La pandemia va quedando atrás como un mal recuerdo, pero nos la vuelve a hacer presente la obligatoriedad del uso de las mascarillas en centros sanitarios y farmacias, y con ella el sentimiento de vulnerabilidad, especialmente ante los virus sincitiales, con las dificultades respiratorias propias de esta época del año.
A veces me detengo a pensar en la fragilidad de nuestro modo de vida, sujeto a mil y un condicionantes que en un momento dado, con la aparición de un “cisne negro”, daría al traste con nuestro modus vivendi y nos convertiría de la noche a la mañana en seres inútiles, incapaces de resolver problemas mínimos.
Imagínense qué pasaría si se cayera internet y no pudiéramos usar las aplicaciones del móvil, ni enviar correos, ni comprar con la tarjeta… y no estoy hablando de esos contratiempos que todos hemos sufrido alguna vez durante unas horas con las molestias consiguientes, no: me estoy refiriendo a pasar días o semanas sin estas herramientas.
Cierto que las medidas de seguridad han avanzado muchísimo, pero los delincuentes van por delante de la policía, y en caso de conflictos bélicos, y no quiero dar ideas, la vulnerabilidad de los cables submarinos que transportan el grueso de los datos, se ha vuelto un factor crítico, y preocupa a gobiernos y compañías tecnológicas.
Siempre que pensamos en la difusión de internet, se nos vienen a la cabeza las torres de repetición de telefonía, el cableado por las paredes, pero ¿se han parado a pensar que hay casi un millón y medio de kilómetros de cables submarinos enlazando países y continentes? ¿sabían que China y Estados Unidos se disputan su dominio, convencidos de que quien más rutas acapare tendrá la hegemonía mundial en el mundo de las comunicaciones?
En un reciente artículo publicado por Carlos Manuel Sánchez en XL Semanal, he podido saber que cada día se realizan transacciones por valor de 10.000 millones de dólares estadounidenses, gracias a que los datos fluyen por los más de 500 cables que conectan hogares, oficinas, tiendas y usuarios del comercio electrónico, las operaciones bancarias o el streaming a lo largo de distancias que llegan a decenas de miles de kilómetros.
No duden de que el coste de estas transacciones se incorpora al precio de los servicios de los que disfrutamos, pero ¿cuánto cuesta cada kilómetro de cableado submarino? ¿Bajo qué banderas navegan los barcos que lo extienden bajo el mar? Se estima en unos 25.000 euros el precio de cada kilómetro de cable, y la mayoría de los barcos pertenecen a Alcatel (Francia), Subcom (EE.UU.) y NEC (Japón).
Una pregunta más: ¿quiénes son los propietarios de esos cables que unen continentes? Antes eran grandes compañías de telefonía (ATT de EE.UU., France Telecom de Francia, British Telecom del Reino Unido, …) pero en 2020 las grandes multinacionales como Google, Amazon, Apple, Netflix y Meta/Facebook ya poseían la mitad de todos ellos, y de seguir la actual tendencia, en 2026 controlarán el 90 % ¿Piensan, de verdad, que sus intereses coinciden con los de la seguridad mundial?
Es fácil intuir el riesgo que conlleva el que los Estados nacionales o las comunidades de países, se vean subordinados a poderosos conglomerados privados cuyos intereses financieros no coinciden con las prioridades de la seguridad nacional: ¡la defensa de Ucrania depende los satélites de Elon Musk!
El ataque a las tuberías de Nord Stream nos ha hecho caer en la cuenta de que sabotear un cable es mucho más sencillo que un gaseoducto, y ya se han producido cortes en algunos cables provocados casualmente por un barco de investigación ruso y por un carguero chino, ¡qué casualidad!, que provocaron problemas en Taiwán y en las islas Shetland, unidos a roturas causadas por anclas de barcos, huracanes, mafias de la chatarra para vender cobre, mordiscos de tiburones, …
El mar Rojo, una de las zonas en conflicto actualmente más calientes del mapa es poco profundo, y por ello de los más peligrosos, y por allí pasan las conexiones entre Hong Kong y Marsella. Las alternativas son poco viables: pasar por zonas conflictivas como Siria e Iraq, o circunvalar África, pero es el Pacífico donde se decidirá el nuevo orden mundial. Atención a China y a sus compañías digitales (Baidu, Alibaba, Xiaomi, …) con una red paralela de cables que rivaliza con Occidente, y la Inteligencia Artificial, excelente para filtrar la información valiosa. Vienen tiempos entretenidos. Estemos atentos.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





