En este cambio de era en la que nos ha tocado desenvolvernos, donde no dejan de aparecer términos nuevos, muchos de ellos en inglés, o acrónimos que llegan a sernos tan familiares como cualquier vocablo de una conversación coloquial, de un tiempo a esta parte ha aparecido la palabra cryptobros, o también criptobros (“cripto” viene del griego y significa escondido, cubierto, cifrado). Tiene relación con las criptomonedas, ya saben: bitcoin, ethereum, cardano, etc., y viene a designar un grupo de personas con un perfil muy expuesto en redes sociales, al que parece que nunca le ha ido mal invirtiendo en este activo, aunque llevan relativamente poco tiempo en ello, y que se considera con la suficiente experiencia y conocimiento como para dar consejos e información a los demás en este tipo de inversiones.
Cuando en Europa aún estamos centrados en la polémica de la desaparición del dinero en efectivo, les invito a estar atentos a estos personajes porque sus intervenciones en los mercados financieros pueden hacer tambalearse los cimientos del sistema: Paul Atkins, comisionado que permitió algunas de las prácticas más temerarias que llevaron a la crisis de 2008 y copresidente de Token Alliance, un grupo de defensa de las criptomonedas para la Cámara de Comercio Digital americana, dirige la poderosa Comisión de Valores y Bolsa de los EE.UU. Elon Musk, que sueña con crear dinero fuera del control estatal, gestiona las políticas de inteligencia artificial desde la Casa Blanca. Giancarlo Devasini, un cirujano plástico reconvertido en criptobros que ha creado una criptomoneda estable vinculada al valor del dólar… También los hay ideólogos, como Brian Armstrong, consejero delegado de una gran plataforma de criptomonedas) que predica un futuro donde las naciones serán reemplazadas por comunidades digitales autogobernadas (una Economía mundial paralela)
Son los nuevos lobos de Wall Street y pretenden una revolución digital de arriba abajo (top down), pues van a poder diseñar políticas que afecten a sus negocios privados. Es curioso que prácticamente todos sean hombres blancos, nacidos y criados en Sudáfrica (donde vivieron el apartheid, una sociedad ordenada verticalmente) y que fueran educados en Stanford u otras universidades de élite. Por otro lado, resulta llamativo que aunque las cifras varían en función del estudio y de la muestra, las mujeres solo representaran alrededor del 5 por ciento de todos los criptousuarios a nivel mundial en 2020, y que de las 378 criptoempresas que se crearon en todo el mundo entre 2012 y 2018, solo una fuera fundada exclusivamente por mujeres
Ven con entera naturalidad la especulación como una forma de vida: el inversor cripto está dispuesto asumir riesgos extremos y, curiosamente, su auge coincide con la explosión de las apuestas deportivas on line. La revista The Economist estima que el 40 por ciento de los jóvenes americanos están metidos en apuestas y criptos. Bitcoin ha dejado de ser vista como una moneda digital con la que realizar transacciones, para convertirse en un vehículo especulativo, “oro digital”.
Un reciente estudio sociológico y psicológico publicado en la revista Plos One con el título La correlación política, psicológica y social de la propiedad de criptomonedas entre 2.000 adultos estadounidenses, refleja que los dueños de bitcoin, ethereum o cualquier otro activo criptográfico tienden a tener cualidades de la tétrada oscura, a saber: narcisismo, maquiavelismo, psicopatía y sadismo.
Llámenme anticuado, conservador o lo que quieran, pero somos muchos los que vemos en este intrincado mundo de las criptomonedas un peligro para la estabilidad financiera. El bitcoin no ha funcionado hasta ahora como moneda real, y sus principales usos siguen siendo turbios: la avaricia y el crimen. Es el método de pago preferido para la extorsión, el tráfico de drogas y el lavado de dinero.
La historia del dinero siempre ha sido una historia de confianza desde sus orígenes, de ahí su valor fiduciario, máxime desde que Nixon hizo que EE.UU. abandonara el patrón oro el 15 de agosto de 1971, cuando anunció que el dólar de EEUU (USD) dejaría de ser canjeable por ese metal, y desde entonces utilizamos el dinero fiat. Conscientes de que una regulación estricta por parte de la SEC (EE.UU.) o del BCE (Unión Europea) supondría un freno a la voracidad especulativa, los criptobros anhelan que las criptomonedas sean reguladas como materias primas (como el trigo, el café, los metales, …) con lo que no tendrían el tratamiento de dinero sino el de mercancía, mucho más opaco.
Si han llegado hasta esta línea en la lectura del presente artículo, les ruego que para terminar consideren una frase del multimillonario Warren Buffet en la que reflexionaba sobre la inversión en estos activos: Ya me meto en suficientes problemas con cosas que no entiendo… ¿Por qué demonios debería apostar a favor o en contra de algo de lo que no sé nada? Puedo decir con casi absoluta certeza que las criptos acabarán mal. Lo dijo el titular de una de las mayores fortunas del mundo.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Buenas observaciones del economista Alberto Tobaja, acerca de las «cripto monedas». Si cripto evoca «escondido, encubierto, cifrado», nos encontramos ante una nueva estafa monetaria: La moneda, el dinero, debe poseer el don de la confianza y esta proviene de la «seguridad» (certeza de que no hay nada que temer). Lo escondido, encubierto, cifrado es siempre «inseguro».
Felicitaciones y saludo al autor.
El dinero fácil no existe. En un momento determinado he pensado, que invertir en monedas digital era una forma rápida de rentabilizar mi dinero. yo soy un pequeño ahorrador; ahorrar dos pesetas me ha costado siempre mucho sacrificio.
Hoy por hoy quiero seguir pensando que el dinero fácil no existe. Puede que exista el engaño para que unos se aprovechen de los incautos de siempre. Para que unos ganen muy rápidamente tiene que haber otros que no les importe perder lentamente. El dinero que se mueve a través de maquinitas que van a velocidad del rayo no me ofrece ninguna confianza. Demasiado piramidal.