Ya casi va mediado el mes de febrero de este nuevo año 2022 y seguimos aguantándole el tipo al coronavirus que apareció en nuestras vidas hace ya más de dos años, los mismos en los que se ha recrudecido la estupidez y la docilidad globales.
Sabido es que en tiempos de crisis crece como la espuma la cobardía, y si no lo creen recuerden lo de la Alemania del III Reich, mirar para detrás siempre es muy aleccionador. Claro, que ahora la amenaza no viene de Alemania, ahora viene desde la ONU y desde la alianza de Rusia con China e Irán. Desde la ONU se imponen unas reglas globales, adormecedoras de conciencias y basadas en la defensa de un planeta sin humanos y desde el nuevo triunvirato asiático, la amenaza de una tercera guerra mundial, salvo que Occidente les deje crecer hasta donde quieran y pisotear lo que les parezca. Occidente, de momento, está por no creerse lo de la invasión rusa de Ucrania a pesar de que Putin anexionó Crimea en 2014. La incredulidad occidental en general y la europea en particular recuerda mucho a la de 1939 cuando Hitler invadió Polonia, seis meses después de anexionarse Austria.
Incredulidades y otras memeces y cegueras aparte, lo de Monsieur Macron es insuperable. Tras su reunión con Putin el día 7 de este mes el francés sale de allí mintiendo y diciendo cosas tan absurdas como que Rusia no está en el origen del conflicto y que : «Claramente, el objetivo del Kremlin no es Ucrania, sino clarificar las reglas de cohabitación con la UE y con la OTAN». Lo que está claro, es que este muchacho además de tonto es un infame que ha ido a reunirse con Putin para ver si gana puntos para su próxima campaña electoral entre los comunistas franceses, que haberlos haylos, y entre el resto de la izquierda, contando mentiras sobre acuerdos imposibles.
Macron ha resucitado la peor Francia, aquella que como las urracas, no movía ficha hasta ver si otros pájaros se envenenaban con la carne tirada por el campo. A saber qué le habrá propuesto este imbécil a Putin.
Dejando a Macron, no tengo más remedio que coger a Josep Borrell, ese insigne economista que anda metido en camisa de once varas, llevando la representación de Asuntos Exteriores de la UE y que no para de decir que es imposible que Rusia invada Ucrania porque hoy no va a pasar lo que pasó en 1941 cuando Alemania invadió Rusia. Andan muy mal las cabezas, será cosa de la edad o tal vez del contumaz interés de tergiversar la historia, ya saben la madrecita Rusia buena, el resto malo. Donde digo Rusia pongan URSS, que para el caso viene a ser lo mismo.
Borrell está mayor, es ya como de otro mundo y en los dos últimos años ha descubierto la palabra geopolítica y no para de aplicarla en su exacto concepto, sino para referirse a la amenaza de falta de suministro energético que nos está lanzando Rusia y que ya está materializando tras el acuerdo de hace unos días en Pekín para construir un gaseoducto que cruzará Mongolia y exportará diez mil millones de metros cúbicos de gas, adicionales, a China en detrimento de Europa.
Como si nada… y mientras se va cociendo a fuego lento la ruina de Occidente, en España, la ministra Yolanda Díaz está eufórica por haber conseguido la subida del salario mínimo a mil euros sin la firma de los que tiene que pagar los salarios. Dice Yolanda que la están felicitando desde el mundo entero mientras su partido propone subirle los impuestos a las eléctricas. Llegados a este punto y porque el seguir hoy con esto se haría interminable dado el estado de la cuestión voy a terminar con estas estrofas de un romance del poeta moronense, Fernando Villalón :
Echa vino montañés,
que lo paga Luis de Vargas,
el que a los pobres socorre
y a los ricos avasalla.Ve y dile a los milicianos
que la posta está robada
y vamos con nuestras novias
hacia Écija la llana.Echa vino montañés,
Que lo paga Luis de Vargas.
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