El espía que no puede jubilarse por miedo a “morirse”. Gustavo Machín, embajador de Cuba en España, fue expulsado de EE.UU. tras uno de los casos más graves de espionaje en la historia del Departamento de Defensa

El encargado de llevar a cabo las investigaciones y los arrestos del general Ochoa y de los altos mandos del Grupo Moneda Convertible (MC) en Cuba para su procesamiento en junio de 1989 y que un mes más tarde les condujo al paredón de fusilamiento había sido nada menos que… el general del Ejército Abelardo Colomé Ibarra, el “Furry”, padrino y padre putativo desde la preadolescencia de Gustavo Machín Gómez, alias “Tavito”, actual embajador plenipotenciario de la República de Cuba ante el Reino de España, quien a su vez, como miembro de aquel grupo de operaciones especiales, habría proporcionado todos los detalles escabrosos necesarios para acusar a Ochoa y a toda su gente implicada en el operativo del narco.

Tan alto servicio prestado a los intereses del régimen castrista arrojaría pronto su recompensa, pues de aquellas sentencias ejecutadas el 13 de julio de 1989 (apenas 31 días después del arresto y aislamiento de los acusados, que no vieron a sus abogados asignados de oficio hasta el día antes del juicio), derivó la apertura inmediata de un segundo juicio, en el mes agosto del mismo año, por la llamada Causa número 2, que prolongaba la depuración de responsabilidades en la cadena de mando y esta vez el principal encausado sería el todopoderoso ministro de Interior José Abrahantes, otro antiguo guerrillero en el frente del Escambray contra Batista y junto al Ché, quien fue condenado a 20 años de prisión por los mismos hechos, acusado de negligencia en el servicio, abuso en el cargo, uso indebido de recursos financieros y por ocultar información importante al gobierno de Cuba.

Antes de cumplir su primer año y medio de condena, Abrahantes falleció en prisión de un sospechoso infarto, a los 59 años. Resultó casi como una ejecución en diferido y se cuenta que falleció en la ambulancia que le trasladaba de la prisión al hospital…, “pero en dirección opuesta a la del hospital”.

Para sustituirle al frente del Minint, el elegido iba a ser el general de Cuerpo de Ejército… Abelardo Colomé Ibarra “el Furry”, el p.p. del actual embajador cubano en España, lo que por entonces situaba a nuestro huerfanito futuro embajador en la inmejorable rampa de lanzamiento para los más altos logros y objetivos.

Pero aún tardaría mucho en llegar como embajador plenipotenciario a Madrid, no antes de que en el gobierno de España se hubiese instalado un tal Pedro Sánchez mediante una moción de censura en la que concursaron todas las fuerzas radicales de izquierdas y los salvíficos patrocinados por el régimen bolivariano de Venezuela, quienes a su vez estaban asesorados por los operativos de espionaje y contrainteligencia de Cuba a los que pertenecía y pertenece Gustavo Machín Gómez, el hijo del guerrillero lamebotas del Ché, que presume de que no fuma, no bebe ron, ni sabe bailar salsa.

No por casualidad, el contubernio y la endogamia de la Revolución cubana se refleja también, como un espejo, en el modo de actuación del régimen chavista al igual que en Podemos, siempre con complejas tramas familiares y emparentados entre sí a la manera de castas que se suceden una a otras y que se enfrentan o se protegen entre ellas.

 

Gustavo Machín Gómez con sus padres y su hermano Julio.

 

Curiosamente, una hija del ejecutado Tony de La Guardia, de nombre Ileana, exiliada primero en Moscú y ahora en París, está casada con un hijo del periodista Jorge Masetti, del mismo nombre, cuyo padre, conocido como “Comandante segundo”, fue el fundador de la agencia “Prensa Latina” y era considerado mano derecha del Ché Guevara.

Masetti, el padre, fue el primer contacto que Colomé Ibarra, el patrocinador de “Tavito”, obtuvo en la Argentina en los primeros años de la Revolución con fines de expandir la tarea revolucionaria al resto del continente, llegando incluso a comprar una finquita en Bolivia, que apenas unos años más tarde serviría de punto logístico de referencia del Ché junto al papá de nuestro “Tavito”, cuando ambos se marcharon allá a Bolivia para ‘jugar’ a las guerrillas en aras de un nuevo Vietnam.

Apenas el “Furry” tomó posesión como nuevo ministro del MININT, el curriculum de Gustavo Machín Gómez registra un cambio radical. Hasta entonces, en el período entre 1985 y 1989, figura de manera oficial como “Representante de empresas cubanas”, eufemismo empleado para ocultar su pertenencia al grupo MC, que, entre otras tareas ilegales, se dedicó en ese período al tráfico masivo de cocaína procedente del cartel de Pablo Escobar, empleando para ello los recursos e infraestructuras del régimen castrista.

Esto no es una acusación por parte de ningún particular, sino lo que estableció el propio Tribunal Militar que juzgó a los dirigentes de aquel entramado y que llevó al patíbulo a cuatro insignes revolucionarios y a cumplir penas de hasta 20 años a otro buen número de ellos, entre los cuales se encontraba Patricio, hermano mellizo del ejecutado Tony de La Guardia.

