Es que me hierve la sangre. La poca que me queda, sí. Pero es que me hierve hasta un punto de ebullición, que sería capaz de darle unos cuantos martillazos y mandarla al carajo de una vez y por todas. Y es que no hay derecho al juego que se traen determinadas cadenas con el pobrecito y sufrido telespectador. Que nos manejan a su antojo, está claro.





