El 29 de octubre de 2024 me subí por las paredes de mi casa sin barro y con luz. Me pateé el pasillo mil veces, sin coches ni enseres que obstaculizaran mis nervios. El sonido del microondas rompía mi bucle de silencios elegidos y los ladridos de mis perros a alguna liebre noctámbula me hacían aterrizar en seco sobre un montón de realidad. 656km, 6 horas y 17 minutos separaban mi ansiedad de unas botas de agua y un cepillo. Lo que empezó siendo un espectáculo natural que ver por la tele desde un cómodo sillón, se convirtió en segundos en una alerta personal capaz de tenerme en pie con las manos en mi cabeza minutos eternos. Y luego, el mencionado aterrizaje, la más absoluta soledad en el alma y una rabia incontenible, indescriptible, insoportable. Casi todas las marionetas del país, intentando romper los hilos a golpe de ayuda, de botas, de Bizum… Y mientras, los tramoyistas, decidiendo el futuro de TVE.
Los de la primera fila del guiñol poniéndose en pie para tapar el espectáculo a los de atrás mientras el escenario se derrumba irremediablemente con un fácil remedio solapado por el odio de unos y el ansia de otros. Un remedio que yo vi, y un pompier anonadado también… Lo vieron los paiporteños, los de Alfafar, los de Huelva, de Galicia, los de cualquier rincón de lo que va quedando de España y no quisieron ver los titiriteros que hemos encumbrado nosotros, el pueblo, y que tienen en sus manos los hilos de vida. En Valencia no hay Begoñas ni Koldos ni Ayusos… Solo marionetas rotas, abandonadas y valientes que se han revuelto en una lucha de barro y muerte porque el Ave Fenix existe a pesar de esos hilos, breves, efímeros, cobardes.
Y hoy, después de varios meses, una parte de España limpia y llora, otra grita y denuncia y la más pequeña, la más nimia, la más insignificante y que incomprensiblemente manda sobre el resto, se sube a un Falcon para ver el espectáculo desde arriba, se pone una minifalda para pedir menos horas laborales o se pelea en los tribunales porque una vez más se les ha visto el plumero de la corrupción. Rezo por los que no se pudieron aferrar a la vida, por los que perdieron todo su pasado, su presente y tristemente su futuro, los que vieron atados de pies, manos y voluntad cómo un mar incontrolable se llevaba niños y mayores, y recordemos dentro de 3 años que, de aquellas tierras, estos lodos.





