El espectacular eclipse total no debe hacernos olvidar que han transcurrido ya 6 meses desde el inicio del demencial ataque de Israel y de EEUU a Irán y que la situación está mucho peor que cuando se inició el conflicto. Como ha descrito “El País” en un editorial, lo único que ha aportado la guerra ha sido incertidumbre, caos económico global por el estrangulamiento del mercado de carburantes, y miedo a los misiles en cualquier momento y lugar en todo Oriente Próximo. La persona que desató esta situación, Donald Trump (DT), al ordenar un ataque unilateral contra Irán sin provocación previa, amenaza prácticamente a diario a toda la humanidad con una frivolidad impropia de su responsabilidad, de los miles de vidas que está costando la guerra y de sus repercusiones en todo el planeta. Raro es el día en que Trump no realiza algún anuncio pretendidamente espectacular sobre el conflicto, para comunicar su fin inminente, mediante un golpe militar devastador, o un avance decisivo en las negociaciones. Su exasperante imprevisibilidad y su montaña rusa de comunicaciones contradictorias dañan la credibilidad de EEUU y del propio presidente. El pasado domingo anunció que reanudaría unas supuestas negociaciones de paz, que esperaba que llevaran a un acuerdo rápido, mientras que las autoridades iraníes negaron incluso que hubiera convocatoria alguna de conversaciones. DT está desesperado para salir del embrollo en el que él mismo se ha metido, ante su alarmante pérdida de popularidad -por debajo del 30%- y el peligro de que el Partido Republicano pierda las elecciones parlamentarias de medio mandato, pero el régimen iraní -que ha aguantado bien el aluvión y conseguido mantener cerrado el estrecho de Ormuz- no parece tener ninguna prisa y espera que su enemigo se cueza en su propia salsa.
Memorando de Entendimiento de mínimos entre EEUU e Irán
A diferencia de Benjamin Netanyahu -que tenía bien claro lo que quería y los de medios para conseguirlo-, DT se lanzó a una azarosa aventura a instancias de su protegido sin contar con un plan cuidadosamente elaborado de entrada en un conflicto armado con un correoso enemigo y, sobre todo, de salida del mismo, confiado en la enorme superioridad militar de EEUU, y le ocurrió lo mismo que a su alma gemela, Vladimir Putin, con su agresión a Ucrania. Fue un gravísimo error de cálculo basado en su prepotencia -a pesar de las advertencias de los altos mandos militares-, que le hizo pensar que en un breve espacio de tiempo dominaría al régimen iraní y los ayatolas se rendirían sin condiciones. Resulta paradójico que, con su habitual suficiencia, se burlara de Rusia y la calificará de ” tigre de papel”, porque un Ejército tan poderoso como el ruso no había sido capaz de derrotar a Ucrania en un par de semanas y llevara más de tres años empantanada en una terrible guerra de desgaste, en la que sus tropas se están llevando la peor parte, pese es su aplastante superioridad militar y económica. Me imagino que su admirado colega estará pensando lo mismo del Ejército norteamericano.
Ante el fiasco de la intervención estadounidense-israelita y la inesperada resistencia iraní, como el tiempo corría en contra de los intereses de EEUU, Trump, quiere salir cuanto antes del embrollo en el que imprudentemente se ha metido, tratando de no perder la cara y manteniendo el relato de que ha cubierto sus objetivos, por lo que tiene que “vestir al muñeco”, sobre todo con cara a la opinión pública interna. El conflicto derivó en una cuestión de resistencia. y el único que quiere prisa ponerle fin cuanto ante es DT, porque ni el Gobierno iraní -que cuenta con la baza decisiva del control de Ormuz-, ni el problemático aliado israelita, las autoridades iraníes porque el tiempo corre a su favor y Netanyahu tanto por razones militares y políticas -deseo de expulsar del Líbano a las milicias de Hezbollah-, como personales -elusión de sus juicio por delitos de prevaricación y nepotismo-. Las negociaciones no acababan de materializarse, pese a las múltiples mediaciones por parte de Qatar, Omán y Turquía, -dadas las notables diferencias existentes entre las Partes-, pero, gracias a la mediación de Pakistán, EEUU e Irán intercambiaron sus propuestas y, finalmente, los dos contrincantes firmaron en Islamabad un Memorando de Entendimiento de mínimos, plagado de deficiencias, imprecisiones, contradicciones y concesiones. Israel se negó a firmarlo y mantuvo su libertad de acción para continuar con su ofensiva en el Líbano.
