
Por las tierras de La Mancha
un hidalgo cabalgando
y al lado va su escudero
en un pollino trotando.
Deshaciendo los entuertos
que un mal mago va montando,
que con magia y mala maña
a España va desmontando
en el afán de seguir
en Moncloa pernoctando.
Y de tanto caminar
a Madrid vienen llegando.
– Señor, mis entendederas
no saben qué está pasando:
Quien manda quiere amnistiar
a un prófugo muy mentado
para que el voto le dé,
y abraza a los que han matado
desdeñando al alguacil
que a palos han maltratado
por las tierras catalanas,
las gordas de este fugado.
– ¡Creo mi querido Sancho
que la ley ha claudicado!
– Si por seguir en Moncloa
este felón ha entregado
toda la gloria de España
a asesinos y tarados
más que molinos de viento
cual gigantes he enfrentado
peores daños veremos,
en este suelo encantado
donde el odio por la tierra
cual bilis se ha derramado.
¡Pobre de mi Dulcinea
que ahora se llama Bernardo!





