Hacía años que no había tanto ambiente con el escalafón de novilleros. Y tanto Marco Pérez como Javier Zulueta lo justificaron ayer sobre albero de la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla. Cada uno a su estilo, porque cada uno tiene su estilo, bien llevados deben triunfar y ser alguien en el mundo del toro.
El día fue complicado, tanto que esta crónica se escribe a la antigua usanza, es decir, para ser leída en el periódico al día siguiente. El apagón que sufrimos en España condicionó toda la actividad y los festejos taurinos no se quedaban aparte. La luz volvió a varias zonas del Arenal, entre ellas la calle Adriano, pasadas las cinco de la tarde y, tras algunas dudas, se decidió dar la corrida, que se anunció con 20 minutos de retraso.
Marco Pérez y Javier Zulueta, emblemas del escalafón y renombrados por diversas causas, mostraron que el saber hacer delante del toro es una de ellas y propiciaron una entretenida tarde con los novillos de Talavante. ¿Quién ganó el mano a mano? Si miramos los fríos número, el salmantino. Si miramos los detalles pintureros y artísticos, el sevillano. Si miramos el conjunto de la corrida… Vamos a intentarlo. 
Marco Pérez demostró que tiene muchos recursos y que sabe jugar con ellos en función del enemigo que tenga enfrente. Por ejemplo, el primero embestía con codicia pero cabeceaba de forma molesta y supo aprovechar su virtud y, con gran esfuerzo, educar al de Talavante. En el tercero, de comportamiento imprevisible por cambiante, se lo tuvo que trabajar para arrancar alguna serie, porque el animal incluso llegó a echarse. Y mató bien, tras pinchazo, en una suerte que tuvo que ejecutar él solito, porque el bicho ni se movió. Pero el salmantino supo hacer que se viera su concepto del toreo. Y en el quinto, soso y que iba a ayudar poco pero tenía calidad y cierto recorrido, tiró de uno de esos recursos, el manejo de su mano derecha, para emocionar al aficionado.
Javier Zulueta tiene un concepto del toreo muy definido. El llamado “toreo sevillano”, pinturero, artístico, lento… Y es el que trata de mostrar siempre. Pero cuando el toro sale a contraestilo hay que hacer otras cosas. Por ejemplo, el segundo se fue desinflando poco a poco y necesitaba más toreo y menos detalles, más toques fuertes para obligar a la embestida y menos adornos. Al cuarto le estaba haciendo una faena muy pulcra, casi académica, pero no acababa de romper. Algo faltaba. Y al sexto, que no dejaba de puntear la muleta, poco le pudo hacer.
Pero ese “conjunto de la corrida” no fueron sólo estos dos párrafos de arriba. Por orden de preferencia, según este cronista, claro:
Las verónicas de Zulueta al segundo fueron soberbias, lentas lentísimas, recordando al mejor Juan Ortega e incluso, yéndonos más lejos, al portentoso capotero Fernando Cepeda. Pero con un sello propio, lo que demuestra la personalidad del torero.
El inicio de la faena de Marco Pérez al primero fue primoroso. Estatuarios, derechazos, pases por bajo, de pecho y lo que hiciera falta hasta llevarlo a los medios sin dejar de andarle.
También derrochó torería Javier para sacar al segundo a los medios, y darle unos derechazos sensacionales.
La serie de templados derechazos de Marco al quinto con un remate sacando la muleta por el hombro contrario fue de libro. Igual de vibrante que otra al primero, que tuvo un cambio de mano maravilloso.
No hay que dejar atrás el recibo de Zulueta al sexto, que salía suelto de cada lance tras la larga cambiada a portagayola. Las chicuelinas buscándolo primero y andándole después pararon al novillo de Talavante. Ahora, esos naturales al cuarto, de frente y uno a uno, con la espada de verdad y cuando parecía que todo había acabado levantaron una faena cuesta abajo y fueron toreo más caro que los aranceles trumpistas.
Unos últimos apuntes.
Los dos novilleros alargaron faenas que estaban agotadas, pero coincidiremos en que es un pecado menos que venial tratándose de chavales que empiezan. Igual de venial fue que Marco Pérez empezara algo acelerado -debut en Sevilla…-, ya que se asentó rápidamente y acabó conquistando trofeo ante el buen primer novillo de Talavante.
No parece que tengan serios problemas con la espada, hubo algunos pinchazos, alguna estocada mal colocada, pero nada cercano a un sainete y también buenas estocadas.
Javier Zulueta tendrá que apechugar durante toda su carrera con el horroroso pasodoble dedicado interpretado ayer por primera vez en la plaza de toros de Sevilla. Serviría más como sintonía de una serie de acción porrillera de los años 90.
Y, acabada la crónica del apagón en España y de más luz en el futuro del toreo, usted, paciente lector, es el que debe decidir quien ganó el mano a mano (otra ayuda). Porque que la Fiesta gana con estos dos chavales lo tenemos que tener claro todos.