Aquel mismo año de las ejecuciones sumarísimas en los juicios capitales más rápidos que se recuerdan al menos desde los machetazos de Ruanda, en el CV de “Tavito” figura que pasó a ejercer como Tercer Secretario del MINREX, director para América Latina (División de Inteligencia), mientras se calmaban las aguas y se reestructuraba el organigrama, donde permaneció hasta 1993, año en que empezó a fungir como segundo secretario en la Embajada de Perú. A su regreso, en 1995, volvió al MINREX, ahora como director para América del Norte (DI), y dos años más tarde, en 1997, fue nombrado primer secretario de la Sección de Intereses de Cuba en Washington DC.

Cabe recordar que desde 1975 y hasta 1997, todas las operaciones en el exterior, especialmente las de asesoramiento político e infiltración militar, eran supervisadas por el Departamento Las Américas del Comité Central del Partido Comunista Cubano, al frente del cual se mantuvo siempre el temible Manuel Piñeiro, apodado “Barbarroja”. Abandonó el cargo en 1997 y, una vez más, por difícil que resulte creerlo, no había transcurrido un año de su retiro, dedicado a escribir y corregir libros sobre la Revolución cubana, entre ellos unas memorias personales que nunca aparecieron, cuando a los viejos altos cargos del régimen castrista les sobreviene la muerte repentina, en este caso tras un infarto cuando conducía un vehículo que fue a chocar contra un árbol.

Parece que a los altos mandos en Cuba la jubilación les sienta fatal y quizá por ello tratan de mantenerse en sus cargos más allá del límite razonable, no sea que a alguien le dé por pensar que la pérdida de privilegios les puede avivar el ansia de hacer repaso de todo lo vivido y actuado.

También contra un árbol, esta vez en el barrio de Miramar, se estamparon y fallecieron en el año 2009 Abel Hart, hijo de Armando Hart, y Celia Santamaría, hija de la legendaria asaltante al cuartel Moncada y luchadora de la Sierra Maestra y fundadora de la Casa de las Américas, Haydée Santamaría. La hija de Haydée, conocida izquierdista y defensora del comandante Castro, parecía dispuesta a declarar que su madre no se suicidó en 1980, como recoge la versión oficial que dictó en su día el propio Fidel Castro en un discurso de homenaje, sino que habría sido asesinada.

Sea como fuere, meses antes del relevo de Bill Clinton en la presidencia por George Bush, Gustavo Machín es identificado en abril del año 2000 como uno de los autores de una golpiza con manifestantes en Washington frente a la sede diplomática de Cuba en protesta por los sucesos del niño Elián González. En julio de ese mismo año, el hermano de “Tavito”, Julio Machín, también dedicado a tareas de contrainteligencia bajo el patronazgo personal de Colomé Ibarra, es encontrado muerto en un apartamento de la Ciudad de México, sin que hasta la fecha se hayan esclarecido nunca las causas y las circunstancias de su defunción.

 

 

Dos años más tarde, en 2002, tras los atentados contra las Torres Gemelas, Gustavo Machín, el futuro embajador en España, es expulsado de EE.UU. y catalogado como “persona non grata”, acusado de espionaje en el caso de la espía Ana Belén Montes, una de las infiltraciones más graves que recuerda la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) de EE.UU..

Ana Belén Montes, nacida en Alemania, hija de una militar de origen portorriqueño destinado un tiempo en Europa, fue arrestada apenas diez días después de los atentados contra las Torres Gemelas, acusada de “conspiración para cometer espionaje”. Era analista senior de la Agencia de Inteligencia de la Defensa desde 1985 y ya por aquel entonces, en plena etapa de las evoluciones del Grupo MC en Centroamérica, había empezado a trabajar como espía para el régimen cubano.

 

 

Un mes después de ser arrestada, ante la inminente invasión de Afganistán, sobre la cual había estado informando al Servicio de Inteligencia cubano, la espía se declaró culpable de todos los cargos y al año siguiente, aunque pudo ser sentenciada a la pena de muerte, fue condenada a 25 años de cárcel y otros cinco de libertad vigilada, condena que aún está cumpliendo en un Centro penitenciario de Salud Mental de Fort Worth (Texas), que no abandonará al menos hasta julio de 2023.

No es del todo imposible que “Tavito” Machín conociera o hubiera contactado con Ana Belén Montes desde mediados de los años 80, pues la espía había visitado en 1987 un campamento secreto de las fuerzas especiales estadounidenses en El Salvador del que informó a los servicios de inteligencia de Castro y que unas semanas después sufrió un ataque de la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), organización marxista aliada del régimen cubano, donde resultó muerto un sargento boina verde, Gregory A. Fronius, de cuya muerte fue acusada de ser directamente responsable Ana Belén Montes.

Aunque había visitado Cuba dentro de un programa especial de la DIA en 1992, está constatado que Ana Belén Montes fue captada muchos años antes, tan pronto como 1985, apenas estrenarse en la DIA, y que mantenía comunicaciones escritas codificadas y recibía instrucciones cifradas en onda corta desde Cuba. Sus controladores empleaban mensajes numéricos y ella utilizaba a menudo teléfonos públicos de los estados limítrofes al de Columbia. Los fiscales revelaron durante el juicio que todos sus mensajes escritos eran en papel soluble para destruirlos con facilidad.

Durante el juicio se estimó que los benévolos informes sobre Cuba elaborados por la espía Ana Belén Montes en todos sus años en la DIA resultaron decisivos para la tibia posición de la Administración Clinton respecto de la amenaza real que suponía el régimen de Castro y sus intentonas de apoyo al chavismo en Venezuela.

No cabe duda que había motivos de sobra para expulsar al futuro embajador de Cuba en España del territorio norteamericano…, aunque mejor no jubilarse.

-Continuará-




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *