Eres un bocazas, Pablo, porque cuando ni soñabas con tocar bola de poder, ya nos contaste con todas las letras tu plan populista y totalitario. Y ahora te dan con la hemeroteca en la boca cada vez que la abres, aunque eso te de igual, porque eres tan cínico como bocazas. Ahora que por una carambola –tus votos no han parado de menguar- te encuentras en el gobierno, el entusiasmo inicial se está convirtiendo en pesadilla. Porque los totalitarios cobardes de salón, como tú, tienen un serio un problema cuando llegan al poder. Estabas muy cómodo destruyéndolo todo desde la oposición, sin responsabilidad alguna, y ahora no sabes muy bien qué hacer, aparte de seguir echándole la culpa de todo a los demás; incluso de las muertes en las residencias cuya gestión asumiste, no sabemos con qué intención. Te gustaba mucho jugar a Maquiavelo, porque te creías más listo que nadie, pero resulta que la gente no es tan estúpida como suponías, y se te ha acabado viendo el plumero. Más allá del burdo disfraz de izquierda, eres un aprendiz de brujo totalitario, que ha querido jugar a ser el Hugo Chávez de aquí, ignorando que esto no es Venezuela, y pronto te darás cuenta de la magnitud de tu error.
Como buen aprendiz totalitario, Pablo, te repugna la libertad –la de los demás-, por eso tuvo que intervenir la Asociación de la Prensa de Madrid, que preside Victoria Prego, en defensa de los periodistas amenazados por criticarte. Sí, por criticarte a ti, porque Podemos eres tú, acabas de confirmarte este mismo mes de mayo como su reyezuelo vitalicio con la pantomima de las primarias, borrando de un plumazo la limitación de mandatos, y quitando también la limitación de los sueldos podemitas al triple del salario mínimo. Has aplastado al único rival, Fernando Barredo, que te quedaba en primarias, ese que fue apaleado por un sicario en su propia casa después de denunciar públicamente tus tropelías anti democráticas en Podemos, vaya victoria pírrica Pablo, debería darte vergüenza.
Como aprendiz totalitario también te repugna el Congreso, prefieres cualquier decreto ley a un debate parlamentario, y por eso te burlas de la oposición cada vez que puedes porque, al burlarte de ella, desprecias públicamente la institución. Por eso te has colado con el coronavirus en el CNI, porque tu naturaleza se siente atraída por las cloacas, donde puedes rebasar impunemente todas las líneas rojas de la democracia. Como buen totalitario te repugna la independencia judicial, la separación de poderes te da arcadas. Y te repugna la verdad, que consideras una simpleza del populacho, ese “lumpen” al que tanto desprecias en tu interior.
Eres tú, y solo tú, quien alienta la insubordinación con tu desprecio a la independencia de las fuerzas de seguridad. Y eres tú quien sueña con un golpe de estado, y cómo no te atreves, te pones a dar palos de ciego contra la Constitución del 78 y contra los pilares del Estado de Derecho, queriendo derribar cobardemente la democracia desde dentro, pervirtiendo sus mecanismos para que se haga el harakiri. Pero has mordido en hueso, el de la dignidad de algunos –jueces, guardias civiles, peritos, políticos- que no se amedrantan con tus aspavientos de primate cabreado y no van abandonar la democracia española al ultraje de quienes quieren destruirla. El de la dignidad de un pueblo que, llegando al hueso, no se lo compra con limosna.
Resulta que, al final, el aprendiz de burgués se ha metido en un callejón sin salida. Solo te queda el intento frenético de borrar las pruebas, distrayendo la atención con tus astracanadas. Y cuando al fin te marches, ya no podrás cerrar la puerta al salir. Porque la infamia te perseguirá, aunque te escondas en la mismísima mina de oro venezolana de Zapatero. Y puede que te persiga mucho más allá de lo que hoy, en la ceguera de tu vacío, eres capaz de imaginar.





