Tras el Pregón de pregones en el Maestranza, los sevillanos se adentran en una Semana de Pasión que se encamina hacia un Domingo de Ramos excepcional, con el que dará comienzo una Semana Santa que no lo es realmente para miles de sevillanos, que no la sienten ni esperan con la orientación meramente litúrgica y de cultos internos con la que está orientada por el arzobispado. Los cofrades miran sin embargo hacia las exposiciones, los pasos en los templos, o los altares especiales que se levantarán con sus sagradas imágenes.
Por más que se empeña y lo desea, la Iglesia diocesana no logra las cotas de seguimiento ni de participación populares que sí alcanzan las convocatorias cofrades, que provocan largas colas y llenos en todas partes. Exposiciones, altares especiales para sus sagradas imágenes, e incluso algunos pasos en los templos, conforman como visitas los planes de la mayoría de los sevillanos para disfrutar, aunque sea bajo mínimos, una Semana Santa a la que no consideran como tal por discurrir sus días sin cofradías en la calle.
El arzobispo se empeña erre que erre (desde luego es lo suyo, lo legítimo) en que lo fundamental está en el culto interno; pero la verdad es que para la inmensa mayoría de miles de personas eso les entra por un oído y les sale por el otro: que no les hablen de cambiar por misas, oficios y demás liturgias católicas su Semana Santa auténtica, la que les ha llevado hasta Dios y la Virgen con una intensidad en su fe que la Iglesia no es capaz de conseguir de forma tan eficaz ni inmediata. Como sentir multitudinario del pueblo sevillano, la Semana Santa es otra cosa que lo que se afana en declarar el arzobispo. Es la de sus pasos en la calle, el gozo de ver salir a sus imágenes al aire libre. La religión y la fe en Dios tienen en Sevilla y a través de sus hermandades expresiones mucho más fuertes en el discurrir de las cofradías por las calles y barrios que estar guiadas por un clero cuyas ceremonias y predicaciones (de bostezar) no son comparables en asistencia y participación al imán que ejercen las cofradías, atractivas y de indiscutible reclamo para miles y miles de personas que apenas caben en cualquier parte si se trata de su fervor popular.
Nuestra galería gráfica, de 25 muestras, a pesar de su extensión da al lector una mera idea de todo el abanico de posibilidades para acogerse estos días y los que vienen al calor de unas hermandades que por segundo año consecutivo han de padecer la suspensión de sus pasos en la calle.
El Círculo Mercantil ha organizado una exposición sobre los tesoros y monumentos de algunas de esas hermandades, ofreciendo una gran ocasión para contemplar de cerca y al detalle los techos de palio de las vírgenes del Refugio (San Bernardo) y Gracia y Esperanza (San Roque), o la delantera del paso de Nuestra Señora de la Hiniesta, los llamadores de La Paz, San Bernardo o La Estrella, la custodia dorada y eucarística de la Hermandad de la Sed, la bambalina de la Virgen de Guadalupe llevando bordado el monumento de la Inmaculada en la Plaza del Triunfo, etc.
En la Iglesia de la Anunciación ya están los pasos de la Coronación de Espinas (que siempre fue llamado “el de los espejitos”) y el de Nuestro Padre Jesús con la Cruz al hombro (la Verónica).
Nuestro reportaje hace recolección de cuanto se ha podido ver en estos últimos días en los templos sevillanos: el altar de cultos de la Hermandad de Los Gitanos, el de la Virgen del Valle (impresionante, como siempre, en su estilo de la mejor elegancia y solera cofrade), la Virgen de Regla de hebrea, altar de cultos de Los Servitas en San Marcos, la Virgen de los Dolores (de las Penas, de San Vicente) con el sello inconfundible heredado del inolvidable Juan Carrero, altares de Jesús de las Penas, de las Siete Palabras, de la Virgen de la Cabeza, etc.
La ciudad ha encontrado, no cabe duda que a través de sus hermandades, el amparo y la ayuda para superar junto a ellas la suspensión de la próxima Semana Santa.
Fotografías de Beatriz Galiano
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