Vale quien sirve

Este lema, desconocido  para muchos, pero que todos podemos  entender, lo era de la Organización Juvenil Española (OJE), y a él se contestaba con otro: “servir es un honor”.
Habría que explicar que la OJE (todo hoy, a pesar de la cercanía temporal, tan lejano), es un movimiento de voluntariado que tuvo su origen en 1960 como una dependencia de la Delegación Nacional del Frente de Juventudes, dependiente a su vez de la Secretaría General del Movimiento. Un antecedente del Frente de Juventudes y de la OJE fue el Servicio Nacional de Educación Física, Ciudadana y Premilitar creado en enero de 1929 por la Dictadura de Miguel Primo de Rivera.
Qué escasa hoy la vocación de servicio. Qué extendida la afición, por muchos hecha profesión, de servirse. No otra cosa vemos en la inmensa mayoría de políticos  que desdichadamente nos gobiernan desde Parlamentos, Diputaciones, Ayuntamientos… No negaré que algunos comiencen su andadura política con deseos de hacer algo de provecho para los ciudadanos, para la sociedad a la que deben servir y vírgenes de ambición. Pero basta acceder a parcelas de cierto poder, por pequeñas que estas sean, para que esa virginidad se pierda y la dubitativa vocación de servicio sea sustituida por una insaciable afición a servirse del cargo para el propio provecho.
No fue así en otros tiempos. En otros tiempos y en otras formas de concebir la tarea política.
Hoy quiero traer aquí unos ejemplos que pienso fueron vidas de servicio. Onésimo Redondo nació en 1905 en un pequeño pueblo vallisoletano y estudió Derecho en Salamanca. Preparó las oposiciones a la abogacía del Estado pero fue suspendido en el último ejercicio. Tras una estancia en Alemania como lector de español en la Universidad de Mannheim, regresó a España y proveniente como era de familia ligada al campo, fundó y lideró el Sindicato Remolachero de Castilla la Vieja para ayudar a los agricultores explotados por los fabricantes de azúcar. Hombre muy católico, cuando se desvinculó de Acción Católica fundó las “Juntas Castellanas de Actuación Hispánica” que luego se fusionaría con el grupo de Ramiro Ledesma Ramos dando lugar a las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JON’S). Tras diversas peripecias (exilio en Portugal por sus simpatías con la fallida sublevación de Sanjurjo en el 32, regresó a España en el 33, detención en marzo del 36 en Valladolid, traslado a la cárcel de Ávila de la que fue liberado al iniciarse la sublevación, combates en el Alto del León en Madrid a la cabeza de un grupo falangista… El 24 de Julio del 36, solo unos pocos días después del alzamiento, en el pueblo segoviano de Labajos, fue asesinado según parece por un grupo de milicianos anarquistas que confundió con falangistas. Según cuenta la que fue su esposa, los milicianos gritaban “¡al de los cordones! ¡al de los cordones!”, identificándolo  por sus zapatos y, cuando fue abatido, desde el suelo el decía a sus ejecutores: “Estáis confundidos, yo no vengo en contra vuestra, yo vengo a liberaros de muchas cosas que no son justas. Jamás mataría a un hombre con alpargatas… “. Tenía sólo treinta y un años.
 
Mercedes Sanz-Bachiller fue la esposa de Onésimo. Provenía de una familia liberal, sus padres separados, cosa rara en aquellos años. Huérfana de padre y madre desde los catorce, se casó cuando sólo contaba diecinueve, y a los veinticinco ya había sufrido un aborto, tenía tres hijos y esperaba un cuarto que perdió al saber de la ejecución de su marido. Según sus propias palabras: “tuve cinco embarazos en cinco años y medio y, además, otra vez estaba sola. O sea, que la guerra, para mí tuvo siete días de felicidad. ¡Qué poco me duró!”. 
En octubre del 36 fundó el “Auxilio de Invierno”, que después se llamó Auxilio Social, creado para ayudar a los niños y mujeres de ambos bandos víctimas de la guerra civil, y que ya en el primer mes de existencia había inaugurado ocho comedores en Valladolid para huérfanos de la guerra. Para ella “entre los niños no había rojos, ni blancos, ni azules, ni morados. Para mí el niño es el niño, sea de la clase que sea, y lo mismo me da que proceda de familia anarquista, que su padre esté en la cárcel o haya muerto en el frente”. Ideó, junto a, su colaborador en el Auxilio, Javier Martínez de Bedoya, el método de recaudación de las huchas, que este había visto en Alemania. Huchas que ponían en letras grandes “Auxilio Social”, y a través de las cuales y luego con lo que llamaron “ficha azul” (una suscripción que pasaba el banco) se recaudó mucho dinero con el que ayudar a huérfanos y mujeres solas a causa de la fratricida contienda.
Junto con otra gran mujer, Carmen de Icaza, montó una eficaz estructura de ayuda exterior. Todo encaminado a conseguir más fondos para su labor de ayuda humanitaria. Se encontró con la oposición de Pilar Primo de Rivera. Primero, por los deseos de ésta de monopolizar todo lo relacionado con la mujer que dependiera de Falange y después por la idea de Mercedes de crear una maternidad para atender a las mujeres solteras que habían quedado embarazadas de soldados. Pilar no lo entendía, no entendía que se acogiera a mujeres que no acogían ni conventos ni instituciones religiosas, madres solteras tan mal vistas en aquella época. Junto a la oposición de la hermana de José Antonio, estaba la de esas mismas instituciones católicas. Mercedes luchó por su idea denodadamente y finalmente triunfó en su empeño.

Finalizada la guerra en el 39, se casó con su colaborador Javier, un escándalo para la época por ser viuda de guerra, una modernidad más de Mercedes. Javier idolatraba a Onésimo. Cuando sus padres le pusieron alguna pega a su boda con Mercedes por tener ésta tres hijos a su cargo, el les respondió: “Eso es precisamente lo que me lleva al matrimonio. Quiero ser el padre de los hijos de Onésimo. La persona que más he querido en este mundo y que más admiro”. Onésimo Redondo, que en su corto paso por la vida dejó tres hijos, ayudó de forma desinteresada a muchos y finalmente dio su vida con generosidad y en plena juventud por unos ideales que los mismos que lo asesinaron no llegaron nunca a comprender. Mercedes Sanz-Bachiller, su esposa y la madre de sus tres hijos, que, como también Mercedes Fórmica, fueron ejemplo de feminismo avant la lettre y contracorriente en un mundo, cómo negarlo, predominantemente de hombres, y de afán de servicio a los demás incluso, como en el caso de Bachiller, cuando hubo de pugnar para ello con oponentes de tanto peso como la propia hermana del fundador del partido en que militaba. Javier, el segundo marido de Mercedes, colaborador máximo en la obra del Auxilio y un padre amantísimo para los tres hijos de Onésimo y para la hija que tuvo con ella.

Eran otros tiempos… a todos ello les sería aplicable el lema del principio de este relato: “VALE QUIEN SIRVE”




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *