Carlos Llandres es biólogo, naturalista, divulgador científico, y autor de numerosos documentales sobre naturaleza por todo el mundo. Y, además, fue amigo íntimo y estrecho colaborador de Félix Rodríguez de la Fuente en las míticas series El hombre y la tierra, y La aventura de la vida. En la actualidad, dirige el proyecto Hípica Las Minas, en Aznalcázar, para atraer ornitólogos de todo el mundo a Doñana y fomentar el turismo y el empleo. SevillaInfo ha hablado con él sobre Félix y otras cosas.

– Usted es vasco y reside en Sevilla desde hace tiempo.
– Resido en Sevilla hace muchísimos años, desde el año 1990. Empecé con trece años con Javier Castroviejo y José Antonio Valverde, en Doñana, como ‘pinche’ y colaborador, recogiendo los pájaros que iban a anillar, disfrutando y aprendiendo. Doñana me ha gustado siempre mucho.
– Ha trabajado con José Antonio Valverde, considerado el padre de la Estación Biológica y el Parque Nacional de Doñana y con Félix Rodríguez de la Fuente, ambos reconocidos naturalistas. De Félix dice que fue como un segundo padre para usted.
– Conocí a Félix con trece años. Con esa edad, envíe a WWF/Adena un papelito con el número de halcones que yo había censado en la provincia de Madrid. Un día llegó a la sede de esta institución y preguntó, como de costumbre, si había alguna novedad. Le dieron mi papelito y se lo guardó en el bolsillo. Se fue directamente a un estudio de sonido, que casualmente era de mi tío, a ponerle voz a una serie de televisión. Tras la grabación, mientras se tomaban unas cervezas, le leyó el papel a mi tío, que reconoció que era yo por mi firma. Se lo comentaron a mi padre y recibí la llamada de Félix. Imagínese, casi me desmayo al oír su voz por teléfono. Desde entonces, todos los fines de semana me llamaba para salir al campo para comprobar que era cierto todo lo que le había escrito. Posteriormente, me tuvo como buscador de animales mientras estudiaba y, después, comencé a trabajar con él y a viajar por Alaska, Canadá. Me ayudó en todo desde muy joven.
– Tras su muerte escribió Contaba Félix (editorial VintalCrea), un libro donde cuenta cómo era realmente Félix detrás de las cámaras.
– Sí. Quería contar la parte más humana de Félix, no lo que se veía en televisión, aunque hay pocas diferencias porque era un hombre muy llano.
– Hace unos meses acudió al programa Cuarto Mileno, de Iker Jiménez, para hablar sobre ciertas incógnitas relacionadas con su muerte.
– Hay preguntas sin resolver. Fui al programa porque un abogado había presentado una nueva denuncia sobre las circunstancias de la muerte de Félix que apuntaba al suicidio. Sostenía que Félix se volcó sobre los mandos del copiloto y la avioneta se estrelló. Eso es absolutamente falso. Félix era un hombre valiente y entregado a su equipo. Me parece horroroso que siembren la duda sobre una persona como él, con todo lo que hizo por nosotros.
Por otro lado, si nos vamos al informe policial del FBI y de la Real Policía Montada del Canadá, en Alaska, resulta que dicen que se había caído un patín de la avioneta, que se desniveló y capotó, pero luego en las fotos, la avioneta tiene el patín en su sitio. Es decir, se soltó un patín, se cayó en la nieve y después ¿se volvió a colocar en su sitio? También desapareció el avión y la película que estaban grabando, que podía contener imágenes de esos últimos instantes antes del accidente. ¿Por qué desapareció todo eso? Todavía hoy existen dudas sobre las circunstancias de su muerte, otra cosa es elucubrar.
– ¿La famosa escena en la que el águila atrapa a una cabra y se eleva estaba preparada?
Estaba preparada. De la misma forma que todo está preparado cuando vemos un documental de National Geographic o la BBC. Para hacer documentales de naturaleza hay que preparar muchas cosas. Puedes preparar escondites, los llamados «hides», donde se meten cámaras y grabas cosas, pero hay otras que no se pueden hacer. Por mucho que lo diga National Geographic o la BBC. Se tardan meses en grabar. Meses llamando al águila, poniéndole de comer… y al final le pones una cabra muerta y llega el águila y se la lleva, y el cetrero es quien la empuja hasta que termina precipitándose con la cabra.
– ¿Y los lobos de El hombre y la tierra?
– Eran amaestrados. Esas imágenes costaron grabarlas casi seis meses porque teníamos el sitio, sabíamos por dónde se ponía el sol, pero los lobos corrían un día para un lado y al siguiente hacia otro lugar, o amanecía un día de lluvia. Se tarda mucho. Félix fue un precursor de los documentales de naturaleza. De hecho, cuando Adolfo Suárez era presidente de TVE, antes de ser presidente del Gobierno, llamó a Félix para preguntarle cuánto quería cobrar por cada capítulo. Félix le dijo que 300.000 pesetas. Adolfo Suárez le dijo que era excesivo. Entonces Félix le propuso a cambio quedarse con los derechos de la serie arriesgándose a que fuera un fracaso. Ganó mucho dinero. Mucho más de 300.000 pesetas.
