No me gusta el fútbol y no lo sigo, de hecho, creo que se tiende a ser de un equipo u otro por razones coyunturales o azarosas (por ejemplo, por tradición familiar o por la admiración que se siente por un jugador concreto en el campo de juego). No obstante, yo me identifico con el Real Madrid porque representa a España por encima de provincialismos y rechazo al Barça, el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad porque se han convertido en instrumentos del separatismo (no así el Espanyol, que ha mantenido una admirable neutralidad política ante el desafío secesionista catalán), y en el caso de estos dos últimos, mantuvieron hasta los últimos años un sepulcral silencio sobre el terrorismo etarra al no condenar sus atentados.
Creo que el fútbol y la política no deberían mezclarse, y prueba de ello es que hay numerosos aficionados de uno y otro equipo a ambos lados del espectro político, pero, por desgracia, la realidad no es así, y mientras haya equipos que fomenten el separatismo, creo que se debe luchar por recuperar el sentimiento español para que esté normalizado y no estigmatizado como en cualquier país sano del mundo, y en este sentido, mientras que el Betis ha defendido la identidad andaluza (desde su propia denominación hasta su equipación), el Sevilla F. C. es el equipo de la ciudad que más ha defendido nuestra enseña nacional, exhibiéndola con orgullo en Europa, motivo por el que recibió el Premio Españoles Ejemplares de la Fundación DENAES.
A lo anterior sumo que cuando escuché el Himno del Centenario del Sevilla F. C. (sin ser sevillista en ese momento), me quedé atónito porque me generaba una fuerte emoción. No en balde, es considerado uno de los mejores himnos futbolísticos del mundo.
Soy consciente de que el fútbol no se mueve por ideales, sino que se ha convertido en un negocio más que actúa en base a intereses, y prueba de ello es el propio Real Madrid, que no duda en eliminar la cruz de su escudo en los países musulmanes, del mismo modo que Florentino Pérez (genuino representante de un capitalismo de Estado que toma como referencia el modelo chino) no duda en promover la carne sintética de la globalista Agenda 2030 que perjudica los intereses de la ganadería española o se ha planteado cambiar el nombre del estadio Santiago Bernabéu por el de la aerolínea Fly Emirates (nacional del país árabe).
Se puede alegar que, en contraposición al sentimiento español que asocio al Sevilla F.C., los ultras del equipo hispalense (Biris Norte) son nacionalistas andaluces y sacan en el Sánchez Pizjuán la bandera andaluza con la estrella de cinco puntas, que paradójicamente, siendo nacionalistas, hace referencia al internacionalismo marxista, en clara alusión a los cinco continentes y a los cinco dedos de la mano del obrero. No obstante, es evidente que los ultras no son representativos de toda una afición, que es ricamente transversal, sobre todos, cuando éstos representan a la extrema-izquierda y la extrema-derecha, haciendo propias las dos ideologías que han asolado el siglo XX, dejando un reguero de decenas de millones de muertos como son el nazismo y el comunismo.
Todo equipo que saque la bandera nacional me tendrá a su lado, y, además, cuando en su escudo tiene el de nuestra amada ciudad, que cifra una Historia de la que podemos sentirnos orgullosos, por la que pasamos a ser parte de la civilización cristiana, escenificada en este caso por Fernando III el Santo, San Isidoro y San Leandro, sin la cual no se podría entender lo que somos, ya que principios profundamente arraigados en Occidente como la dignidad de la persona, la igualdad hombre-mujer y la propia separación Iglesia-Estado emanan del mensaje de Cristo.
Atendiendo a nuestra reciente historia, no pocos recordarán que hasta hace pocos años (y todavía es común que suceda) llevar la bandera nacional era sinónimo de “facha”, reaccionario y ultra de un sinfín de cosas más, de modo que después, combinar los colores de la bandera de algún modo (por inocente que fuera, como una camisa amarilla y unos pantalones rojos) era también objeto de rechazo, luego, se inventaron todo tipo de artificios para evitar pronunciar la palabra España (no hay más que recordar cómo la Cadena SER llamó a la Selección española “la Roja” para no reconocerla como tal), pero la bandera se impuso por el fútbol como si España fuese sólo un equipo que animar y no lo que realmente es: mucho más que eso. No obstante, numerosos españoles (en un admirable como emocionante gesto) sacaron en 2017 la bandera a sus balcones frente a unos golpistas que querían robarle su país, llevándose consigo esa parte de España llamada Cataluña.
Como españoles, somos depositarios de una cultura y de una Historia (que, con luces y sombras, aunque muchas más luces que penumbras) es artífice de la mayor obra de hermanamiento del mundo. No debe olvidarse que el 12 de Octubre no se celebra el Día de España sino el Día de la Hispanidad, porque nuestra Patria fue la artífice de la mayor obra de hermanamiento del mundo, que aportó a la humanidad la gran riqueza del idioma español al mundo, la lengua en la que Dios le dictó a Cervantes el Evangelio del Quijote. Por todos esos motivos y por esa pasión que me ha hecho ser depositario de unos valores y de una visión del mundo, ahora soy sevillista.





