Con sentido de la responsabilidad, guardando las distancias de seguridad decretadas, Sevilla volvió a rendir su tradicional homenaje a la Inmaculada. Cientos de personas veneraron a la Virgen en sus iglesias o, como en el caso de la Plaza del Triunfo, al aire libre, junto a la Catedral, depositando ramos de flores a los pies de su blanco monumento.
A lo largo de todo el día dedicado a su festividad, los sevillanos volvieron a mostrar su gran devoción a la Inmaculada.
En la capilla del Colegio de las Esclavas la imagen de la Virgen, entronizada en el camarín que ocupa en el altar mayor, recibía la visita de cientos de personas que, ordenadamente y siguiendo las normas establecidas para mantener las distancias de seguridad, se sucedían ocupando los bancos del templo para orar ante la que seguramente sea la Inmaculada más bonita de Sevilla. Se trata en realidad de uno de los tesoros ocultos de la ciudad, una imagen emocionante de la Virgen María, que parece mirar conmovida a Dios y se sobrecoge llevándose las manos al corazón. Son muchas las generaciones de sevillanos que, alumnos del Colegio de la Esclavas, han crecido al amparo de esa Inmaculada única y excepcional de Sevilla, la que han llevado colgando del cuello su medalla, la que reproduce un rostro bellísimamente aniñado de la Virgen.
Muy cerca de la calle Jesús, quedaba para cientos de sevillanos la Iglesia de San Antonio Abad, donde reside la Hermandad de El Silencio, donde María Santísima de la Concepción estaba en su besamano tradicional, por esta vez restringido a la posibilidad de inclinar reverencialmente la cabeza ante la magnífica imagen del escultor Sebastián Santos. Como es invariable e infalible, la Hermandad del Silencio hizo gala de su exquisitez en toda la ornamentación de celeste inmaculista con que rodeó a su venerada titular.
En la capilla del Arco del Postigo, la Pura y Limpia también fue expuesta en su tradicional besamano, ya sabemos que ajustándose a las normas sanitarias exigidas, sin besos en la sagrada imagen. Fue otro ejemplo de buen gusto en el exorno floral y en las refinadas formas estéticas de esta Hermandad que radica donde Sevilla tiene su linde color de albero con el Barrio del Arenal, que parece abrir su puerta con el hermoso retablo cerámico de la Piedad del Baratillo.
Y por último, en la Plaza del Triunfo terminaba para muchos un recorrido mariano ante el monumento a la Inmaculada, a cuyas plantas las tunas habían dejado durante la tarde anterior, y en versión íntima, sus acostumbradas ofrendas florales.
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- Foto: Beatriz Galiano
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