Mientras contemplaba este pasado fin de semana el Nostrum Mare, aquel que vio gesta gloriosa en Lepanto, leo con atención la noticia de que Turquía no está por la labor de facilitar la entrada en la OTAN a suecos y fineses, recuérdese que se requiere unanimidad. Soslayando la cuestión capital de si, nosotros mismos, los españoles, somos europeos o no, cuestión debatida por Pemán y Elías de Tejada, y ya planteada en otros artículos, creo necesario puntualizar la legitimidad ya no del veto turco sino de su misma presencia en el orbe europeo.
Es creencia compartida que la OTAN, a prima facie, no responde a criterios geográficos o culturales, sino más bien, estratégicos. Sin embargo, discrepo, personalmente entiendo que, si bien fue creada en los preludios de la guerra fría, responde a dos fundamentos, uno cultural en cuanto una unión militar de naciones con tronco cultural común, en esencia judeo-cristiano y otro geográfico, tal y como se desprende de su política de ampliación “a cualquier otro estado europeo dispuesto a respaldar los principios de este Tratado y contribuir a la seguridad del área del Atlántico Norte”, por tanto, europeo. De lo que se desprende es la siguiente pregunta ¿Qué hacen los otomanos en la OTAN?
Lógicamente atiende su adhesión a motivos estratégicos, pues yo mismo tengo de chino lo que un turco de europeo. Para más inri, también forman parte del Consejo de Europa. Si bien cuando Turquía se adhirió a la OTAN en 1952, el país era, gracias al influjo de Ataturk, formalmente laico y con aspiraciones culturales de corte occidental, lo que pudo facilitar las cosas. Pero lo que horroriza es que actualmente y viendo lo que han hecho con Santa Sofía, asistimos a una islamización progresiva del país, la cual, en Turquía, supondrá inexorablemente volver a sus anhelos imperialistas. No olvidemos su papel chantajista con los refugiados sirios hace unos años, y si nos remontamos unos años, no puede borrarse del imaginario colectivo el asedio a Viena ni la batalla de Lepanto. La Turquía de hoy no comparte ningún valor ni cultura con nosotros, no es un socio fiable, recuérdese que un día derriba un avión ruso y al día siguiente estrecha relaciones con los mismos.
Algún avispado maestro que tuve me indicó que Turquía era Europa, ya que Estambul, está geográficamente en Europa. Ante esa respuesta, harto estrecha de miras y aduciendo claramente a un criterio geográfico, se debe responder con el concepto cultural y religioso europeo, tarea a mi juicio completa -y que alcanza su máximo esplendor- con la Cristiandad.
Parece que en todo caso la media luna que aterrorizó el Nostrum Mare y media Europa tiene poca o ninguna legitimidad moral para condicionar la entrada de esos hermanos góticos nuestros del norte en la OTAN.





