Había expectación por ver a los toros de Alcurrucén en su regreso a la Plaza de Toros de Sevilla después de siete años de ausencia, pero los bonitos animales de la ganadería de los hermanos Lozano no dieron juego. Su falta de raza unida a su mansedumbre hicieron que la tarde del 19 de abril de 2024 transcurriera entre bostezos en la Maestranza. Alguno apuntó, pero luego no dio, ya que otro común denominador fue que todos llegaron mal a la muleta. Por desfondados, por parados, por descastados… Un petardo.
Lo único mínimamente reseñable estuvo de la mano de Sebastián Castella, que hizo sonar la música tras un par de buenas series, una por cada pitón, al segundo de la tarde. Gracias a eso pudimos volver a oír en la Plaza de Sevilla a Tejera interpretar el pasodoble Juncal, banda sonora de la mítica serie de televisión de Jaime de Armiñán, fallecido hace diez días.
Este segundo embistió con cierta calidad, pero a poco que Castella lo obligó, se paró. El esfuerzo del francés dio para tres series apañaditas en las que él lo hizo todo. Y ahí se acabó. Mató de una estocada y escuchó una ovación. El quinto sí estuvo entretenido. De salida, el más manso de todos, hasta el punto de que no se le pudo picar en condiciones. Como no andaba sobrado de fuerzas, tampoco lo echó mucho de menos. Y, de repente, en la muleta, el manso se arrancó a embestir. Buenas series por la derecha, la última con un cambio de mano y aguantando un parón escalofriante. Tras otra reseñable tanda de naturales el público pudo despertar del sopor. Mató de media y descabello tras escuchar un aviso y escuchó palmas.
Morante de la Puebla nunca deja de mostrar gestos y los que hizo en la lidia de sus dos toros fueron evidentes de que no le gustaba lo que veía. El primero entraba en las suertes mejor de lo que salía, hasta que decidió que no entraría más. Soso, mirón y tardón, no embestía por mucho que lo llamara. Y el cuarto, más de lo mismo. Sí se pudo disfrutar de la torería de Morante al sacarlo a los medios, pero el esperanzador inicio de faena se quedó en eso. Algún natural suelto propiciado por que el toro tenía calidad cuando embestía, pero poco más pese a la disposición del sevillano. Si a su primero lo despachó de media arriba, en el segundo hubo sainete: Tres pinchazos, media y tres descabellos. Sus dos faenas fueron silenciadas.
Y el tercer espada en liza, Tomás Rufo, también sufrió a los mansos y desrazados de Alcurrucén. Uno salía suelto de los lances y del caballo, metía la cara pero en los mismos vuelos decidía largarse. El otro, el último, muy distraído, andaba mal y embestía, por tanto, también mal. El joven toledano, empeñado, pudo sacar algunos pases sueltos, pero volvió a pecar de alargar la faena ante un toro sin alma. Pinchazo y media a su primero, estocada a su segundo. Silencio y silencio.
Destaquemos algunas cosas:
Fantástica la lidia de José Chacón al quinto.
Un buen par de banderillas de Fernando Sánchez al sexto con su habitual estilo de parsimoniosos andares.
Los capotazos de Curro Javer en la lidia del cuarto.
Le decía Juncal a su fiel escudero, Búfalo, que “con este viento, en estas fechas y con esos toros no se puede estar bien…”, al salir de la plaza de las Ventas (minuto 54:23) tras una corrida de su hijo. En esta agradable tarde de abril no hizo viento en Sevilla. Pero hubo toros de Alcurrucén. “¡En el mundo!”.






