Hace hoy 44 años, un poeta humilde y prácticamente desconocido fuera de su entorno familiar, José Llopis Cordero, escribió unos versos que reclamaban para Sevilla un homenaje que entonces parecía lejano: la erección de una estatua dedicada a don Aníbal González, arquitecto mayor de la Exposición Iberoamericana y patriarca indiscutible de la estética sevillana contemporánea.
El poema, fechado el 19 de julio de 1982, decía así:
Poema de José Llopis Cordero (1982)
A Don Aníbal González
Si al hombre se rinde culto, levantándole una estatua, Sevilla tiene una deuda, por cierto, bastante rancia, con don Aníbal González, sevillano Patriarca. Del gremio de constructores y autor que fue de la Magna, joya de la arquitectura: la Exposición, «cuerpo y alma». De la hermandad de los pueblos, que como nosotros hablan, el idioma colombino, de la Lengua Castellana. La estatua de don Aníbal, por suscripción costeada, tendría un sitio excelente, allá en la Plaza de España, con este sencillo epígrafe: «Sevilla te tiene a gala».
Durante décadas, estos versos permanecieron guardados únicamente por la familia del poeta. Su recuperación ha sido fruto de una feliz casualidad: Manuela Llopis, hija del autor, lo llevó al aula de la profesora Doña Rocío Moyano, del Centro de Educación Permanente de Adultos. A partir de ese gesto íntimo, el texto comenzó a irradiar un nuevo significado.
El deseo de Llopis —ver a Aníbal González honrado en la Plaza de España— se ha cumplido con el paso del tiempo. Sevilla reconoce hoy al arquitecto como uno de sus grandes patriarcas artísticos, autor de una obra que simboliza la hermandad de los pueblos hispanos y la proyección universal del castellano.

Un aula convertida en espacio de memoria
El poema volvió a resonar recientemente en un acto cargado de emoción. El alumnado de Educación de Adultos, en ese “despertar de ilusiones” que tantas veces propicia esta modalidad formativa, recibió la visita de don Aníbal González Serrano, nieto del arquitecto, y de don Aníbal Álvarez Ossorio, descendiente directo del maestro.
La sesión se transformó en un momento histórico: una conferencia magistral sobre la obra del arquitecto, la entrega del poema por parte de Manuela Llopis y la certeza de que la memoria cultural puede renacer en los lugares más inesperados.
Homenaje a los grandes… y a quienes los recuerdan
La historia de este poema demuestra que la grandeza no solo reside en quienes levantan obras inmortales, sino también en quienes, con humildad y afecto, preservan la memoria de los demás. Sevilla honra a Aníbal González, pero hoy también se reconoce la voz de José Llopis Cordero, que supo ver antes que nadie la deuda de la ciudad con su arquitecto.
Un homenaje doble: al creador y al admirador, al legado monumental y a la palabra sencilla que lo reivindicó.

Rocío Moyano del Estad
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