En el aire de la tarde de tu calle se va quedando, como si la música bordara el mismo cardo de tu manto, el pentagrama en agujas de una marcha que se me clava llena de misterios: “Tus Dolores son mis Penas”. Está escrita con la estrechez de tu puerta entre faroles, con roce de hojas florecidas de azahares, con piedras de siglos y brisas de ahora…
Y en ese aire de la tarde de tu calle, mientras tus Dolores son sus Penas, tus naranjos son mi infancia y tu nombre se vuelve Amparo, el de mi abuela. Tú eres siempre su recuerdo, la memoria de Sevilla que va por mi sangre.





