Muchos estamos convencidos de que en los movimientos feministas actuales late escondido un capitalismo salvaje, que al amparo del pretendido dogma de la ideología de género y de su buenismo de igualdad, pretende obtener pingües ganancias utilizando a las mujeres en la destrucción de la familia, consiguiendo así una sociedad de individuos aislados, sin identidad ni raíces, abocados a buscar un atisbo de felicidad mediante un consumo exacerbado.
Es evidente que entre todos hemos de erradicar la brecha salarial y las pervivencias machistas que aún afectan al desarrollo de muchas mujeres. Pero no he oído a ninguna supuesta líder feminista radical hablando de Alice Paul, verdadera pionera del auténtico feminismo, que peleó con su alma hasta conseguir el voto de las mujeres y que soltó la verdad del barquero en el careto de aquellas que van de progres: el aborto es la máxima expresión del machismo, violando a la mujer en sus entrañas.
Muchos sí somos feministas. De Alice Paul, claro. Pasaremos mucho de la huelga del 8 de marzo, con su explotación encubierta de la mujer y la familia. Acudiremos al trabajo.





