Lo de la «reunión» de los 36 pasos y 30 segundos de Sánchez con el presidente Biden ¡en un pasillo! da para una canción de Sabina, para un relato de Jardiel Poncela y hasta para un sketch de los Monty Python.
Si nos atenemos a las imágenes se trata de un instante insignificante, intrascendente y con un punto de patetismo, pero al haber sido transformado por las Panzerdivision del Sanchismo en una «reunion en la cumbre» la cosa se transfigura en un perfecto vodevil, en donde un suplicante cortesano trata en vano de captar la mirada condescendiente del Emperador que, a duras penas, consigue aguantar el hastío que le produce ese caniche que se le enreda entre las piernas.
Es ver la imagen de Biden – impasible el ademán, como a punto de pescar una enorme trucha – y la de Sánchez con sus pantalones con hechura de sota de copas y me viene a la cabeza aquella frase mítica del mejor Marx: «surgiendo de la nada, alcanzó las mas altas cimas de la miseria».
El cuadro sería tragicómico si no fuera porque una humillación así no solo afecta a Sánchez sino a toda España, y eso si que es lamentable. Pero Biden debe intuir qué clase de personaje es Sánchez y, sobre todo, quiénes son su andamiaje y sustento político. Y, naturalmente, el presidente de los EEUU no puede simpatizar con nadie que estando dentro de la OTAN mantenga varios ministros simpatizantes con el bolivarismo y con indudables vínculos con lo peor de las dictaduras iberoamericanas. Roma no paga traidores. Sánchez en la OTAN tiene todo el aspecto de un Caballo de Troya con un enorme rótulo de «¡DANGER!» iluminado con bombillas intermitentes de colores. Hay quien piensa – y creo que tiene sentido – que unos desplantes de tal magnitud a Sánchez – el de la OTAN no ha sido el peor – pueden estar motivados por algo bastante más gordo que las burradas que ya conocemos de Sánchez y los suyos. Algo que aquí aun no ha aflorado pero que en Washington probablemente ya es conocido.
La sospecha tiene todos los elementos de las clásicas y disparatadas teorías de la conspiración, pero es que el gobierno de Sánchez es, en sí mismo, una verdadera teoría de la conspiración, en la que no faltan ni intentos de asalto a embajadas, ni trasiego de maletas traídas por una perseguida por crímenes de lesa humanidad, ni indultos a golpistas que apoyan al gobierno ni, mientras tanto, la invisible cifra de 140.000 muertos por Covid y pelillos a la mar.





