
Es la historia de quien te conmueve a golpes de querer, día a día, y cuando estás envuelto en esa vorágine de celos y deseos esgrime la mueca de la duda y se da la vuelta dejándote, sin aparente causa, entre la niebla espesa de la desolación. Con el corazón acorralado, esperando en las sublimes noches del pasado, en esa obscuridad húmeda e ignorante; si acaso, con alguna lágrima deslizándose perdida por entre las líneas del semblante.
Es la historia de quien prende luces en el silencio, y cuando te ves rodeado de relámpagos y ensueños saca a relucir la angustia y se da la vuelta dejándote, sin aparente causa, atado a la cadena del recuerdo, al acecho. Con el corazón dolido, calado de estigmas hasta los huesos, tropezando con las cosas que se fueron, en esa obscuridad donde nadie distingue una perla de un diamante; si acaso, con la lágrima rodando pero cobijándose rauda en el hueco de los labios.
Es la historia de quien luce en la solapa fuegos, y cuando intentas retenerlos para quemarte con ellos sopla desde lo alto y se da la vuelta dejándote, sin aparente causa, casi ciego por el humo, con la mente atormentada, en esa obscuridad que palpita aún más lóbrega que antes; si acaso, con un destello impermeable de ternura.