Las críticas al Memorándum surgieron del propio sector MAGA afín a DT. Así, el antiguo vicepresidente, Mike Pence, dijo que tenía un tufillo a la clase de apaciguamiento que la Administración republicana rechazó en el Acuerdo nuclear entre Obama e Irán. Según el senador Bill Cassidy, “Reagan se estará revolviendo en su tumba. Las ambiciones nucleares de Irán no se frenaron y han aprendido que amenazar el estrecho de Ormuz funciona y sin duda lo aprovecharán en el futuro”. Para el senador Lindsey Graham, “la idea de un fondo de reconstrucción de 300.000 millones dado a quien están a cargo de Irán sería como un plan Marshall para Alemania con los nazis aún en el poder. Eso no habría sido una buena idea entonces y cualquier fondo de reconstrucción que beneficie a un régimen terrorista no sería una buena idea ahora”.
Contenido del Memorándum
El MoU firmado contenía los siguientes 14 puntos:
1.-Cese inmediato de las operaciones en todos los frentes, incluido el Líbano. Sin embargo, la negativa de Israel a asumir este compromiso privó desde el primer momento de eficacia al documento y ha dado motivos a Irán para incumplirlo.
2.-Respeto a la soberanía e integridad territorial de Irán y compromiso de no interferir en sus asuntos domésticos. Ahí estaba el origen del conflicto, ya que tanto EEUU como Israel habían incumplido una norma básica del Derecho Internacional, al iniciar sus ataques contra Irán. Era un compromiso difícil de asumir por aquél y que no fue aceptado por éste.
3.-Establecimiento de un plazo de 60 días para lograr un Acuerdo definitivo. Se trataba, por tanto, de un documento que establecía una simple y frágil tregua, y lo que no había podido ser conseguido durante seis meses difícilmente podría serlo en dos.
4.-Levantamiento por parte de EEUU del bloqueo naval establecido sobre Irán y retirada completa de sus fuerzas aeronavales de las proximidades del país, en un plazo de 30 días desde que se alcanzara el Acuerdo definitivo. Como dicho acuerdo no será fácil de obtener, todo el compromiso queda en aguas de borrajas del Golfo.
5.-Adopción por Irán, en un plazo de 60 días, de las medidas necesarias para garantizar el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz -incluido el desminado de sus aguas en un plazo de 30 días-, y vuelta a los niveles previos al inicio de la guerra. Se trataba de unos plazos voluntaristas que -aun en el supuesto de que Irán tuviera la voluntad política de cumplirlos, no estaba técnicamente en sus manos el lograrlo.
6.- Desarrollo por EEUU de un Plan de $300.000 millones, financiado por sus socios del Golfo -a los que no consultó- para la reconstrucción de Irán y su compensación por los daños producidos por el conflicto.. El vicepresidente J.D. Vance declaró que EEUU no aportaría ni un centavo al Fondo. Es muy fácil ser generoso con el dinero ajeno.
7.-Levantamiento por EEUU de las sanciones impuestas a Irán por el Consejo de Seguridad de la ONU. Por muy miembro permanente del Consejo que sea EEUU y por muy importante que sea su posición en el seno del mismo, no está en sus manos revocar unilateralmente una resolución del órgano principal de las Naciones Unidas.
8.-Promesa de Irán de que jamás adquiriría, ni desarrollaría, armas nucleares. El destino de sus reservas de uranio altamente enriquecido se abordaría durante las negociaciones para un Acuerdo definitivo de paz. Parafraseando a Gustavo Adolfo Bécquer, cabría decir que las promesas son aire y van al aire, las lágrimas son agua y van al mar -al Océano Índico, en este caso-.
