Empezaba a caer la tarde cuando al cerrar el comercio el centro se despobló prácticamente de transeúntes. Las nuevas medidas de la Junta de Andalucía, que han decretado la obligación de suspender todas las actividades no esenciales a partir de las 18:00 horas, provocaban el aspecto de una Sevilla deshabitada en sus calles. Una fría soledad (nunca mejor dicho en estos días de bajísimas temperaturas) se apoderaba de tantos lugares hasta ahora llenos de público por veladores y tiendas en rebajas, cuando no padeciendo la única y última posibilidad de sus liquidaciones totales.
Las imágenes, como tantas veces, lo cuentan todo mejor que un texto. Es el centro de Sevilla a partir de las 18:00 horas del lunes 18 de enero, primera tarde en la que se han aplicado las nuevas medidas de la Junta de Andalucía en orden a restricciones de movilidad en nuestra capital, con la limitación horaria para el comercio y todas las actividades denominadas no esenciales, que exceptúa a los supermercados. Si a ello se suma la recomendación del autoconfinamiento personal, la situación de las calles y las plazas del casco histórico es de casi desierto. Sólo unas pocas personas deambulan por el mismo. Y es posible que la escasa presencia de gente haga temer a muchos permanecer fuera de casa en unos momentos de tal vacío en las calles que, ¿quién sabe?, pueda ser la ocasión perfecta de los delincuentes comunes para hacer de las suyas antes de que comience el toque de queda a las 22:00 horas. Una hora, por cierto, que espera iniciarse a las 20:00 si el Gobierno central lo autoriza, posibilidad que ahora mismo está en estudio.
Hasta vías tan relevantes como Sierpes, o plazas tan nucleares como La Campana y la de San Francisco, han visto desaparecer de inmediato su caudal acostumbrado de ríos humanos. También los templos sienten el silencio y la total ausencia de fieles y devotos. Y es desolador contemplar carteleras de espectáculos que son aplazados en sus fechas, con la esperanza de que efectivamente para otro momento puedan celebrarse. El mundo del espectáculo es uno de los más lesionados por las restricciones.
Es una Sevilla machadiana, que además de haberse quedado sin el turismo, también se queda ahora sin sevillanos llegando el ocaso de cada día.
Galería fotográfica de Beatriz Galiano
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