La Iglesia de Sevilla ya tiene su concreta normativa para las procesiones en el contexto de la crisis sanitaria. Se regula como parte de una contemplación general de los cultos, tanto internos como externos, de acuerdo con las nuevas circunstancias y cómo afrontarlas en la Archidiócesis hispalense. El arzobispo, Juan José Asenjo, ha firmado un decreto que establece las normas a seguir, tras estimar que se ha superado «un tiempo prudencial desde el levantamiento del estado de alarma».
De cuanto abarca el decreto, no cabe duda de que los sevillanos están pendientes de saber si favorecerá o no la salida de sus cofradías. La presencia de las mismas en las calles ayuda a la vida espiritual de miles de personas, por más que la Iglesia y su clero pretendan siempre redirigir esa tendencia a las celebraciones eucarísticas, frecuentar los sacramentos o seguir las doctrinas más tradicionales.
Pero la realidad es que el detonante de la fe de muchísima gente surge y se alimenta en torno a los cultos externos de las hermandades, por mucho que se ubiquen canónicamente en el seno de la Iglesia Católica. Para miles de personas hoy, Dios ya no está solo en la Iglesia y donde la Iglesia dice. Las cofradías ofrecen en la actualidad, se quiera o no -porque ya es evidente-, una gran oportunidad de experiencias religiosas para acercarse a la divinidad, sintiendo profundamente que no es imprescindible para eso ni la mediación de la Iglesia ni el cumplimiento de sus preceptos. Tantas decepciones personales sufridas con las conductas de sacerdotes y monjas, tanto conocimiento de comportamientos ilícitos, como en los casos de pederastia y abusos sexuales, han provocado la desbandada de millones de personas que ahora siguen libre e individualmente a Dios escuchándolo en su corazón y en la buena conciencia de hacer el bien a los demás.
Por eso la medida del decreto arzobispal que reclama la máxima atención popular -no para practicantes incondicionales- es aquella que incide en hacer viables otra vez a las procesiones. Es la gran preocupación de los sevillanos, más allá por ejemplo de la obligatoriedad o no de asistir a misa.
Tres fuentes de criterios decidirán cuándo puede haber procesiones: las recomendaciones de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (siempre tenidas en cuenta con carácter amplio para toda la Iglesia, no sólo la de Sevilla); y una doble autorización, la del Ayuntamiento y la del arzobispo, habiéndose de contar además con la de la Delegación Diocesana para Asuntos Jurídicos de las Hermandades cuando se trate de la calificación de procesiones extraordinarias.
El decreto del arzobispo sevillano está firmado después de consultar las recomendaciones y criterios de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española y, asimismo, de la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía.
Muchos se preguntan ahora si no se ha actuado con una cautela exagerada para haber suspendido con tanta antelación la procesión de la Patrona, la Virgen de los Reyes, que se hubiera celebrado el próximo 15 de agosto, su fecha tradicional en la Festividad de la Asunción de la Virgen María.
No habiéndose atrevido a salir la procesión de la Virgen de los Reyes, entre los sevillanos se hacen cábalas sobre qué hermandad con posibles salidas extraordinarias se atreverá a dar el paso, el primer paso -nunca mejor dicho- para que Sevilla vuelva a ver a una de sus imágenes en la calle. No cabe duda de que aquella que lo haga entrará en la Historia de las cofradías como la primera que pisó las calles de la ciudad después del estado de alarma que obligó a la suspensión de la Semana Santa de 2020. ¿Cuál serla La Valiente del siglo XXI?





