Amigos y amigas de Portaceli, queridos compañeros todos de la promoción 1971 – 1983:
Ahora que cumplimos 40 años de nuestra salida del colegio, después de rezar con el Padre Borja (que fue colega de pupitre y travesuras antes que fraile) por varios compañeros que ya nos esperan en la puerta del cielo, y encontrándonos embriagados de emoción y de cervezas tras haber compartido un fabuloso recreo de fiestorro y copas, debo confesaros que en la etapa escolar uno aseguró hallarse harto de nuestros profesores y de nuestros curas, que con la educación que nos daban parecían querer cercenar nuestras ansias de libertad.
Pero lo cierto es que cuando un servidor ha comenzado a peinar canas y a acumular más mili y experiencia en trayectoria vital que el Cabo Machicaco, le ha dado gracias de todo corazón a El De Arriba por haberme formado en un colegio fabuloso: Portaceli.
Con maestros de vocación que con su ejemplo predicaban y daban trigo, enseñándonos que por encima de sus clases, a años luz de lo tediosa que nos resultaba tanta geografía, tanta historia y tanta álgebra, lo realmente importante venía a ser el aprendizaje en ofrecer a la sociedad nuestra mejor versión como seres humanos, sabiendo que, al fin y al cabo, la esencia del cristiano es el convencimiento de que la felicidad del otro es tan importante como la propia. Ese era el truco.
Cuentan las crónicas que una bala cañón deslabazó una pierna y, de paso, mandó al garete la carrera militar de Ignacio de Loyola.
El mal alberga siempre la semilla del bien y nuestro querido cojo (cuyo legado es el alma mater de la bendita educación colegial que recibimos) afrontó con inteligencia y con fe su adversidad y llegó a ser santo, el tío.
Quien más, quien menos, durante estos 40 años todos nosotros, todos, hemos recibido algún que otro cañonazo en el hondón del alma. Nos hemos embarcado en proyectos que han finalizado en desastre. En alguna ocasión las cartas nos han venido mal dadas y hemos experimentado la sensación de que la vida se nos quebraba, como la pierna de San Ignacio.
Pero … ¿quién dijo miedo? También hemos sabido recoger los restos del naufragio, enarbolar todo el trapo y plantar careto a nuestra historia, siguiendo la singladura de nuestro patrón Íñigo, el de Loyola.
Porque quizá albergamos grabada a fuego aquella oración del Padre Arrupe, pidiéndole a Dios que librara a la comunidad jesuíta del peor de los pecados: «quedarnos de brazos cruzados y no hacer nada por miedo a equivocarnos». Y ahí seguimos tras 40 años: decidiendo, viviendo y amando a los demás. Aquí nos las den todas y salga el sol por Antequera.
El espíritu de un menda aún vaga errante por la guardería de educación primaria o entre las aulas de bachillerato, y seguro que vuestras almas también se quedaron allí para siempre.
Reconozcámoslo, amigos: jamás salimos del colegio. Portaceli nos acompaña, como la Agencia Tributaria.
Y es que anda uno preocupado, haciendo cuentas para llegar a fin de mes, cuando de pronto don José Alba, profesor de matemáticas, te señala los gastos a priorizar y los ingresos previsibles, de modo que los números encajan.
O te abordan en la calle unos guiris preguntándote por la Plaza de España y llega tu momento de gloria, aventurándote, con dos cohone, en el inglés que aprendiste con La Pitita (muy guapa y muy morena, no recuerdo su nombre) …
— Spanish Place? Tirando por esa street tó recto, a five minutes má o meno …
O te enzarzas en un debate manteniendo tu opinión contra un grupo enterito, con respeto pero dándoles la del pulpete, gracias a los argumentos filosóficos que te está soplando a la oreja el mismísimo Padre Aldama.
Hasta que uno de tus adversarios, ya casi convencido de tus razones y admirando que les largas por el morrazo las verdades del barquero sin achantarte, se da cuenta de que sabes más que Briján porque tus profesores te enseñaron a pensar por ti mismo.
Descubre ese as que guardas bajo la manga y no puedes disimular. Te mira a los ojos y te dispara a quemarropa:
— Usted estudió con los jesuítas en el Portaceli, ¿verdad cabroncete?
Con sincero agradecimiento a todos y cada uno de los compañeros de promoción, vuestro amigo,
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com






2 Comments
Gracias Pepe por esta bonita y emotiva carta. La subscribo totalmente.
Firmado, uno de Portaceli…..
Muchas gracias por sus amables palabras, Fernando.
Todo lo que he dicho me ha salido del corazón.
Como antiguo alumno de Portaceli guardo una enorme gratitud hacia mis profesores y compañeros.
Un cordial saludo