No ha habido sorpresas en las elecciones autonómicas, salvo el crecimiento de Adelante Andalucía (AA), que ha cuadruplicado el número de diputados. Los sondeos se han quedado cortos. Ha conseguido sobre todo una victoria moral, porque lo demás partidos de la izquierda han perdido votos, como el PSOE, o se han, estancado, como en el caso de Por Andalucía que se ha quedado como estaba –“Virgencita del Kremlin, que me quede como estoy”-, pese a que había conseguido unir -es un decir- a todos los partidos y similares situados a la izquierda de la izquierda del 5° izquierda -como le gusta decir a Carlos Alsina-, salvo a los zurdos andalucistas. La participación ha superado a la de 2022 en 6.44 puntos, pasando del 58.36% al 64.80%. Resulta paradójico que los beneficiados no sean los partidos del Gobierno, ni el principal partido de la oposición, que han perdido votos, sino los partidos extremistas, tanto de la izquierda -el citado AA-, como de la derecha -Vox-, aunque este último solo haya crecido 0.35 puntos. Los resultados han sido los siguientes: 153 escaños el PP (-5), 28 el PSOE (-2), 15 Vox (+1), 8 AA (+6, vaya si ha adelantado) 5 Por Andalucía (=).
Campaña electoral
Las andaluzas eran las cuartas elecciones autonómicas celebradas antes de las generales previstas para el próximo año y todos los partidos han involucrado en ellas a sus dirigentes más destacados. El PP presentó al presidente en ejercicio, Juanma Moreno, a quien -pese al desgaste que supone llevar dos legislaturas al frente de la Junta -la actual con mayoría absoluta- todos los sondeos -salvo el del CIS del ínclito Tezanos- lo daban como ganador, y la cuestión a saber era si renovaría su mayoría absoluta. Moreno no quiso lanzar las campanas al vuelo porque conseguirlo era sumamente difícil por el juego de los restos propiciado por la Ley d’Hondt, dado que había 5 escaños que había obtenido el PP por los pelos en 2022 y que estaban bailando. Según Roberto Benito, si 5 partidos sacan más del 6% de los votos, la mayoría absoluta resulta inalcanzable, Moreno creía que podría revalidarlos para obtener una “mayoría de estabilidad”, pero no lo consiguió. Hizo una campaña netamente autonómica basada en la gestión y en el desarrollo económico y social de Andalucía, y la trató de desvincularla de la política nacional. No hubo desembarco de prohombres populares y tan solo se produjeron unas pocas intervenciones de Alberto Núñez Feijóo, aunque sin compartir estrado con Moreno. Éste planteó la opción entre estabilidad y “lío”, dado que -si no renovaba su mayoría absoluta- tendría que hacer frente a una complicada negociación con Vox. El pueblo andaluz se pronunció por la segunda alternativa, pues, aunque mostrara su deseo de que siguiera gobernando, lo ha sometido al control caprichoso de Santiago Abascal. He recordado la viñeta de “Hermano Lobo” publicada en 1975, en la que un politicastro preguntaba a la multitud “¿Qué preferiis, Nosotros o el Caos? y el pueblo contestaba, “!el Caos, el Caos! –“!el Lío, el lío!”-. Mas los 5 escaños perdidos por el PP no han sido ganados por Vox, sino por AA. Todo sea por la transversalidad.
El PSOE, por el contrario, planteó una campaña basada en la política nacional y en la figura de su presidente, por medio de la vicepresidenta primera del Gobierno y vice-todo, María Jesús Montoro, la mujer con mayor poder en la historia de la democracia, que se humilló hasta el extremo de “bajarse al moro” para salvar a los andaluces de la perfidia de Moreno y de su política de aniquiladora de los Servicios Públicos, especialmente la Sanidad, que en su época de Consejera del ramo brilló a la máxima altura. Pese al fiasco de Pilar Alegría en Aragón y siguiendo su desinteresada política de colocar a sus apóstoles al frente de las filiales autonómicas del partido, Pedro Sánchez envió al matadero a su n° 2 -muy al pesar de ésta-, planificó la campaña desde la Moncloa y cruzó Despeñaperros hasta en seis ocasiones para echarle una mano, porque solo él sumaba. A pesar de ello -o, más bien, a causa de ello- el PSOE-A obtuvo los peores resultados en su historia. Montero era una mala candidata, con una pesada mochila cargada de incremento de impuestos, ausencia de presupuestos generales y concesiones a los independistas con el reconocimiento de la “singularidad catalana”, en detrimento de los andaluces. Por si faltara poco, se vio contagiada de la impopularidad del “capo”. A la ilegitimidad de origen añadió la de ejercicio, con la comisión de grandes pifias, como afirmar que el asesinato de dos guardias civiles por unos narcotraficantes era un accidente laboral. A ello cabe añadir la bajeza moral del Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que se abstuvo de asistir al funeral de unos subordinados muertos en acto de servicio. Como ha comentado con sorna Jorge Bustos, habría sido mejor para el partido haber mandado a Montero a Viena a Eurovisión, donde podría haber mostrado sus dotes histriónicas. El PSOE incurrió en la incoherencia de descalificar a Vox como un riesgo existencial para la democracia, pero potenciar al mismo tiempo su desarrollo para que creciera a costa del PP y le impidiera obtener la mayoría absoluta.
