China está queriendo chulear al mundo. No hemos visto ni una sola imagen de un muerto o un funeral y ha tenido que ser algo tan bestial como un pogromo, con más de cien mil muertos (las cifras las han falsificado hasta el bochorno) y cien trucos malabares de teatro chino, como el de aparentar que levantaban un hospital que ha durado menos de lo que tardó en alzarse.
Pero, caballeros, en Madrid, nuestro pequeño y honroso ejército ha improvisado en 48 horas un hospital con miles de camas en Ifema, una idea mucho más eficaz y racional que ese alarde absurdo que a saber si no ha sido también otro truco falsario del teatro de Manolita Chen…
Pero hay más… China nos chulea y hasta nos amenaza con no vendernos más suministros sanitarios en esta hora urgente si nos atrevemos a decirle estas cosas que aquí digo.
No, no son admirables, sino que son los culpables y responsables de la mayor tragedia mundial desde la II Gran Guerra. Allí les vale callarse, pero aquí somos el mundo libre.
Entérense, señores, ellos fabrican y nosotros les compramos, pero no le compren a ese régimen abyecto sus mentiras y sus imposturas, su inmoralidad ni su sucio comunismo renovado de supervivencia, tampoco su andrajosa incapacidad para la empatía con los derechos humanos ni civiles.
China no es el futuro del mundo, sino que sería el fin del mundo civilizado y libre. Su única superioridad es la del destajo obligatorio, la del látigo y el silencio, la de los esclavos y el olvido. No, no vais a ganar, porque seguís a años-luz de entender que el bien más preciado del hombre es y seguirá siendo, como bien proclamó Cervantes a través de su Quijote, la Libertad del ser humano.
Parad con esa farsa, no seáis Sanchos, y cabalguemos.
He dicho.





