Cuando Despreciado, tercero de la tarde, salió al ruedo de la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla, en los tendidos ya se barruntaba la juerga. Una más. Oreja del primero a Castella, dos orejas del segundo para Talavante. Los detalles no importaban, importaba la jarana, la juerga, que no es lo mismo que la Fiesta.
Pero el tercero quiso poner las cosas en su sitio. Bravo, enrazado, con mucha casta, complicado, el de Victoriano del Río puso a prueba a Daniel Luque exigiéndole lo que hay que exigirle a los grandes toreros. Y el de Gerena no se arredró. Si no lo hace nunca, menos con sus compañeros de cartel exhibiendo trofeos.
El pitón izquierdo parecía ser el bueno de este animal y, aunque en los tendidos había dudas, por ahí empezó Luque. Los doblones previos no indicaron que el toro hubiera aprendido a embestir y como esos naturales al uso no convenían, el torero decidió ponerse entre los pitones, pero -lejos de mirar a la galería- porque era la única manera de hacer faena. Los naturales, circulares, circulares invertidos, derechazos y demás con los pies clavados en el albero configuraron una faena importante, plena de emoción, de torero poderoso y al alcance de muy pocos. Una buena estocada puso en sus manos una oreja, la cuarta de la tarde y la primera de verdad.
Seguramente se preguntará usted, sufrido lector, que por qué el inicio de la crónica es éste si en la tarde del 27 de septiembre de 2024 la Puerta del Príncipe volvió a abrirse. Y yo le respondo que porque lo más importante desde el punto de vista taurino fue esta faena de Daniel Luque y, además, porque la Puerta del Príncipe abierta de pa… par en par ya no es noticia, de puro intrascendente. Que un torero salga por ese sitio tan falto de respeto ya no aporta nada a la mística del lugar ni a la del mundo del toro. Sólo sirve para las frías estadísticas, discutibles cuando se construyen con tanta subjetividad.
Talavante estuvo muy bien con un magnífico toro, el segundo de la tarde. El animal derrochaba clase y su irregular comportamiento inicial fue corregido -mérito del torero- durante la lidia y al inicio de la faena. El extremeño entendió perfectamente a su enemigo y ligó buenas series por la derecha rematadas con circulares por la izquierda. Citaba muy abajo para sacarlo a media altura, cuidandolo y sin dejar de educarlo. Culminó antes de cambiar la espada con una tanda con circulares, naturales, derechazos y magníficos cambios de mano. Lo malo vino después: propinó una estocada baja que no entró completa, es decir, que el público dé su oreja, vale, pero que la presidencia imponga la cordura de la exigencia, joé. Pues nada; Gabriel Fernández Rey, presidente en esta primera tarde de San Miguel 2024, sacó alegremente el segundo pañuelo para certificar que, hoy en día, cualquier cosa vale con tal de promover la juerga continua.
¿Alguien recuerda a Pedro Castillo? Ese pundonoroso matador algecireño cortó una oreja en Sevilla a pricipios de los 90 después de culminar su faena con un tremendo bajonazo. El público, entonces, salió abochornado. Eran otros tiempos y el público estaba lleno de aficionados…
Lógicamente, a poco que el quinto embistiera íbamos a tener lío. Tal y como, la puertecilla fue abriéndose solícita a cada pase que Alejandro Talavante le daba al flojo pero noblote quinto de la tarde. Como la faena fue potable y la estocada pulcra, oreja y Puerta del Príncipe.
Castella también cortó una oreja al que abrió plaza. Enjaretó unos bonitos estatuarios al principio y varias series por la derecha con el pico de la muleta como protagonista. Tras una tanda de naturales el toro se vino abajo y el francés, equivocado, lo intentó arrimándose, pero esa no era la condición del animal. Dio una buena estocada y, tras petición dudosamente mayoritaria, el presidente sacó su agradable pañuelo.
Poco reseñable hubo en los dos toros restantes, así que cerremos la crónica destacando el buen encierro, en general, de Victoriano del Río, la lidia de Rafael Viotti al primero, los dos sensacionales pares de banderillas de Iván García al tercero y el ceñidísimo quite por chicuelinas de Daniel Luque al segundo, el de las dos orejas, que, por cierto, recibió el premio de la vuelta al ruedo mientras más de uno en el tendido se acordaba de los toros de Santiago Domecq lidiados en abril en este mismo ruedo.
Lo próximo, la segunda de la Feria de San Miguel. Un cartel apañaíto a la espera de lo que realmente se espera.






