El adelanto electoral que Jorge Azcón propició en Aragón obedecía a la misma estrategia que el PP de Feijóo había seguido pocos meses antes en Extremadura, cuyo objetivo no era otro que intentar alcanzar la mayoría absoluta y desprenderse de un socio que a ellos les resulta incómodo como VOX.
Los cálculos excesivamente optimistas como irreales de Azcón, se basaban en que el PP subiría de 28 a 31 escaños, pactando con Aragón Existe, que sumaría los tres escaños que les faltaban para alcanzar la mayoría absoluta. Al igual que en Extremadura, a los populares les ha salido el tiro por la culata, y lejos de mejorar su resultado, han retrocedido electoralmente al perder dos diputados y ser aún más dependientes del partido de Abascal, que constituye la única posibilidad de alianza para garantizar la gobernabilidad.
En las respectivas campañas de PP y VOX en la región, sus líderes nacionales, Feijóo y Abascal, han tenido mucho peso a la hora de respaldar a sus respectivos candidatos, y mientras que VOX se ha disparado, duplicando su representación al pasar de 7 a 14 escaños, el PP se estanca y retrocede ligeramente. Esta situación evidencia una realidad incontestable a nivel nacional: Feijóo no ilusiona y no es capaz de movilizar a sus votantes ni siquiera en el momento más propicio que jamás podría tener, con un PSOE en minoría (toda vez que JxCat les ha retirado su apoyo en el Congreso) y acuciado por la corrupción, con dos secretarios de organización en la cárcel, así como el hermano y la esposa del propio presidente, su núcleo familiar más estrecho, investigados por la Justicia.
El PP de la década de 1990, bajo el liderazgo de Aznar, conectaba con los jóvenes, articulando una alternativa seria y creíble al socialismo, pero el PP actual es un partido desconectado de la realidad que no responde a las necesidades de la época a la que ahora se enfrenta. Creen que van a heredar al PSOE, como Rajoy, a la espera de que Sánchez se desgaste solo.
Rajoy, al igual que Feijóo, tampoco ilusionaba y dicha estrategia le dio resultado, pudiendo alzarse con mayoría absoluta en 2011, pero quince años después, la situación es radicalmente distinta, pues el expresidente no tenía ningún competidor en el espacio de la derecha, ya que VOX no existía. A ello se suman factores internacionales a los que España no es ajena, ya que, si hay una tendencia política que está creciendo no sólo en Europa sino en América e incluso Asia, es la derecha identitaria, que lidera o forma coalición en hasta seis gobiernos europeos, mientras que los socialistas sólo tienen dos Ejecutivos en el continente: la España de Sánchez y el Reino Unido con los laboristas de Keit Starmer.
VOX no sólo ha crecido a costa de a pérdida de votos del PP, sino del PSOE, produciéndose un trasvase del electorado socialista hacia el partido de derechas, en especial en el norte de Huesca, llegando a superar VOX electoralmente al PSOE en el 25 % de los municipios de Aragón.
No sólo ha sido decisiva la claridad de ideas de VOX, que conecta con los problemas reales de los votantes socialistas, tales como la inseguridad y la inmigración masiva, siendo descalificados por el partido al que hasta entonces habían votado cuando alzaban la voz para denunciar su precarizada situación. También ha influido la indefinición y el oportunismo político del PP, no ya en España, sino en Aragón en concreto.
En los anteriores comicios autonómicos de 2023, Azcón creció a costa de Ciudadanos y el PAR, comprando concejales y consejeros de la formación regionalista, pero en dicho intento de recoger todo el voto de centro, dejó libre el espacio de la derecha, algo que intentó corregir en la anterior campaña al contar con la presencia de Ayuso. En esta ocasión, en una línea similar, ha hecho una pirueta mayor al llevar a figuras identificadas con VOX como Vito Quiles y Los Meconios, algo que no gustó al votante moderado del PP y no atrajo al electorado de Abascal.
Esto evidencia que, mientras que el mundo gira a la derecha, el PP sigue instalado en el centro, la moderación, la tibieza y los complejos, y no le va bien electoralmente. Por el contrario, en el resto de Europa, el centro-derecha ha girado a la derecha en cuestiones como la seguridad y la inmigración para recuperar el espacio perdido en favor de las formaciones identitarias. Ejemplo de ello es Merz, el canciller de la CDU en Alemania, así como Los Republicanos en Francia o los conservadores británicos, entre otros. Si extrapolamos esta situación a España, sólo Ayuso ha sido capaz de adaptarse a esta nueva situación, plasmándolo en sus discursos y propuestas.
El PSOE ha bajado de 23 a 18 escaños, siendo el gran perdedor electoral de la jornada, con una candidata que se reunió con el propio Paco Salazar después de ser denunciado por acoso sexual, lo que la convierte en un rostro que, en consonancia con el PSOE sanchista, carece de toda credibilidad.
La peculiaridad política de Aragón es que, además de las tradicionales fuerzas nacionales (PP, PSOE e IU), han tenido un peso decisivo formaciones regionalistas y nacionalistas como PAR y CHA. Pese a ello, se ha tendido a decir que la comunidad era el Ohio español, ya que, desde 1964, quien ganaba en el estado norteamericano, lo hacía en las presidenciales, y quien ganaba en Aragón, lo hacía en las generales.
La región aragonesa se ha caracterizado porque sociológicamente está más ubicada al centro, con gran diversidad ideológica en sus provincias: Huesca tiende más al centro-izquierda, Zaragoza al centro-derecha y Teruel al puro centro. Esta peculiaridad ha hecho que ningún gobierno autonómico haya tenido nunca mayoría absoluta, habiendo una gran alternancia política, sin traumas ni sobresaltos.
