Los indultos que se dispone a perpetrar el Gobierno no son finalistas y todos los ministros lo reconocen sin ambages, lo que ocurre es que mienten en el propósito que con ellos se persigue.
La concordia, la convivencia o el diálogo son apenas palabras amables que actúan como señuelo de la verdadera intención que esconden, a pesar de que Iceta, ministro que ostenta la cartera de Cataluña, porque no a otra cosa se dedica el mozo, lo ha repetido ya varias veces, aunque por el momento nadie le haya querido tomar en serio.
Los indultos son un golpeo de la bola con un bate de beisbol que no logrará sacar la pelota del campo. Pronto la veremos de regreso a la lomita del pitcher mientras en ese plazo los indepes ganan varias bases o intentan el «home run» completo de adentrarse en la reforma de la Constitución y, si es posible, colocar a S.M. el Rey en una situación tan complicada que le resulte difícil continuar el juego.
Por supuesto que lo que busca Sánchez son dos años más por delante para seguir merendándose los presupuestos generales del Estado, pero no le crean tan alicorto, a fuer de miserable, porque las cartas que está poniendo sobre la mesa van mucho más allá del mero apoyo para sostenerse hasta final de la legislatura.
Iceta, como digo, lo ha repetido hasta la saciedad: el objetivo es federalizar el Estado, para lo cual se necesitaría abrir un período constituyente y eso requiere otras mayorías de las que ahora mismo no disponen, pero aspiran a conseguirla poco a poco y esa es la promesa de Sánchez al independentismo.
Los sediciosos van a seguir metiendo presión con sus anuncios de que volverán a ensayar un golpe. Que lo escenifiquen o no, no lo sabemos, pero tensarán la cuerda una y otra vez mientras el sanchismo gana tiempo y se reviste de firmeza negándoles ese derecho al separatismo en el papel de «policía bueno», que tanta falta les hace después de ceder en todas las concesiones.
Con el regalo del indulto, Sánchez confía en que contendrá a los más radicales y solicitará reiteradas veces que sus socios le otorguen una prórroga y confíen en que la deriva se hará inevitable, pero que tendrán que esperar aún algunos años.
Es obvio que los separatistas tampoco se conformarán con una España federal y perpetuarán el chantaje con sus maximalismos, pero también es posible que a Sánchez eso tampoco le preocupe en demasía porque ahora mismo firmaría con gusto mantenerse los dos que quedan y otros cuatro años más, en los que intentaría, ahora sí, acunar esa reforma constitucional que devore el mapa de España.
Claro está que, habida cuenta los registros, resulta una fantasía imaginar que Perico el de los palotes pudiera obtener en unas próximas elecciones generales un resultado siquiera suficiente para repetir la amalgama que ahora mismo le sostiene, pero a nadie le quepa duda que lo va a intentar; incluso, si es preciso (y lo es sin ningún género de duda), tensando los recuentos de votos con la maquinaria de Indra a su servicio, cosa que se les fue de las manos por diversas razones en el caso de las elecciones madrileñas…, aunque lo intentaron.
Como yo lo veo, la última oportunidad que le queda a España serán las próximas elecciones generales y, si consiguiera coaligarse otros cuatro años con todos los mamarrachos que pululan en la política nacional, Sánchez acabará de uno u otro modo con la Constitución y con la Monarquía constitucional.
La alternativa, parece claro, es una coalición del centro y la derecha que es de suponer que encabezaría el PP, pero en ese caso, sólo si Casado entiende que esta vez no sería suficiente con aplicar el chalaneo sorayista que mantuvo en pie todas las afrentas perpetradas por el zapaterismo, podría encontrarse algún retardo que convenza por largo tiempo a la mayoría de los votantes de que no puede volver a gobernar este PSOE de Sánchez o de sus similares sin que esto acabe como el Rosario de la Aurora.
Muchos piensan que VOX sería el pestillo que garantice más firmeza, pero yo no descarto que en tal caso el casadismo vuelva a las andadas y pacte con el PSOE de Sánchez hasta blanquear sus verdaderas intenciones. De ser así, hasta el PP, con algo de demora, contribuiría a colocar a España al borde del desastre.
He dicho.