Vox siguió la práctica ya habitual de centrar su campaña en la persona del líder supremo, que pateó la Comunidad y lanzó su mensaje anti inmigración, opacando al candidato Manuel Gavira, que no se apartaba del mantra de la “prioridad nacional”. Su verdadera prioridad era que el PP no lograra la mayoría absoluta. Abascal arremetió contra Moreno -al que llamaba despectivamente Moruno- y afirmó que, si los andaluces concedían a su partido la llave del Gobierno, no habría nada ni nadie que les hiciera entregar su confianza gratis o malbaratarla.
Los partidos de extrema izquierda comparecieron divididos. Por Andalucía -conformado en torno a la Izquierda Unida de Antonio Maillo- consiguió a última hora integrar a desgana a Podemos, cuyos candidatos quedaban lejos de los puestos de salida, y Sumar andaba desdibujado. La coalición tenía la hipoteca de su integración en un Gobierno corrupto y desprestigiado, y veía por el rabillo del ojo como AA le iba adelantando por la izquierda. Su presidente, José Ignacio García, realizó una campaña inteligente y centrada en las cuestiones que realmente interesaban a la población, orillando los planteamientos ideológico, y atacando por igual al PP y al Gobierno.
Resultado de las elecciones
Como ha comentado Lucía Méndez, poco dura la alegría en la casa del pobre -el PSOE-, pero también en la del rico -el PP-. Ha habido incertidumbres y dudas en la apreciación de los resultados en función de las expectativas. Alentado por los sondeos, Moreno llegó a creer que tenía la mayoría absoluta al alcance de la mano. El PP ganó las elecciones con contundencia, al ser el primero en las 8 provincias y triunfar en 599 de los 785 municipios. Le sacó 19 puntos al PSOE y obtuvo 26 diputados más que éste y 38 más que Vox. Sin embargo -como ha observado Carlos Herrera- pese a haber perdido solo el 2% de los votos, ha perdido el 10% de sus escaños, por mor la distribución de los restos de conformidad con la Ley d’Hondt, que, si en 2023 fue favorable al PP, en 2026 le ha sido adversa El gran PERO es que Moreno tendrá que pasar por la ventanilla de Vox y sufrir -en palabras de Antonio Lucas- las “caenas” de Abascal, si quiere renovar su presidencia de la Junta. Aunque ha ganado casi 150.000 votos más -a causa del incremento en la participación- ha pasado del 43.1% de los votos al 41.6%, ha perdido los restos en Cádiz, Córdoba, Huelva, Málaga y Sevilla, y se ha quedado a 2 escaños de la mayoría absoluta por 21.000 votos. Moreno logró un meritorio Sobresaliente, pero se le escapó la Matrícula de Honor.
El PSOE-A ha obtenido los peores datos de su historia, pasando de las mayorías absolutas del 60 y 50% obtenidas en el glorioso pasado por Escuredo, Rodríguez de la Borbolla o Chaves al 22.7% conseguido por María Jesús del “Gran Poder”, a la que Carlos Herrera, con su retranca, ha calificado a María Jesús del “Gran Jardazo”. En unos años el partido que dominó Andalucía desde que se estableció la Comunidad, ha perdido el 50% de sus votantes. Carlos Conde ha descrito acertadamente la situación en “El Español”: El PSOE era el partido sistémico, el protector de “lo nuestro’, el administrador natural de los logros democráticos y del bienestar colectivo, y el artífice de la modernidad y del progresismo. Los 28 escaños de Montero muestran que esos tiempos no volverán. El andaluz promedio ya no compra al PSOE como escudo protector, cuando se comporta como un vehículo de poder totalmente ajeno al concepto de igualdad. “Lo más relevante es la muerte de una identificación emocional que un día apareció indestructible”. Esa ilusión se ha roto para bien y para siempre.