– Cómo estamos después de Félix, ¿hemos hecho los deberes o nos quedan asignaturas pendientes?
– Nos falta aprender mucho, como en tantos otros campos de la ciencia. Hay que poner un poco de seriedad como puso Félix en su día en la naturaleza y prestar atención a los técnicos y a los profesionales. Si queremos una naturaleza donde haya lobos, habrá que asumir los costes que esto conlleva. Eso lo dijo Félix en Radio Nacional y, sin embargo, hoy ves manifestaciones con imágenes de lobos con la cara de Félix lanzando un mensaje contrario a lo que él dijo. Lo que sí está claro es que la naturaleza necesita de todos sus componentes, pero hay que buscar remedios. Porque el hombre es lo más importante de la naturaleza. Debe serlo. De hecho, el programa se llamaba El hombre y la tierra.
– Se considera ante todo un naturalista.
Soy un hombre de campo. Tengo que moverme. Si van a cazar patos por la noche en las marismas de Trebujena, me meto a las tres de la mañana, espanto a los patos y me voy tranquilo a casa lleno de fango, de barro y muerto de frío. Soy persona de campo y no de laboratorio ni de sentarme ante un ordenador.
– Por tanto, defiende la caza.
Sí, por supuesto. Yo no cazo. Si los cazadores por matar un conejo están provocando que haya linces, azores, águilas imperiales y un montón de especies, siempre defenderé la caza. Pero no al cazador que dispara por disparar y es capaz de matar a un águila. Y si paga su dinero y mantiene un coto, mucho mejor
– ¿Tierra, mar o aire?
Tierra siempre.
– ¿Qué sintió cuando Sanidad decidió sacrificar a Excalibur, el perro infectado del virus del Ébola? ¿Acudió a alguna manifestación?
– No, por supuesto que no. Me encantan los perros, pero Excalibur tenía que morir. La mínima posibilidad de que pudiera transmitir el ébola era motivo suficiente para sacrificarlo de una forma no dolorosa, claro.
– ¿No cree que hay mucho ‘mundo de Yupi’ y de universo Disney en esto del ecologismo?
– Totalmente. Tras la muerte de Félix me sentí muy solo y me fui a vivir durante mucho tiempo con comunidades indígenas. De hecho, soy el único español que ha estado con las siete comunidades indígenas de Centroamérica. Con algunas llegué a tener una relación muy estrecha, como son los «emberá», y aprendí mucho de la vida. Los extremismos, y creer que siempre tienes la razón cuando no conoces todos los parámetros que lo fundamentan, es algo que me repele.
– ¿Qué opinión le merecen los activistas medioambientales de Twitter y sofá?
– Me parecen patéticos. Una persona que no ha pisado nunca el campo o no le han picado los mosquitos y está sentado todo gordito, comiendo chocolatinas frente al ordenador y ve la cara de un gatito en Twitter y dice: «pobrecito no hay que matarlos». Si supieras el daño que hacen los gatos. Soy partidario de eliminar todos los gatos de pueblos y ciudades. Miles de aves migratorias mueren todos los años por este motivo. En el Parque de María Luisa hay multitud de gatos que había que sacrificar porque tienen sarna. De hecho, hace poco, en un parquecito cercano al lago del Parque de María Luisa hubo un brote de sarna en niños. ¿Alguien entiende que sea más importante un gato que un niño? Cuando nosotros como seres humanos somos capaces de desearle la muerte a uno de nuestra misma especie antes que a otro animal, está ocurriendo algo muy grave. Esas personas carecen de juicio y no hay que valorar sus opiniones.
– Miguel Delibes, hijo, aunque naturalista, afirmó en una entrevista que «sin justicia económica global no podremos salvar la naturaleza». ¿No cree que esta afirmación responde más bien a una ideología globalista con otros intereses?
– Claro. Totalmente de acuerdo. Hace muchos años en un congreso en Brasil se utilizó la frase: «Usar para conservar». Si queremos y debemos conservar la naturaleza es por el beneficio de la Humanidad, del hombre. No en beneficio de la ratita, el insecto u otros intereses.
– Calentamiento global, cambio climático… ¿De veras que todo se debe a la acción del hombre y a su modelo de desarrollo o existen también causas naturales?
– Durante la historia del planeta Tierra ha habido muchos cambios climáticos, pero es cierto que este se está acelerando, llegando a niveles insostenibles. Desde 1900, cuando comienza la era industrial, empezamos a lanzar humo al medioambiente, a destrozar ecosistemas enteros. Estamos en un límite muy peligroso. Estamos hablando de cientos de miles de especies que se extinguen cada día y eso es muy grave y condiciona el futuro del ser humano.
– ¿A quién invitaría antes a comer un arroz con conejo en la Puebla del Río: a Al Gore o a Greta Thunberg?
