Un país…, perdón, un gobierno que destina 53 millones de euros de dinero público a rescatar una aerolínea con un solo avión-chatarra, pero apenas 700.000 euros a desarrollar una vacuna contra la enfermedad que arrasa al mundo, no tiene otro remedio que terminar ante los tribunales y/o en la cárcel.
A lo mejor no he sido suficientemente claro y debería enfocarlo desde el lado de los electores para descifrar también lo que les corresponde a sus votantes como cómplices o colaboradores necesarios, pero diré como el Papa cuando le preguntaron por la homosexualidad a bordo de un avión en mitad del océano, de regreso de un viaje a Brasil: «¿Quién soy yo para pronunciarme sobre la homosexualidad?…», a lo que nadie supo responderle: «Santidad, es ud el Papa, no sé qué le parece…», aunque el Papa es más de pronunciarse sobre los modelos económicos y el capitalismo, porque le parece mal que usted se gaste lo que obtiene con su esfuerzo en unas vacaciones o en comer gambas, pero que el Estado se gaste lo que le expolia al ciudadano en rescatar empresas de los amigos del sátrapa Maduro a él le suena a redistribución de la riqueza.
Contemplado de este modo, cabe imaginar que a ese simpático Papa que abomina del capitalismo y proclama que «son los comunistas los que piensan como los cristianos», también le debe parecer bien que las empresas saneadas, creadoras de empleo y de prosperidad en el Occidente capitalista, le regalen sus beneficios al Estado para que los redistribuyan entre los negocios de los tiranuelos de turno y los gasten en sanear los chiringuitos de torturadores y en sostener el negocio del narcotráfico.
La aerolínea de los amigos de Maduro, que son los que tienen la mitad del accionariado en su poder, opera apenas entre Caracas, Quito, Guayaquil y Lima, algo, como puede adivinarse, de interés estratégico para España, según Ábalos, que a estas alturas confunde la bandera de nuestro país con las bragas de Delcy en las maletas del oprobio, declaradas secreto de Estado.
¿Cómo es posible que en una democracia del siglo XXI, en mitad de la Europa moderna y de los valores surgidos del Renacimiento y de la Ilustración, un Estado pueda decretar que el contenido de esas maletas es un secreto oficial y aquí no pase nada?
Y aún peor: ¿cómo puede prestarse a semejante tropelía un ministro del Interior que venía de ser juez de la Audiencia Nacional en lucha contra la banda asesina más execrable de nuestra Historia desde las hordas comunistas, socialistas y anarquistas de milicianos de las chekas?
Así las gastan estos tipos, pero, aún peor, así funciona el forofismo de un votante medio en nuestros días, al que le importa tres puñetas lo que suceda mientras sean «los nuestros» los que roben y gobiernen.
Es tan incomprensible contemplar a Rodríguez Zapatero tratando de sostener sus negocios con Caracas y defendiendo a un régimen totalitario que ha convertido la moneda de su país en cisco (un millón de ‘pijorronchos’ venezolanos equivale ya a 50 céntimos de euro, así que imaginen ir al supermercado con un carrito de la compra hasta arriba de billetes para comprar un pollo, tres yogures y papel higiénico) como asistir al rescate de una aerolínea cuyo abogado es un ex juez expulsado de la carrera por prevaricación que duerme cada noche entre las sábanas de la Fiscal General del Estado, quien a su vez venía de dar mítines con el carnet del partido socialista entre los dientes y de ser ministra de Justicia.
Nadie ha disparado suficientemente las alarmas ante el bloqueo del Poder Judicial que está a punto de producirse en toda España, dentro de un mes, cuando entre en vigor la prohibición aprobada por el Legislativo de que el CGPJ pueda seguir haciendo nombramientos en las sedes judiciales que queden vacantes.
Será como atravesar la última línea roja que nos separa de la democracia y a partir de ahí todo va a ser un festival de arbitrariedades como bolcheviques, un monopoly de asombros, una timba aturdida de discrecionalidades sin cuento y una orfandad absoluta de reglas racionales donde cada órgano consultivo, asesor o decisorio correrá a refugiarse bajo las faldas del propio interés personal de cada uno de sus miembros para salvar el culo.
Mientras tanto, Iglesias se ha despeñado ya por la vía del largocaballerismo de la palabrería infame contra Díaz Ayuso sin soltar la tabla de su acta de diputado frente al naufragio que se le adivina en lontananza, asociado con los «Indaleciosprietos» de nuestros días, aquel ladrón del tesoro del yate Vita que casi 20 años después acabó arrepintiéndose y pidiendo perdón a los españoles por haberlos llevado a la masacre derivada de su sectarismo infame y de su inflamada intolerancia.
Sólo nos queda rezar, pero no usen para ello como mediador al Papa, les ruego, porque Su Santidad es de los que piden aplausos y no oraciones cuando asesinan a dos monjas misioneras en cualquier lugar del mundo y sus rezos acabarían en las cajas de cartón donde Mengele, Eichmann o Stalin almacenaban las muelas de oro y los anillos de los condenados a los pasillos de la muerte.
He dicho.





