantaría, como él hace, poner el alma entera en cada juego, ilusionarme como un niño viendo amanecer, convertir la sonrisa en la llave de la amistad … pero pesa tanto el miedo a lo que dirán de uno, que me resulta imposible acceder a su universo de bondad y de belleza.
Juan es Down y embriaga con su alegría a unos maravillosos padres, que hablan de su hijo como del regalo más fabuloso que les hizo Su Creador…
Estos días el colega anda como una moto. Nervioso e inquieto, pero feliz como si fuera un novio que preparase su boda.
No es para menos. Es delegado de clase y está organizando, a base de jarabe de paciencia y con enormes esfuerzos, una fiesta telemática para el 21 de marzo, Día internacional de las personas con Síndrome de Down, implicando en ella a sus demás compañeros, con su misma discapacidad intelectual, con la única y loable intención de divertirse.
Me lo encuentro en la Plaza del Salvador y, a su manera de artista, me lo explica todo …
– Como sabes yo tengo «esfínteres» de Down.
– Querrás decir «síndrome».
– Sí … bueno … tú me entiendes… El 21 de marzo es nuestra fiesta. Se celebra en el mes 3 y el día 21, porque mi peña del colegio y yo nacimos con 3 bichitos en el «cromo» 21. Y eso es el «esfínteres» de Down.
No tenía ni idea. Pero es cierto: 3/21. La trisomía en el «cromo» (cromosoma) 21 es la causante de la alteración genética del síndrome de Down, habiéndose elegido esta fecha por las Naciones Unidas para las personas con tal síndrome.
Y, hablemos claro, Juan y sus amigos de clase, participativos, cariñosos, felices, agradecidos, inigualables, sin doblez … son de los pocos que van quedando.
Nos invade un aterrador abismo de inhumanidad. Se protegen los nidos de águila, los lagartos ocelados y demás especies en peligro de extinción, mientras que la lotería genética, 3 al 21, viene a ser una maldición en contra de los inocentes brotes de vida en el vientre de sus madres.
La irresponsabilidad con bata de ciertos médicos y la atrevida ignorancia con corbata de ciertos políticos, que jamás habrán compartido la felicidad con un niño con Down que prepara una fiesta … la perversa ideología de género que ampara una burda libertad reproductiva de la mujer, con bebés a la carta … el capitalismo salvaje en el que sobran quienes no producen … nos repiten, machaconamente, que lo «razonable» es eliminar un «amasijo de células» si estas vienen con «un problema».
Nos ponen como ejemplo la gestión de países como Islandia, en los que los «avances sanitarios» han conseguido que no nazca ni un solo niño con Down. Sin decirnos una palabra de la letra pequeña y letal: que tales «avances» se basan, realmente, en un cribado prenatal de las mujeres gestantes y en el descarado fomento del matarile de los embriones 3/21.
«Avances sanitarios». Eufemismo de vergüenza y asco. Como la «solución final» del III Reich de Hitler. 3/21: La estrella de David tatuada en el brazo del judío en los campos de exterminio.
Auschwitz o Treblinka de antaño son ahora la tupida red tejida por entorchados gerifaltes del poder financiero y político, rindiendo pleitesía a las vacaburras feministas que berrean que «la Vírgen María también abortaría» y riéndoles la gracia, ji, ji, ja, ja.
Estén al loro mis lectores. Porque durante estos días, los mismos solemnes cretinos y solemnas cretinas, hipócritas e hipócritos (respetemos aquí la igualdad) se dejarán ver junto a chicos con Down, diciendo lo mucho que les importa su vida, bla, bla, bla … Los mismos que hablan de buen rollito tolerante para aniquilarlos sin escrúpulos.
Mientras tanto, Juan seguirá batiéndose el cobre para organizar su fiesta, a base de esfuerzo … y de Amor con mayúscula, pensando en sus amigos del colegio de educación especial.
Cualquiera de nosotros, cualquiera, podríamos hallarnos en el pellejo de Juan. Por ello, él y sus compañeros, sus padres y sus profesores, aportan a la sociedad un aliento de eternidad, que nadie podrá cercenar jamás, al enseñarnos que amar a los otros y ser uno mismo es lo único que el corazón humano requiere para ser inmensamente feliz.
Felicidades por vuestra fiesta, amigo Juan. Enhorabuena todos los días.
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com





