Sufrimos de una enfermedad comunitaria que se llama aldeanismo. Y nos perjudica en la imagen que ofrecemos al exterior como en la que implementamos durante el quehacer diario. Prescindimos del sentido de lo público y universal para llevar a lo privado logros y carencias. Por ello, hay que abandonar los aislamientos. Si no se comparten los pensamientos o las inquietudes, los deseos por lograr el ansiado objetivo se diluyen y terminan oxidándose.