Tradicionalmente, el PP ha tendido a ser votado en Aragón en las zonas rurales y el PSOE, en las zonas urbanas. De igual modo, PAR ha tendido a ser más votado en las áreas rurales y CHA, en Zaragoza capital, pues el territorio aragonés se caracteriza por una desigual distribución de su población. Con un total de 1.3 millones de habitantes, el 60 % de la población reside en la capital.
Uno de los datos históricos que deja la jornada electoral es que, por primera vez, el Partido Aragonés se queda sin representación en las Cortes aragonesas. No es una cuestión baladí, ya que llegaron a tener 19 escaños en 1987 (uno más de los que ahora tiene el PSOE), siendo la segunda fuerza política en dos ocasiones y llegando a liderar el gobierno de la mano del gran Hipólito Gómez de las Roces, pero ese partido que era referente para muchos, ha degenerado por medio de pactos contra natura con el PSOE, Podemos y CHA, que han diluido su identidad política, y un partido con una estructura clientelar como el PAR, sin poder, desaparece.
Se podrá alegar que ya en el pasado gobernaron en coalición con el socialista Marcelino Iglesias y no le pasó factura a nivel electoral, pero entonces no había una polarización como la actual ni un PSOE radicalizado y no fue junto a la extrema-izquierda, como han hecho después con Podemos. En consecuencia, parte de los votantes regionalistas han girado a la derecha, optando por el discurso claro y contundente de VOX.
En el lado contrario al PAR, se encuentra Chunta Aragonesista, que ha crecido en votos a costa del PSOE, Podemos, IU y el propio PAR, recogiendo a los desencantados de otras siglas de la izquierda al ser el voto útil por tratarse de una opción en alza. Han conseguido junto a VOX una victoria moral, aunque en menor grado que éstos, duplicando sus escaños al pasar de tres a seis.
CHA perdió muchos votos tras la irrupción de Podemos en 2015, pero tras su caída, no tienen tanta fuerza como en 2011, antes de la aparición del partido que ahora lidera Ione Belarra, algo lejos de su mejor resultado, que fueron los nueve escaños de 2003.
Aragón Existe, la marca con la que Tomás Guitarte dio el salto a la política autonómica, ha perdido votos, pasando de dos a un escaño, sufriendo un castigo electoral por su pasado apoyo a Sánchez, ya que fue su voto, precisamente, el que hizo posible que en noviembre de 2019 gobernara, yendo parte de sus votantes a CHA.
El partido de Guitarte ha pasado de ser la segunda a la sexta fuerza política en Teruel, incluso en su pueblo natal, ya que le ha lastrado el mismo problema que aquejaba en su día Ciudadanos: la indefinición. No se sabe con quién van a pactar, y prueba de ello es que a nivel nacional pactaron con el PSOE y en la Diputación de Aragón, con PP y PAR.
Pese a que a simple vista parece que ha fracasado, Se acabó la Fiesta (SALF), el partido de Alvise Pérez ha conseguido un buen resultado, de modo que con 18.000 votos (el 2.7 %) se ha quedado a sólo 300 votos de conseguir representación. Es la primera formación extraparlamentaria en la región, superando a siglas que en la pasada legislatura tenían representación como Podemos y PAR, triplicando los votos de la formación morada y quedándose a 1000 votos de distancia de IU-Sumar, que ha conseguido un escaño.
Aunque Alvise Pérez y su partido no son santo de mi devoción, hay que agradecer el servicio que han prestado a Aragón y, por ende, a España, al hacer desaparecer a los neocomunistas de Podemos de la región, atrayendo a sus votantes con un discurso antisistema similar al que en su día abanderaba Pablo Iglesias.
En definitiva, de manera similar al antecedente que se dio en Extremadura, la derecha (PP, VOX y SALF) ha sumado en tierras aragonesas el 55 % de los votos frente al 38 % de la izquierda (PSOE, IU-Sumar, Podemos y CHA), algo que debería suponer un toque de atención a Feijóo, que actúa con actitud de mayoría absoluta sin tenerla. Queda en evidencia que sólo podrá gobernar de la mano de VOX, y ambos partidos deben dejar de dinamitar los puentes por el bien de España, ya que un Sánchez que se perpetúa en el gobierno puede causar un daño irreversible a la democracia.
Ante esta realidad, hemos visto a un PP que intenta pactar con JxCat y manifiesta preferir un pacto con el PSOE que con VOX, articulando el falaz relato de un “PSOE bueno”, una actitud absurda que no contribuirá a recuperar a los votantes que se han ido al que ahora a su principal rival electoral. En esta campaña, presumiblemente desde las filas populares, se han llegado a filtrar unos audios inocuos para intentar desgastar a VOX.
El PP tiene un serio problema, con un electorado envejecido e incapaz de conectar con los jóvenes y los nuevos votantes, seducidos por VOX, lo cual no les garantiza el futuro, sino que arroja incertidumbre sobre él. Por ello, lo primero que deben hacer desde Génova, es dejar de atacar a VOX, a los que Azcón ha llegado a comparar con Podemos por decir que PP y PSOE son iguales en buena parte de las políticas que aplican. Deben tomar nota de Sánchez, que blanquea a sus socios políticos, incluso a Bildu, en lugar de segar la hierba bajo sus pies e intentar dinamitar al único partido que está dispuesto a pactar con ellos.





