La imagen es tan real como su crisis económica, por desgracia una más entre tantas y en tantos sectores de la ciudad. Los cocheros padecen una auténtica ruina, que se presume irá para largo en una Sevilla que no remonta turísticamente. Se quejan rogando encarecidamente proteger sus nombres y mantenerlos en el anonimato: “Nos ha tocado el peor alcalde para las peores circunstancias. No es más que un soñador sin verdaderas soluciones. Si esto sigue así, los cocheros pueden desaparecer en Sevilla”.
Eso que los cocheros llaman “esto” puede comprobarse por cualquiera en la zona más monumental de Sevilla, junto a la Catedral y a la Giralda, en plena Plaza del Triunfo junto al Alcázar.
Los denominados coches de punto pasan las horas de este mes, en el que nadie podría “hacer su agosto”, aparcados y sin clientes. A Sevilla apenas ha llegado un turismo que demande la oportunidad de dar un paseo por los lugares característicos y de fama, propios de los recorridos que presta este servicio: el Parque, las avenidas paralelas al río, contemplar la Torre del Oro, etc.
Los cocheros declaran que está dejando de compensar sacar a los caballos todo el día para tenerlos parados y pasando calor. El aspecto de la Plaza del Triunfo hace recordar un auténtico museo de carruajes, sin vida ni actividad comercial. Como se puede ver en las fotografías, los cocheros matan el tiempo de la mejor manera posible, manteniendo conversaciones en imprevistas tertulias. Hacen lo que pueden mientras no pueden lo que quieren: trabajar, ganarse su sueldo, sacar adelante sus vidas y las de sus familias.
Juan Espadas, el alcalde socialista, ha fracasado en otra más de sus quimeras, pues todo lo cimenta en una “sostenibilidad” que ya provoca la hilaridad y la crispación de los sevillanos. Se quedó tan pancho -como en tantas otras cosas de su pésima gestión municipal- proclamando por todas partes que había obtenido para Sevilla un sello internacional que la declaraba ciudad segura para el turismo. Un Quijote. Porque a la vista está que no puede ser segura una ciudad mientras el uso de las mascarillas sea obligatorio en todos los lugares públicos, una exigencia legal que impera bajo temperaturas de más de cuarenta grados en verano. No se pueden albergar ilusiones sobre la vuelta del turismo mientras los bares de copas y discotecas soportan límites de horario nocturno. “Espadas se piensa que el mundo es tonto como para embaucarlo a realizar a Sevilla viajes light, amenazados con multas desde 100 euros si no se lleva puesta la mascarilla”, afirma un cochero. Aparte, los propios países han recomendado no venir a España, como ha hecho entre otros el Reino Unido, de una importancia de relieve en cuanto al turismo que elige a Sevilla como destino. Algunos de esos países exigen la cuarentena a sus ciudadanos en el caso de que regresaran a sus lugares de origen después de haber estado en España.
El turismo, según muchos de sus profesionales, está gravemente lesionado, pero no tanto por la pandemia como por unos políticos desastrosos e incompetentes que dictan unas normas incompatibles con el disfrute que siempre ha contemplado viajar. Los políticos y sus improvisadas y alocadas normas han roto los vasos comunicantes del turismo, porque ni a Sevilla apenas llega nadie, ni desde Sevilla tampoco sale alguien hacia otra parte. Prueba de ello son los datos recientemente ofrecidos por las agencias de viajes sevillanas, cuyas ventas han venido en picado hasta conocer pérdidas del 90%.
Sevilla es un penoso aparcamiento de coches de caballos sin usuarios, corriendo un gran peligro de desaparición esta forma peculiar de recorrer la ciudad, que además dota a Sevilla de una de sus más emblemáticas y características estampas.
……










1 Comment
Eso es maltrato animal.