– (Risas) Al gore. Es serio. Le conozco. Me invitó a una conferencia sobre cambio climático que tuvo lugar en Huelva, en un hotel en Punta Umbría. Él hace cosas serias y tiene un equipo de científicos que hace cosas serias. Greta es una pobre chavala de apenas dieciocho años que no puede tener conocimientos suficientes para emitir opiniones de relevancia. Tiene la opinión de una niña que está al servicio de ciertos intereses.
– ¿Cómo ve el ecologismo radical? ¿No lo ve un poco como una sharía globalista que nos tratan de imponer a todos?
– Intentan imponer sus criterios sin importarles realmente qué beneficios va a tener para el hombre. Están teledirigidos.
– Tengo entendido que le gustan los toros.
– Me gustan los toros, pero no me gusta el sacrificio público de un animal. Es una cuestión personal que no tiene que ser transferible a nadie, pero entiendo que el toro es el guardián de la dehesa ibérica y, por tanto, un elemento importante de conservación de la península ibérica. Yo no voy a la plaza a verlos, pero sí al campo. Es más, tengo un hijo que durante un tiempo fue novillero.
– Centrémonos en Doñana. Muchos cazadores afirman que el lince está en extinción porque en su hábitat carece de alimento. Porque no hay conejos. ¿Es así de simple?
– Los cazadores tienen razón. El lince está en peligro de extinción porque se han hecho las cosas muy mal. Antes, en Doñana, existían muchos oficios, como el de carbonero, que ayudaban a regenerar la hierba necesaria para alimentar a los conejos. Llegamos los conservacionistas, los listos (risas), y los prohibimos, provocando el desplazamiento del lince hacia otros lugares en busca de alimento. Esto hace que los linces se peleen y amplíen su territorio saliendo incluso a la carretera. Los conservacionistas tenemos que entonar el mea culpa porque se han tomado decisiones arbitrarias que han eliminado usos tradicionales que estaban favoreciendo a la fauna y a la flora. No hemos llegado aquí porque somos los más guapos, sino porque nuestros abuelos lo hicieron bien. Ahora mismo hay más linces al norte de Doñana como en Aznalcázar, Pilas, Villamanrique de la Condesa o Hinojos, que en el interior del parque. Cuando llegué de joven con Valverde había 116 parejas de águilas imperiales, ahora solo hay una. Y eso que les ponen los conejos muertos del Mercadona para que se los coman en lo alto de una encina. En Doñana de interior no hay conejos, por eso están esos animales por esta zona norte. Todo animal necesita su presa para vivir, pero si no lo tiene…
– Y por qué no introducen el conejo en ese Doñana de interior que usted dice.
– Porque han hecho una legislación interna tan absurda que no te puedes ni mover. No puedes ni tocar un mosquito. Hay que ser sensatos. Lo mismo que ocurre en esta zona norte de Doñana, repoblemos el resto del parque. Y entonces volverá a recuperarse Doñana.
– ¿Ha conocido a muchos linces de dos patas en Doñana?
– Sí, varios (risas).
– Dicen los nativos del Doñana que el fuego se apaga en invierno y no en verano. ¿Está de acuerdo?
– Claro. Es lógico. Cuando no limpias el monte salta una chispa. ¿Por qué se está extinguiendo el urogallo? Porque todo está lleno de matorral y de zorros, y a los cazadores no les permiten cazar zorros. Hay que buscar los porqués.
– Conservación vs desarrollo. ¿Cómo se articula todo esto para una coexistencia pacífica?
– Tiene que existir la parte industrial porque ya no sabemos vivir sin determinadas cosas, pero por otro lado tenemos que llegar a un equilibrio entre desarrollo industrial y desarrollo medioambiental. Buscar en la naturaleza fuentes de trabajo y desarrollo rural compatible con la biodiversidad. Entendimiento entre el mundo rural y nuevas actividades y puestos de trabajo. Que haya gente que limpie el monte y volvamos a tiempos pasados.
– ¿La economía será verde o no será?
– Será de muchos colores, pero tenemos que ir hacia una economía también verde por cuestión de supervivencia para las generaciones futuras.
– Dicen los ecologistas que el planeta ha hablado durante el confinamiento.
– El planeta no habla. No ha hablado nadie. La naturaleza es la que nos ha indicado el camino. Lo que hay que hacer es tomar con sensatez las cosas y escuchar a científicos, a las personas que saben y darnos cuenta que a día de hoy hemos consumido en el mundo mucho de los recursos que tendríamos para este año. Ya estamos viviendo de prestado. Eso es lo que está ocurriendo en el planeta. No podemos perder calidad de vida porque cada animal que se extingue es una cadena y un ser vivo irreemplazable. Hay que tomarse las cosas en serio, porque si no nuestros hijos lo van a pasar muy mal.

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1 Comment
El Sr. Llandres ha malgastado su vocación. Haría un excelente papel de taxista filósofo, telepredicador o cuñao.
A ver si explica qué debemos hacer los conservacionistas con la fauna de mediocres como él.
Saludos cordiales