9.-Mantenimiento del “statu quo” del programa nuclear de Irán, que no se deshará de su equipo nuclear, aunque no lo incrementará. El principal motivo de la agresión de EEUU y de Israel fue impedir que Irán se dotara de armas nucleares, objetivo que ya se había conseguido en buena medida gracias al Acuerdo de 14 de julio de 2015 sobre un Plan de Acción Integral Conjunto, concluido entre Irán y los 5 miembros permanentes del Consejo + Alemania, y que DT tiró por la borda durante su primer mandato. Gracias a su sagacidad diplomática, Trump logró desarbolar un Acuerdo realista que estaba dando sus frutos y sustituirlo por otro no-Plan que asegura justamente lo contrario a lo anteriormente pretendido.
10.-Emisión por parte de EEUU de exenciones que permitan la exportación del petróleo de Irán hasta la revocación de las sanciones a este país. Se hace una concesión adicional de ventajas a la economía iraní sin contrapartidas.
11.-Acceso de Irán a los activos congelados en Occidente desde la entrada en vigor del MoU. EEUU podrá descongelar los activos iraníes que haya impuesto en su territorio, pero no puede comprometerse a que los hagan terceros Estados.
12.-Establecimiento de un mecanismo para la aplicación del Acuerdo definitivo de paz con el fin de garantizar su cumplimiento. Primero habrá que lograr la firma del Acuerdo de paz y luego ya habrá tiempo para impulsar los medios para que se cumpla, ya que no se puede empezar a construir la casa por el tejado.
13.-Adopción de las cláusulas restantes -¿cuáles?- durante las negociaciones.
14.-Aprobación del Acuerdo definitivo mediante una resolución del Consejo de Seguridad. EEUU no es quién para decidir que el Consejo adopte una determinada resolución, pudiendo a lo sumo proponerlo.
Reacciones ante el MoU
Según “La Vanguardia”, DT presentó el Memorándum como una victoria de EEUU, cuando es más bien una capitulación. Para J.L. Martín, qué tiempos aquellos en los que nadie salía derrotado. “O miente uno, o miente otro, o mienten los dos”. Lluis Bassets ha manifestado en ”El País”, que la guerra de Irán no podía terminar peor para quienes la iniciaron. Querían la rendición incondicional de la dictadura teocrática, pero van a conseguir lo contrario, lo más parecido a una rendición, porque el uso de la fuerza militar sin diplomacia conduce a la derrota. El régimen iraní no se ha comprometido absolutamente a nada. Podrá continuar con su programa de misiles y drones, y seguir apoyando a Hizbollah, Hamas, los Hutíes y otras milicias chiitas. Ha conseguido de EEUU el levantamiento de las restricciones comerciales a la exportación de petróleo y la liberación de los haberes congelados y, por si fuera poco, la creación de un fondo de $300.000 millones de dólares para compensarle por los daños sufridos, sin ningún compromiso previo por su parte. Respecto al control de su programa nuclear, no ha conseguido EEUU nada que mejore lo concedido por el Acuerdo de 2015, que garantizaba 15 años de congelación del enriquecimiento de uranio e inspecciones regulares de los técnicos del OIEA. Saboteó de forma irresponsable un excelente Acuerdo y ahora la situación es mucho peor que antes, pues el diferendo nuclear ni se abordó durante las negociaciones y el examen de la cuestión se ha remitido “ad calendas persas”. A juicio de Roger Wieker, el Memorándum se aparta de manera fundamental de la meta perseguida por Trump de neutralizar a Irán como una amenaza a la seguridad internacional.
De los objetivos principales que de forma poco clara explicitó en distintos momentos DT para justificar el ataque de EEUU a Irán no ha conseguido ninguno de ellos y la situación ha empeorado de forma considerable:
- Eliminar el Gobierno de la teocracia chiita y permitir que el pueblo iraní recuperara las libertades democráticas: El régimen ha endurecido su posición y el poder real ha pasado a manos de la Guardia Revolucionaria y de los políticos más radicales. Ha incrementado la represión de forma intensa e incitado al pueblo iraní a cerrar filas en torno al Gobierno frente al ataque del enemigo exterior -el palo y la zanahoria-. Incluso los elementos más comprometidos de la oposición interna han reducido su activismo, sea por patriotismo ante el temor de ser acusados de traidores, sea por miedo a las represalias. La oposición ha desaparecido de las calles.