Vox ha subido 0.35 puntos y ganado un escaño, llegando a los 15 (13.8%), pero ha sido donde menos ha crecido -16.9% en Extremadura, 17,9% en Aragón y 18.9% en Castilla y León-, lo que denota un cierto estancamiento. Ha salvado, sin embargo, los muebles al convertirse, aunque sea por los pelos, en la clave para que el PP pueda gobernar. Sus dirigentes han reaccionado como si hubieran ganado las elecciones, pletóricos en su calidad de pinza, porque Moreno no ha logrado la mayoría absoluta. Abascal ha comentado ufano que el partido ha ganado en votos y escaños -más bien en singular, ya que solo ha ganado uno- y Gavina afirmado que están en condiciones de imponer al PP el principio de la prioridad nacional en Andalucía. SALF -que ha obtenido 2.53% de los votos y 0 diputados- podría haberle quitado a Vox 3 escaños.
El gazpacho de Por Andalucía se ha agriado, no tanto porque a duras penas haya logrado mantener sus 5 escaño y el grupo parlamentario, cuanto porque ha sido claramente superado por AA, su hermano separado en la extrema izquierda, cuyo carismático líder García, ha dicho que no hay problema porque son complementarios. Ha obtenido 5 escaños con 6.3% de los votos, perdiendo 1.4 puntos y cayendo por debajo de lo que sacó IU en solitario en anteriores elecciones. Los andaluces lo han castigado por formar parte del Gobierno de Sánchez. Sumar se diluye y parece difícil que se rehaga, pese a contar con un líder prestigioso como Maillo. La ex-jefa de la etérea coalición, Yolanda Díaz, ha pontificado que el gran perdedor de las elecciones ha sido el PP, porque se ha dejado 5 escaños en la gatera y ha quedado a merced de Vox.
El gran triunfador ha sido AA, que hizo una meritoria campaña y ha pasado de 2 a 8 diputados, con el 9.6% de los votos. Se ha convertido en un partido andalucista- separatista -ha sustituido en el himno de Andalucía la palabra “España” por lo la de “pueblos”-, en la línea del BNG, la Chunta o Compromis, pero ha sido crítico tanto con la derecha, como con el Gobierno, con el que guarda las distancias, porque no es un “izquierdismo de moqueta”. Ha cultivado el andalucismo, que está ahora de moda tras el ostracismo del PSA. El gurú de este partido, Alejandro Rojas-Marco, ha dado la bienvenida a los que se proclaman andalucistas, porque el poder andaluz les necesita, aunque convendrá distinguir los que lo son por convicción y los que lo son por interés.
Reacciones tras las elecciones
Los medios de comunicación han reaccionado con titulares que destacan ciertos aspectos en función de su línea editorial. “ABC”: Moreno vuelve a arrollar sin repetir la mayoría absoluta”; “El Mundo”: “Victoria incómoda de Moreno pese a la debacle histórica del PSOE”; “La Razón”: “Moreno gana las elecciones y Sánchez y Montero hunden al PSOE”. En cambio, “El País”: “El PP pierde la mayoría en Andalucía y dependerá de Vox”; “La Vanguardia”: “El PP pierde la mayoría absoluta en Andalucía y Vox será decisivo”; “El Periódico: “Moreno sin mayoría absoluta por el tirón de la izquierda andalucista”. Los diarios económicos -como “El Economista” o “Expansión” y los periódicos andaluces del grupo Joly -como “El Diario de Sevilla” o “El Diario de Cádiz”-son más neutrales y destacan los dos aspectos reseñables: “El PP gana en Andalucía, pero necesita a Vox, y el PSOE se hunde”. “El Ideal” de Granada, un tanto cáustico, titula “Victoria sobresaliente del PP con lío”.
El PP ha propuesto a Vox un acuerdo parlamentario para que se abstenga y le permita gobernar en solitario, aceptando algunas de sus exigencias y Abascal ha contestado que lo importante es el programa y no las poltronas. Hay que tomar medidas con garantías y plazos para cambiar el rumbo y respetar la “prioridad nacional” en el acceso a los servicios sociales ya la vivienda pública, proteger al campo frente a Mercosur y el fanatismo climático, y oponerse a la invasión migratoria, expulsando a los ilegales y no aceptando a MENA. Hará unas negociaciones a la extremeña para forzar al PP a que acepte en Andalucía lo que ya ha aceptado en otras Comunidades.
