“Que entre Morón y Paradas,
que son tierras de campiña
por donde corre la plata…”,
que escribió nuestro querido Fernando Villalón. Ahora corre la tinta negra sobre papel blanco inmaculado por estas tierras de calma y estos cerros de olivos que circundan nuestros pueblos y que, de una forma veraz, los unen, las arrebujan.
La editorial LaBaja Andalucía nació de una ilusión, de dos sueños hecho uno. Por un lado, Jacobo Vega, “jornalero de las letras”, parsimonioso, medidor de sensibilidades con la escuadra y el cartabón de la calle, exquisito en sus maquetaciones, brillante en sus ideas, moronero por nacimiento y convicción. Gusta de moronear y de ronear de su pueblo, de sus cosas y de su cultura, propuesta que yo lo compro y, además, la disfruto.
En el otro lado de esta editorial —a poniente— servidor, con tantos errores que es incapaz de ponerse ahora a enumerarlos.
Nos diferencian mil cosas. Pero nos unen más de un millón, que lleve anotadas hasta el momento… Y todas estas coincidencias convergen en una sola: Andalucía. Y si es la parte occidental, el triángulo mágico que conforma Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva… más. La Andalucía la Baja de Fernando Villalón, luz perpetua que guía nuestros pasos en este difícil pero fascinante mundo de cuidar textos y hacerlos propios. Todo esto ocurre, a diario, surcando Pago Redondo y El Descansillo, El Monte y los caminos que unen a ambas poblaciones.
La semana pasada presentamos en Morón de la Frontera nuestro quinto hijo, que ya vamos siendo familia numerosa: “Un jornalero que escribía cartas al director”, de Pedro Luis Vázquez García.
En el título se podría resumir el libro entero, de cabo a rabo. El “jornalero” que trabaja el campo con las manos encalladas, que mira al cielo para ver cuánto queda para que se ponga el sol y mira al suelo para buscar sus propias raíces. “Escribir”, que desde hace un tiempo se puede pero que hace años, desgraciadamente no, que esta tierra nuestra ha dado premios noveles de literatura y hombres y mujeres que tenían que firmar con el dedo. Y luego con una “x”, con una incógnita en el alma y en el futuro. Y las “cartas al director”, un medio de comunicación que, desgraciadamente, se está perdiendo con esto de los chismes electrónicos, los guasas, los wetransfer y las nubes (radioactivas). Hasta no hace mucho, las cartas al director servían para denunciar abusos de la autoridad, para dar voz a quien no la tenía, para amplificar las quejas y los llantos, para abrir puertas que siempre estaban cerradas, para subrayar asuntos de los que nadie se ocupaba… “Un jornalero que escribía cartas al director”. Un título, y un contenido, que son un grito a la dignidad del andaluz, como en su momento lo fue el “Andalucía, ¿tercer mundo?”, de Antonio Burgos o el “Cartas del pueblo andaluz”, de Manuel Barrios. Sinceridad, tierra, campo, cielo, reivindicación y decir “aquí estamos nosotros”.
Pedro Luis Vázquez ha mirado siempre al cielo, como un jornalero, buscando la inspiración del hacer y del escribir, que en él va todo unido. Escribir para remover conciencias. Escribir para poner los puntos sobre las íes. Escribir para actuar, para hacer. Y también ha mirado al suelo, para saber dónde asentar sus honradas plantas en este mundo mentiroso e hipócrita.
Aquí tenemos un ejemplo.