- Controlar el desarrollo nuclear de Irán: DT se cargó el Plan de Acción Integral Conjunto, por lo que ahora Irán podrá seguir adelante con sus proyectos de enriquecimiento de uranio, sin que exista el menor control por parte del OIEA. Pese a las balandronadas de Trump de que los bombardeos estadounidenses e israelitas habían causado un daño total a las instalaciones y equipos atómicos del país y, aunque los perjuicios hayan sido graves -especialmente por la eliminación física de un buen número de científicos nucleares, que son difíciles de sustituir a corto plazo-, no han sido tan letales como se ha presumido, como han reconocido los propios Servicio de Inteligencia norteamericanos. Las autoridades iraníes consiguieron trasladar a lugares secretos sus “stocks” de uranio enriquecido antes de los ataques a sus principales instalaciones nucleares. La cuestión no ha sido abordada durante las negociaciones que llevaron a la firma del MOU y, libres de control internacional, las autoridades iraníes podrán intensificar el proceso de enriquecimiento de uranio.
- Estabilizar la situación en el Golfo Arábigo/Pérsico mediante el control de la acción desestabilizadora de Irán y de sus protegidos Hizbollah, Hamas, Hutíes y demás milicias chiitas: Además de resistir a ultranza “como gato panza arriba”, Irán ha seguido una doble vía de defensa: servirse de sus “proxies” para dispersar los ataques en distintos puntos de la región y tratar de involucrar en el conflicto al mayor número posible de Estados. En la primera vía, Hamas no está para muchas alegrías y bastante tiene con sobrevivir, y algo similar le ocurre a Hizbollah, envuelta en su lucha contra Israel en el Líbano. DT ha conseguido imponer a Netanyahu el respeto de la tregua en relación con los ataques a Irán, pero éste se ha negado a hacer lo mismo con los ataque en el Líbano, cuyo cese exige el Gobierno iraní como condición para seguir con las negociaciones para alcanzar el Acuerdo de paz definitivo. De ahí, que los Hutíes hayan tomado la iniciativa en el estrecho de Bab-el-Mandeb y traten de bloquear el acceso al mar Rojo, especialmente de los buques sauditas. En la segunda vía, Irán ha seguido la táctica de la ETA de “socialización del sufrimiento” y atacado a todos los Estados de la región, incluidos algunos -como Qatar y Omán- que han actuado como mediadores en el conflicto. Empezó por atacar las bases militares estadounidenses en estos países y ha acabado por bombardear con misiles y drones instalaciones energéticas e infraestructuras industriales de estos países . DT no solo no ha reforzado la estabilidad del Golfo, sino que ha conseguido justamente lo contrario: extender la inestabilidad en el Próximo Oriente y en sus aledaños, de Chipre a Uzbekistán.
- Garantizar la libertad de tránsito marítimo por los estrechos utilizados para la navegación internacional, en general, y por el estrecho de Ormuz, en particular: Aquí es donde más se ha lucido Trump, que ha ofrecido a Irán una baza fundamental, un auténtico chollo: permitirle controlar el estrecho, reclamar su soberanía sobre el mismo, abrirlo y cerrarlo a su antojo, decidir qué buques pueden atravesarlo y cuáles no, y encima cobrar peajes por el tránsito a través del mismo, lo que viola la Convención de la ONU sobre Derecho del Mar -de la que Irán es Estado signatario-, por lo que está obligado a actuar de buena fe y a no frustrar el fin y el objeto del tratado. Está asimismo obligado a respetar el derecho de paso inocente por los estrechos internacionales, que es una norma consuetudinaria de obligado cumplimiento. En ningún caso tiene derecho a exigir el pago de peajes a los buques en tránsito por su mero paso.
El estrecho de Ormuz, factor clave en el conflicto de Irán
DT ha pretendido solucionar los problemas de seguridad que planteaba Irán y, no solo no los ha resuelto, sino que ha creado otro más grave que no existía antes : el cierre del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo internacional, ya que, con anterioridad a la agresión de EEUU e Israel a Irán, el estrecho de Ormuz estaba abierto al libre paso de buques sin ningún obstáculo, de conformidad con las normas del Derecho del Mar. Como ha observado Ana Palacio en su artículo “Anatomía de un alto el fuego”, publicado en “El Mundo”, “si cerrar Ormuz termina brindando al gobierno –iraní- una posición privilegiada para arbitrar su funcionamiento, no estamos ante un regreso a la situación anterior, sino ante un torpedo en la línea de flotación de la base del intercambio planetario”. En efecto, el injustificado ataque estadounidense-israelita ha otorgado a Irán una inesperada y fundamental baza, al ofrecerle una excusa para controlar el estrecho con un mínimo coste, cuando estaba con el agua al cuello. Las graves consecuencias económicas y financieras provocadas por el bloqueo iraní de una vía por la que circulaba sin problema el 20% del suministro mundial del gas y del petróleo procedente del Golfo, ha afectado adversamente a todos los países del mundo, agresores incluidos. Encima, los ataques de los hutíes yemenitas en el estrecho de Bab-el-Mandeb han agravado la situación, al dificultar el tráfico por el mar Rojo.
