Un colectivista es, ante todo, un tipo incapaz de ver a nadie como individuo.
No es que lo sospechen, sino que están convencidos de que un individuo nunca es tal, pues, como les sucede a ellos, sólo se siente a sí mismo como parte de un grupo, de una consigna, de una obediencia que les castra y les limita y no pueden imaginar que nadie aspire a ejercer de tales en su entera libertad.
Estos seres, tan necesitados de una taxonomía permanente que les agrupe y les haga sentir gregarios, precisan incluirte a ti en su noria, en la propia o en otra, y en este último caso ocupando el papel de ‘enemigo’, sin escapatoria.
Abominan del individuo y de su libertad: o eres de los míos o eres… “un facha” (o lo que es lo mismo: no eres) y no hay más categorías. Sienten la irrefrenable pulsión de definirse como “antifascistas”, aunque el fascismo no esté ni se le espere, pero entonces amplían la pirueta y cambian lo de fascista por algo más preciso: el facha. Y el facha ya no es un fascista, sino todo el que discrepa de las consignas. Y ese es el problema que les colapsa el silogismo y que les convierte definitivamente en totalitarios, que no admiten ni la menor reflexión discrepante, salvo la discrepancia misma que te convierte de inmediato en facha; porque eres tú, el presunto “facho”, su único verdadero elemento identitario.
Tan necesitados están de ello para su propia supervivencia que si el facha no existe ni por asomo en su entorno, ellos lo inventan y te califican como tal o generan un holograma fantasioso sobre el miedo al facha que está a punto de generarse y explotar en toda la sociedad.
La irritante manera de absorber tales consignas (ya digo, imprescindibles para su medio ambiente vital), termina por fabricarle la fantasía de una presunta odisea que él mismo ha de afrontar para salvar al mundo del fantasma faccioso q nos amenaza a todos.
Ellos han venido a liberarte si te pliegas, como ellos, a las consignas. Si no, ya sabes, les sirves de alimento necesario y te convierten en el facha imprescindible con el que desayunan y se acuestan: tan necesario eres para que ellos puedan seguir atados a las consignas de su colectivismo de salón.
O sea, una patología insoportable. O sea, el socialismo.
He dicho.





