Ya sé que puede resultar redundante y repetitivo pero, visto lo visto durante tantos años, la Bienal de Flamenco de Sevilla es de flamenco y no de cosas raras que quieren inspirarse o parecerse a lo flamenco. Es de Perogrullo, pero ahí está el valor de la programación de esta Bienal del año 2026: que es flamenca.
La senda marcada hace dos años parece que sigue ahí y, si cabe, más flamenca aún. El subtítulo, Perlas a millares, parece una declaración de intenciones. Ojalá sea así.
Ya se presentó la Bienal de Flamenco en París y hará lo propio en Nueva York y en Roma. Ayer le tocó el turno a Sevilla.
Según la explicación de su director, será una Bienal que mirará muy de cerca al centenario de unos vértices fundamentales en la historia del flamenco: los cincuenta años de la muerte de Pepe Marchena y los centenarios de la concesión de la II Llave de Oro del Cante a Manuel Vallejo y de las primeras “grabaciones eléctricas con micrófono”. Protagonismo, pues, de la llamada época de la Ópera Flamenca.
La programación oficial, que va del 9 de Septiembre al 3 de octubre, se compone de 72 espectáculos, de los cuales 52 son “nuevas producciones”. De éstos, 22 son estrenos absolutos, que también son ganas de subdividir para buscar el éxito antes de que se alce el telón. Espectáculos que se repartirán por 11 espacios escénicos.
Como novedades, podemos citar la vuelta al Teatro Lope de Vega —bombonera histórica de la Bienal— y al Hotel Triana, la recuperación de la Plaza de los Toros de Sevilla —que servirá de apertura del festival con el espectáculo “El mundo por montera”— y el estreno de la Real Fábrica de Artillería.
Novedades son también la vuelta del cantaor jerezano José Merced a la Bienal, de Sara Baras, de José Manuel Cañizares.
Nos faltarían nombres como el de Tomás de Perrate, en su vertiente más gitana y jonda, o el de Jesús Méndez, un valor artístico difícil de igualar hoy en día. Y quizás, algo más de baile sevillano que parió Pastora Imperio y que Matilde Coral y Milagros Mengíbar llevaron a los cielos con la bata de cola. Con más de un centenar de artistas es difícil echar de menos nombres, pero así, a bote pronto, se me vienen estos a la memoria.
Pero es una Bienal de Flamenco muy flamenca. ¡A qué dudarlo! Parece que la senda se ha enderezado con la dirección en manos de Luis Ybarra y ahí sigue la cosa. Mimbres, hay. Ahora le tocará a los aficionados llenar los patios de butacas y a los artistas romper el aire con la verdad del flamenco.
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