La Conferencia Episcopal Española acaba de publicar la «Instrucción sobre abusos a menores» en el seno de la Iglesia y el informe «Para dar luz», donde se recoge un total de 927 víctimas (un 75% son anteriores a 1990) por parte de 728 agresores (el 52% de ellos, sacerdotes). Pese a la constante propaganda contraria, conviene recordar que estos abusadores son una parte ínfima del clero católico; y que según los expertos investigadores en este tipo de abusos, los habidos en el ámbito de la Iglesia representan sólo un 0,2 % de los totales padecidos por los menores. Les preceden con mucha diferencia los causados en el ámbito intrafamiliar y en sus entornos cercanos, así como en otras instituciones donde existe el denominador común del trato con menores. Desgraciadamente, allí donde hay menores, hay abusadores.
Pero existe un dato revelador que ofrecen estas investigaciones y sobre el que se suele pasar de puntillas, como es que más del 99% de los agresores y más del 80% de las víctimas, fueron varones; dato muy similar al obtenido tras la cumbre vaticana que el Papa Francisco convocó en 2019 en Roma, para prevenir, gestionar y combatir estos abusos. Es decir, que en una abrumadora mayoría de casos los abusadores actuaron contra menores de su mismo sexo; lo que significa que estamos ante casos de abusos homosexuales, importante circunstancia que, curiosamente, también fue desatendida incluso en los debates previos a las conclusiones finales de la citada cumbre vaticana. Y circunstancia que sirve para refutar a quienes señalan como causa de estos abusos de algunos clérigos su celibato, proponiendo el matrimonio como solución.
En cualquier caso, el pasar de puntillas sobre la significativa circunstancia de la homosexualidad, pese a resultar trascendental si queremos abordar verdaderamente el problema en todas sus dimensiones y analizando todas sus posibles causas, sólo se explicaría por la potente autocensura que ha conseguido imponerse, al parecer también en ámbitos eclesiásticos, respecto a cualquier mención negativa que afecte a la homosexualidad. Pero es la verdad la que nos hace libres.