Pese a haber escogido a la candidata, planificado la campaña y participado activamente en ella, Sánchez no se ha dado por aludido y ha culpado a los candidatos autonómicos del fiasco. Ha hecho mutis por el foro y se dedicará a preparar las elecciones generales, que son las que le interesan. Montero ha hecho de tripas corazón y se quedará por el momento en Andalucía -4 años dan para mucho-, donde ejercerá una oposición seria y responsable, porque el PSOE es el único partido que puede hacer frente a la ultraderecha. La portavoz, Mónica Torrón, se ha consolado afirmando que su partido había ganado casi todas las elecciones –“O tempora, o mores”- y que el perdedor había sido el PP, que había quedado atrapado en las garras de Vox. Yolanda -que ha visto como AA se apoderaba del espacio de Sumar-se ha marchado a China para enseñarle a Xi Yinping cómo luchar contra el paro. Su rival García se ha jactado, con razón, de haber arrebatado al PP la mayoría absoluta, y se ha arrogado liderar la oposición ante la debilidad del PSOE y de su acólito” sumarísimo”, y ha agudizado el regionalismo radical y propugnado la autodeterminación el pueblo andaluz.
Los escasos dirigentes críticos del PSOE han alzado tímidamente su voz ante lo que el ex diputado Jesús Ángel Hierro ha calificado de “el mayor hostión electoral de nuestra historia”. Emiliano García Page ha afirmado que, elección tras elección, los ciudadanos estaban enviando un mensaje muy nítido, pero que el destinatario del mismo había mirado para otro lado a la espera de que volviera a sonar la flauta como en 2023. La alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés, se hizo eco del pánico de los alcaldes ante las próximas elecciones municipales y ha mantenido que deberían adelantarse las generales para evitar el voto de castigo a Sánchez, que amenaza al socialismo con quedarse sin poder territorial. El director de campaña, Fernando López, se ha consolado diciendo que los resultados podrían haber sido peores y que se había logrado impedir que el PP revalidara la mayoría absoluta. La consigna dada por el PSOE-A ha sido minimizar la debacle, eludir las autocríticas, cerrar filas tras la chamuscada candidata y tratar de preparar al partido para las próximas elecciones municipales y generales. El ex presidente de la Junta, Rafael Escuredo, ha pedido que se abra un proceso de revisión interna del socialismo andaluz.
Moreno ofreció al pueblo andaluz la opción entre la estabilidad y el lío, y se ha encontrado con la desagradable sorpresa de que éste ha optado por la segunda alternativa y ahora está intentando quitar importancia al lío. Como ha observado Jorge Bustos, Moreno tiene derecho a gobernar en solitario, para lo que le bastaría la abstención de Vox, pero éste no está por la labor. La dinámica parlamentaria le obliga a entenderse con Vox y la cuestión está en qué le va a exigir Abascal, consciente de poseer la clave de la gobernación, que le va a salir más cara de lo que se imaginaba. Según Manuel Arias, como la repetición electoral acarrea demasiados riesgos y es la última instancia, Moreno tendrá que llegar a algún tipo de acuerdo con Vox. Su secretario general, Ignacio Garriga, ha sido un poco menos intransigente que su jefe y, aunque haya reiterado que no va a regalar sus votos “gratis et amore” e insistido en el cambio de rumbo y en la aplicación del principio de la prioridad nacional, ha declarado que su partido tiende la mano al PP y actuará “con responsabilidad y humildad, consciente de la proporcionalidad”. No ha manifestado si pediría formar parte de la Junta y ha indicado que, mientras no haya un programa acordado, no se hablará sobre puestos en el Gobierno. Moreno ha quitado importancia al “punctum dolens”, diciendo que se trata de una frase y de un eslogan, que no se puede traducir en algo como lo que quiere Vox, porque el Estatuto de Andalucía no lo permite, y habla de “prioridad andaluza”, cuyo objetivo es que Andalucía funcione. Salvará este obstáculo -como se ha hecho en otros pactos- con la exigencia de que se cumpla en todo momento con la ley.
Incidencias de las elecciones andaluzas en el ámbito nacional
Las consecuencias políticas de las elecciones andaluzas trascienden sobremanera el ámbito autonómico, porque pueden ser consideradas como un ensayo de lo que pueda ocurrir en las elecciones generales. Es obvio que los resultados no son extrapolables, ni pueden ser aplicados «mutatis mutandis” a unos comicios a escala nacional, pues las motivaciones del voto e incluso la abstención en la participación electoral varían de forma notable, como se puso de manifiesto en 2023. Según ha observado Iván Redondo, el voto es dual en las elecciones generales y en las autonómicas, y no es infrecuente que los ciudadanos voten por un partido en unas y por otro partido en otras, porque la hoja de ruta es diferente.
