Acaba de suspender, de acuerdo con la Asociación de Comerciantes del Belén, la Feria del Belén en Sevilla. El argumento, entre otros, es el de evitar concentraciones.
Pero los sevillanos empiezan a cansarse de las incongruencias de Juan Espadas, al que a diario desafían en la práctica llenando las calles, tiendas, bares o veladores de esta ciudad que al alcalde y a su equipo -Cabrera de manera destacadísima- le viene muy pero que muy grande. Hubieran gobernado mejor una pequeña aldea tercermundista, pero no una capital de la categoría de Sevilla que ellos políticamente no alcanzan.
Ahí está como ejemplo la calle Tetuán ayer en su cruce con Rioja. La imagen abarca hasta mantas de inmigrantes de color con sus mercancías y sin pagar un solo impuesto. Todo es un bullir de transeúntes que van y vienen. Normal. Es una sociedad civil cansada de alarmismos, de contabilidades sanitarias más que discutibles, de recomendaciones de expertos sanitarios que nadie sabe quiénes son con DNI y sus respectivos expedientes académicos, especialidad en Medicina, masters, doctorados, etc.
Es una pena que los belenistas, los que precisamente exponen en un mercado largo y al aire libre, hayan sucumbido a una reunión con un político más que mediocre, un afiliado al fin y al cabo al socialcomunismo, capaz de superar todas las fantasías habidas y por haber, incluso aquella del papel de plata haciendo el río.