En el desastroso MoU firmado entre EEUU e Irán, aquél se ha comprometido a levantar su bloqueo de Ormuz y a retirar sus fuerzas aeronavales de las proximidades del país en un plazo de 30 días desde que se alcance el Acuerdo definitivo, mientras que éste se ha comprometido a adoptar las medidas necesarias para garantizar el tráfico marítimo por el estrecho -que controla por completo- en un plazo de 60 días. Sin embargo, Irán se niega a hacerlo hasta que EEUU cumpla con todos los compromisos asumidos en el Memorándum, entre los que figura el cese inmediato de las hostilidades en el Líbano, a lo que Israel se niega tajantemente y continúa sus ataques a Hizbollah y la ocupación de buena parte del territorio libanés. Lejos de cumplir su promesa de facilitar la libertad de paso por el estrecho de Ormuz, el Gobierno iraní ha endurecido sus exigencias y reclamado a EEUU, como condición previa para llevarla a cabo, el levantamiento del bloqueo naval y la retirada de las fuerzas estadounidenses, la eliminación de las sanciones impuestas a Irán, el pago de reparaciones por los daños causados por la guerra, la liberación de los haberes iraníes incautados y -sobre todo- el fin de los ataques a los aliados de Irán.
La situación de punto muerto favorece a Irán, que controla el estrecho de Ormuz con medios convencionales y perjudica a EEUU y a su presidente, que está desesperado por poner término al conflicto, a medida que se aproximan la elecciones parlamentarias estadounidenses del mes de noviembre, en las que el Partido Republicano corre el riesgo de perderlas tanto en el Congreso como en el Senado. Consciente de que el transcurso del tiempo le favorece y del trascendental valor del control de Ormuz, el Gobierno iraní está dispuesto a consolidarlo mediante un acuerdo con el vecino Omán para regular el tráfico por el estrecho. Los buques entrarían en el Golfo por la parte iraní y saldrían, por la costa omaní, aunque el control sobre el estrecho lo ejercería fundamentalmente Irán. Los dos Estados se repartirían la percepción de los peajes, a los que creen tener derecho por sus contribuciones a la seguridad de la navegación por el estrecho y a la protección ambiental del mismo, en contra de las normas del Derecho del Mar sobre el libre paso por los estrechos internacionales.
Según “The Washington Post”, DT planteó a sus principales asesores la posibilidad de proclamar la victoria y poner fin al conflicto, pese a que no haya logrado ninguno de los objetivos perseguidos con la agresión, y se mostró dispuesto a respetar un alto el fuego indefinido, bajo la amenaza de reanudar la ofensiva contra Teherán si no aceptara. Así, ha alternado sus bravuconerías de que ha ganado la guerra con sus reiteradas afirmaciones de que la paz está al caer. “EEUU está armado y listo para actuar contra la República Islámica de Irán con niveles de poder, fuerza y capacidad militar de terror no vistos desde la II Guerra Mundial. A pesar de ello, Irán y otros países de Oriente Próximo nos han pedido que pospongamos cualquier ataque, dado que hemos alcanzado los términos generales de un acuerdo”. Trump ha insistido en que la condición ”sine qua non” para un pacto era la apertura total e inmediata del estrecho de Ormuz, “que será abierto muy pronto”, pues, de no ser así, “Irán será golpeado con mucha fuerza y entonces el estrecho estará abierto”. El problema radica en que DT carece de la más mínima credibilidad y el Gobierno iraní ya no le hace demasiado caso al Sr. Presidente, para este viaje no se necesitan alforjas.