Como ya es habitual en él, Sánchez ni se inmutó tras el batacazo andaluz. No ha dicho una palabra sobre la superación del récord de su partido en pérdida de votos en Andalucía, ni hizo comentario alguno para subir la moral de su atribulada tropa, ya que la cuestión no le afectaba, al no haberse presentado a las elecciones, aunque haya sufrido un revés en primera persona, porque el andaluz ha sido un voto de castigo a Sánchez. Según Bustos, Montero ingresó desde el momento de la derrota en el fúnebre club de los desconocidos. El Presidente simplemente pasaba por allí y no se sentía involucrado en lo más mínimo, pese a ser el secretario general del partido masacrado, haber seleccionado a la candidata, planeado la campaña desde la Moncloa y participado activamente el ella. La cuestión variaría de forma radical cuando ÉL se presentará a las elecciones generales. Entonces, los abstencionistas acudirían en tropel a las urnas para respaldar al amado líder, lo que le permitiría otros 8 años de luminoso gobierno progresista. Como declaró la portavoz del PSOE, Marta Mínguez -desde la perspectiva supremacista de una catalana con los charnegos-, estaba convencida de que los andaluces se levantarían del sofá e irían a votar por Sánchez y por el PSOE. Al fin y al cabo -a juicio de Arias-, si bien los comicios andaluces habían sido una estrepitoso fracaso para el PSOE, habían constituido en cambio una buena noticia para Sánchez. “! Frankenstein vive! Nadie puede saber si los andaluces, que han rehusado su apoyo al PSOE regional, volverán a movilizarse por Pedro Sánchez cuando llegue el momento, pero -a la vista de los precedentes- sería imprudente descartarlo”.
Según Rafael Moyano, los últimos comicios están advirtiendo a Sánchez que la derecha va a arrasar y que su arma esencial, la única bala que le queda para frenar a los fachas que vienen, va a seguir siendo alentar el miedo a las derecha y dejar claro que lo que se dilucida es si se va a votar a unos partidos que defienden la prioridad nacional. El Gobierno de Sánchez ha quemado a sus socios y a los que van de su mano, y en Andalucía se ha producido un voto anti Sánchez. Éste tiene un año por delante -parapetado en el mantra de ”que vienen los fachas”- como única y desesperada estrategia para intentar movilizar a la izquierda y concentrar en él su voto. En opinión de Rafa Latorre, el PSOE se ha quedado en el puente aéreo a Cataluña y Sánchez está dispuesto a dilapidar el patrimonio autonómico y municipal de su partido, adquirido durante años, con tal de permanecer en el poder. Para Lucía Méndez, la estrategia de La Moncloa radica en fiarlo todo al papel internacional de Sánchez como líder de la izquierda mundial contra la ola ultra encabezada por Donald Trump.
Los resultados de las elecciones andaluzas corroboran -aunque en menor medida-lo que han puesto de manifiesto las otras tres elecciones autonómicas: que el PP solo podrá gobernar con el apoyo de Vox desde fuera o desde dentro del Gobierno, y que, por tanto, tendrá que pasar por la aduana de este partido. Según ”ABC”, Feijóo tendrá que revisar la estrategia del PP, porque la vía Moreno no ha desactivado a Vox y, para poder acceder a la presidencia del Gobierno, tendrá que llegar a algún tipo de acuerdo con Abascal, mal que le pese. Es un “fact of life” que no puede ignorar y parece haberlo comprendido. Tendrá que construir una relación operativa con Vox, pero -como ha advertido “El Mundo” en un editorial- esa relación obliga a establecer límites claros para no diluir los principios básicos del PP. La centralidad sigue siendo un activo político imprescindible. La responsabilidad alcanza también a Vox. “Convertirse en clave parlamentaria implica abandonar la comunidad de la protesta permanente y asumir costes de gestión”. El PSOE ofrece una imagen desoladora. Ni una mínima autocrítica tras el peor resultado de su historia andaluza. El silencio de Sánchez resulta tan elocuente como inquietante. Hay, no obstante, unos indicios optimistas: “El ciclo político avanza en favor del cambio”. ¡Inshallah!





